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UN MATRIMONIO EN QUE LOS NOVIOS NO SE QUERÍAN

UN MATRIMONIO EN QUE LOS NOVIOS NO SE QUERÍAN

El divorcio Cansados de reconciliarse en privado, la pareja decidió pelear en público. Samper no lo hizo directamente sino que mandó a Serpa quien, el día en que los Estados Unidos le quitó la visa a su jefe, dijo que De la Calle no era ni chicha ni limoná.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Lo decía porque De la Calle había guardado silencio cuando absolvieron a Samper, mientras daba explicaciones de porqué ahora lo desvisaban.

Ya no había nada más que hacer. Todo era cuestión de trámite. De la Calle empacó maletas, renunció a la embajada, mandó a decir que el gobierno era un clientelista y lentejista, pidió una licencia mientras sus abogados arreglan el divorcio y dijo que de la casa se van los dos.

Como en cualquier matrimonio en crisis, los huéspedes de Palacio se sacaron los cueros al sol. Samper le respondió que si alguien tiene que irse, es él.

Serpa, a estas alturas la voz mayor del inquilino de Palacio, hizo lo propio con rancheras: Aquí el que manda soy yo y si no te gusta, pues vete . Definitivamente, había un tercero en toda esta relación.

Atrás quedaron los coqueteos de noviazgo, las serpentinas, las fotos en sociedad. Hoy el matrimonio indisoluble que alguna vez defendió Samper, se ha roto. Es un hecho: fue un matrimonio por conveniencia. Ninguno de los dos se ha querido ni antes ni durante el matrimonio. Habrá que esperar si queda algo de hogar después de la separación de bienes.

Textos: Ernesto Cortés Diferencias desde el noviazgo La tormentosa relación que hoy enfrentan el presidente Ernesto Samper y su vicepresidente Humberto de la Calle tras dos años de matrimonio indisoluble , era previsible.

Desde los tiempos de la consulta liberal, el noviazgo dejó ver marcadas diferencias. De la Calle no desaprovechaba discurso para referirse a Samper como un lobo populista , mientras éste optaba por dejarlo plantado cada vez que podía. Así ocurrió en una oportunidad en que De la Calle quiso hacer un debate público. Alquiló un centro de convenciones, montó atriles y convocó a la prensa. El objetivo: que la gente viera el atril vacío que le correspondía a Samper.

Pero los papeles se invirtieron y, tras la consulta, los coqueteos fueron de Samper hacia su futura pareja. Hubo guiños, flores y emisarios que llevaban palabras dulces al oído del esquivo ex ministro.

De la Calle no solo dio el sí, sino que se tomó el trabajo de explicarlo: si el destino lo quiere me inhabilitaré como funcionario, pero jamás como liberal o como colombiano .

En medio de globos rojos, serpentinas y papel picado, la pareja llegó a Palacio. No habían terminado de cerrar las puertas cuando estalló el escándalo de los narcocasetes. De la Calle sintió que desde el noviazgo lo estaban traicionando, pero prefirió quedarse en casa.

Los meses pasaron y la situación en Palacio se fue haciendo cada vez más tensa. El tesorero de la boda dijo todo lo que sabía sobre la manera como se financió. Uno de los padrinos, Fernando Botero, dijo también que el jefe del hogar tenía una conducta sospechosa.

La pareja, por entonces, ya se había distanciado. De la Calle estaba en España y seguía el curso de los hechos con asombro, pero todavía no tomaba la decisión final. Sus familiares y amigos le aconsejaban que ya la crisis había tocado fondo. Fue por esta época en que Samper habló del matrimonio indisoluble .

La Cámara adelantó el juicio del cual salió absuelto. Y aquí surgió otro roce entre los dos. De la Calle dijo: La sola absolución del presidente Samper por parte de la Cámara no resuelve la crisis política y económica del país .

A Samper no le gustó el comentario. Pero al que menos le gustó fue a Horacio Serpa, hombre de espeso bigote y hablar quebrado que se convirtió en el protector de Samper y en su pararrayos . Un tercero en la relación? Camas separadas De los tiempos del triunfo y las mieles del poder, se pasó a los días de la confrontación directa.

Se habló, por ejemplo, de que el embajador en España había enviado una carta pidiéndole a Samper que mantuviera a Alfonso Valdivieso en su cargo de Fiscal General. El gesto no gustó a los amigos de Samper que se apresuraron a contestar que ya el Presidente había dicho que Alfonso se quedaba .

Con media sociedad pidiendo la renuncia del Presidente y la otra media respaldándolo, las cosas para De la Calle se fueron complicando. Hasta España le llegaron rumores de la mucha influencia que ejercía Horacio Serpa sobre Samper y del papel secundario en que estaba quedando el segundo de Palacio.

El Vicepresidente no resistió más y decidió viajar a Colombia. La misma noche de su arribo a la capital, el Vice fue a Palacio y, oh sorpresa: Samper lo estaba esperando con Serpa. Afortunadamente De la Calle no iba solo. Asistió con Arturo Sarabia, un barranquillero impecable, de finos modales y enemigo a más no poder del inquilino de Palacio.

Los cuatro dialogaron animadamente. Las cosas no estaban tan mal, según dijo Serpa después. Hubo vino y mucho humor. Tal parecía que cuando se miraban de frente se disipaban las dudas mutuas.

Pero al día siguiente, De la Calle hizo algo que para Samper y Serpa resultó imperdonable: El Vice se sentó a manteles con los principales críticos de Palacio, incluyendo a un patriarca antioqueño, de armas tomar y empresario, para más fortuna. Su nombre, Hernán Echavarría. Fue una bofetada para Samper, pero sobre todo para Serpa que días atrás había calificado a aquel hombre como un viejo ga-ga que pretendía sacar al jefe del Estado a sombrerazos .

De la Calle regresó a España.

No habían pasado quince días desde ese último encuentro entre Samper, De la Calle, Serpa y Sarabia cuando vino la peor catástrofe que en materia política recuerde el país: el gobierno de los Estados Unidos ordenó cancelar la visa de ingreso de Samper a ese país.

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