MATRIMONIOS POR CONVENIENCIA

MATRIMONIOS POR CONVENIENCIA

En 1980, Oscar Rojano le pidió a Isabel Granados, una misionera estadounidense que vivía en Armenia (Quindío), que se casaran para tener derecho a vivir en E.U. Era desempleado desde hacía más de un año y su situación era insoportable. Ella aceptó de inmediato solo para ayudarle.

10 de junio 2001 , 12:00 a. m.

En 1980, Oscar Rojano le pidió a Isabel Granados, una misionera estadounidense que vivía en Armenia (Quindío), que se casaran para tener derecho a vivir en E.U. Era desempleado desde hacía más de un año y su situación era insoportable. Ella aceptó de inmediato solo para ayudarle.

La pareja se radicó en San Francisco hasta que se divorciaron, dos años después. En 1987, se convirtió en ciudadano estadounidense y pidió formalmente la residencia para el resto de su familia: nueve hermanos (cinco mujeres y cuatro hombres) que, a su vez, llevaron a sus parejas e hijos.

Hoy, 33 miembros de la familia Rojano viven en E.U. La mayoría ocupa puestos en el Gobierno y los más jóvenes tuvieron la oportunidad de estudiar en buenas universidades.

Como este caso, los matrimonios por conveniencia con extranjeros se han convertido en la varita mágica que buscan los colombianos para solucionar sus problemas migratorios en otros países. Otra nacionalidad les brinda la oportunidad de estudiar y desarrollarse profesionalmente.

Sin embargo, no todas las personas que se casan con desconocidos corren con buena suerte.

Luego de un matrimonio, por el cual pagué 2.000 dólares, mi esposo me obligó a hacer vida marital con él, bajo la amenaza de denunciarme a las autoridades. Llegó al extremo de ofrecerme a sus amigos y tuve que dormir con ellos. Ahora vivo en Colombia. No regreso a Estados Unidos nunca , recuerda Mary Barros*, que ahora vive Barranquilla.

Estas experiencias son parte de un sondeo que eltiempo.com (www.eltiempo.com), sitio en Internet de EL TIEMPO, hizo entre sus lectores, a quienes les preguntó si se casarían o se han casado para permanecer en otro país. En solo dos días, se recibieron, vía correo electrónico, más de 80 historias y comentarios sobre este tema.

Por obvias razones, todos solicitaron que sus nombres fueran modificados para evitar problemas con las respectivas oficinas de inmigración. He aquí sus historias:.

Buscando oportunidades.

No quería seguir viviendo en Colombia por la situación del país. Me salió esta oportunidad que prácticamente yo propuse. Sé que esto me dará oportunidades . Mariana Rueda*, Cincinnati (E.U.).

Me casé con una boricua. Fue difícil convencer a mi esposa colombiana y en especial a mis hijos. Mentir es malo, pero tocaba. Hoy soy residente y mis hijos tienen todos los derechos de cualquier ciudadano estadounidense . Hernán Pérez*, Boston (E.U.).

Me casé hace dos semanas porque no quiero regresar a Colombia. Tras dos años de salir con mi esposo, jamás hubiera pensado en casarme si no es porque en dos meses pierdo mi visa de trabajo y no quiero quedarme ilegal . Luz Dary Peláez*, Washington (E.U.).

Soy de Pereira y me fui a vivir a Washington por dos meses. Allí conocí una mujer con la que me casé por 400 dólares. Ahora vivo feliz y completamente tranquilo . Albeiro Mejía*, Washington (E.U.).

Después de muchos meses de pasar y pasar hojas de vida en Colombia, decidí regresar a Brasil, país donde realicé una maestría en planificación de transporte urbano. Para garantizar mi permanencia me casé con una pernambucana. No me arrepiento, pero me da tristeza no poder realizarme profesionalmente en Colombia . Fernando Ruiz*, Recife (Brasil).

En Londres conocí a un danés que ahora es mi esposo. Cuando se acercaba la fecha en la cual se vencía mi visa comenzamos a hablar de matrimonio, básicamente por los problemas del país y el desempleo. Ahora tengo una residencia que me ayuda a tener más oportunidades . Liliana Gómez*, Brighton (Inglaterra).

Entre los comentarios que recibió eltiempo.com no faltó la gente que lo hizo o estaría dispuesta a hacerlo por razones mucho más personales, que incluso rozan con el límite de la ficción.

Cariño por interés.

Me casé con una mujer por la residencia y su dinero: tenía 3 apartamentos en la ciudad y dos fincas con ganado. Ella solo me pidió a cambio caricias y amor, que a la postre le di solo por interés. Ella murió hace un año y me dejó sus propiedades acá en Brisbane (Australia) . Gabriel Méndez*, East Brisbane (Australia).

Desde España, Marcela Rico* contó: Después de trabajar en Madrid como prostituta por un año, conocí a un australiano. Nos casamos hace tres meses .

Sin embargo, muchos de los mensajes recibidos muestran que estos matrimonios en blanco -como se les conoce- se han convertido, sin embargo, en otra forma de robo y estafa.

Mi abogado me recomendó casarme con un completo desconocido. Su nombre, Anatanael González, es lo único que se de él. No pasé la entrevista de las autoridades de migración por dos preguntas: de dónde es su esposo? y dónde se casaron? No le recomiendo esto ni a mi peor enemigo , dice Julia Orozco*, desde Ciudad de Panamá.

Manuel Miranda* escribió desde Orlando, E.U.: Hace cuatro años una oficina de abogados me recomendó casarme con una ciudadana para dejar de ser ilegal: así llegó Dolores a mi vida, una cubana de 115 kilos de peso y 4 hijos de diferente padre. Esta mujer aún es mi esposa pues, al querer separarme, me exigió el 50 por ciento de todo lo que he conseguido en 8 años de trabajo .

Hace unos años conocí a un extranjero, por medio de una agencia matrimonial -cuenta Cecilia Ramírez, de Virginia (E.U.)-, con quien me comprometí, y me pidió la visa de fiance (prometida). Cuando llegué a su casa, su familia me dijo que tenía que vender todo y llevar el dinero. Como les dije que no estaba de acuerdo con eso, cancelaron la boda y me denunciaron en inmigración .

Pero el riesgo de resultar estafado mediante un matrimonio por conveniencia también lo corren aquellas personas que deciden ayudarle a otra persona a definir su situación legal. Así lo recuerda José Luis Páez*, desde Nueva York (E.U.).

Accedí a casarme con una joven colombiana para ayudarla a volverse ciudadana, pero después del matrimonio decidimos vivir separados. Al poco tiempo, ella me llamó a decirme que estaba embarazada y a pedirme ayuda. Le dije que esa no era mi responsabilidad.

A los pocos meses recibí una carta del hospital de Helmurst, en esta ciudad, donde me cobraban 12.000 dólares por el parto y otras complicaciones: ella había dado mi nombre y dirección, como su esposo legal. Después de contar mi historia en la clínica, me dijeron que sólo les interesaba que pagara la cuenta. En la actualidad estoy en un programa especial para pagar la deuda en dos años. Y para poderme divorciar, tuve que pagar los abogados, los costos de la corte y darle 500 dólares a la mujer, pues se negó a firmar los papeles del divorcio gratis .

Oleada de bodas en E.U.

El matrimonio tuvo su auge entre la comunidad inmigrante de Estados Unidos hace pocas semanas, cuando fue incorporado en la llamada Ley de Inmigración Legal y Equidad Familiar y se convirtió en una buena forma para solucionar situaciones migratorias.

Según Karl Parker, un empleado de la oficina de licencias de Nueva York, la petición de licencias de matrimonio aumentó 600 por ciento. Antes teníamos 60 matrimonios en un día, ahora tenemos hasta 400 , comentó Parker.

Esta Ley también llamada Sección 245 (i) estuvo vigente entre el 21 de diciembre de 2000 y el 30 de abril pasado. Establecía que sólo los ciudadanos o residentes legales de E.U. que fueran familiares inmediatos o cónyuges podían patrocinar a extranjeros indocumentados.

Así mismo, para las autoridades del Servicio de Inmigración y Naturalización de E.U. (INS) la prioridad de naturalización será para los extranjeros indocumentados casados con ciudadanos de ese país.

El INS advirtió entonces que, ante la oleada de bodas entre inmigrantes, quienes se prestaran para matrimonios por conveniencia (para obtener una residencia legal) podían ser castigados hasta con 10 años de cárcel y una multa de 260.000 dólares.

(*) Nombre ficticio

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