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POR SUS CUENTOS LOS CONOCERÉIS

POR SUS CUENTOS LOS CONOCERÉIS

Desde los cuentos de amor que escuchaba de pequeño en las canciones lituanas, el alcalde Antanas Mockus ha ido encontrando en sus incursiones literarias y filosóficas cuentos que le han sorprendido y que le sirven para lanzarle puyas al Gobierno Nacional o para reírse de su posición de filósofo encargado de asuntos bastante terrenales.

Recuerda mucho una historieta gráfica sacada de una revista lituana católica para niños, editada en Estados Unidos como en los años 58 o 59.

Ahí el cuento es muy sencillo y me golpeó muchísimo porque es muy violento.

Es como un juego que pacta un niño con sus padres. Cada vez que el niño peca clava una puntilla en un pedazo de madera y una vez que ha clavado bastantes clavos le cuentan la otra regla del juego que consiste en que cada vez que hace una buena obra puede retirar un clavo.

Entonces el niño con enorme dicha empieza a hacer buenas obras para compensar todos los pecados que ha hecho y va quitando esos clavos y cuando al final está feliz porque ya no queda ningún clavo, le muestran en la tabla las huellas que han dejado los clavos.

Este cuento me produjo pesadillas. Es un cuento con una manera muy visible de expresar un elemento muy importante de la tradición cristiana que es la culpa .

En la escuela primaria Mockus recuerda haberse conmovido muchísimo con Corazón un libro de D Amicis, otro autor italiano. Luego, a los 15 años le marcó mucho La Metamorfosis de Kafka que tuvo la oportunidad también de ver en las tablas.

Para la Empresa de Energía Me impresionó mucho como a los 17 años la historia de Séneca; el resumen del estoicismo que había en esa historia del esclavo cuyo amo quiere torturarlo y el esclavo le dice en un tono absolutamente inmutable: me va a partir la pierna , me la está partiendo , me la partió , sin conmoverse en lo más mínimo.

A veces me dan ganas de usar ese cuento para describir la actitud de los Ministros de Hacienda y de Minas ante la situación de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB): me la va quebrar, me la está quebrando, me la quebró.

Tal vez esta comparación sea excesivamente dura pero no he visto la suficiente preocupación por atender incluso la muy buena voluntad que tiene el gerente. Entonces parecería que uno debe gritar aunque tenga la capacidad de ser estoico y eso es muy aburridor. Lo de que el que no llora no avisa ya nos pasó con algún tema de tarifas y eso debería educar a la gente para que si uno le dice me esta partiendo la pierna, lo escuche a tiempo .

... y la de teléfonos El libro Cuentos para jugar de Gianni Rodari donde aparece El Tamborilero, también reescribe cuentos conocidos como el cuento de Pinocho.

Uno de los finales que le da es Pinocho sentado en un sillón muy cómodo en medio de una enorme fábrica de muebles, al lado de un señor sentado en un taburete que le sopla mentiras.

Cada vez que Pinocho dice una mentira le crece la nariz, Cuando le crece la nariz al ratico se la cortan, y ese pedazo de madera sirve para que alrededor funcione toda una fábrica de muebles. Ese es uno de los finales de ese cuento, no recuerdo los otros.

La idea es que Geppeto había vendido por no se qué capital enorme a Pinocho, como si fuera la Empresa de Teléfonos de Bogotá (ETB), porque él podía servir en una fábrica de muebles. Pero claramente Geppeto no tenía vocación de empresario ni hubiera sometido a su hijo a semejante trabajo tan arduo de decir mentiras todo el tiempo .

Los filósofos terrenales Algo que le encanta y se nota por la insistencia con la que vuelve al tema, son los chismes del comienzo de la filosofía que califica de calumniosos pero simpáticos .

Son esos pequeños chismes sobre las personas que ayudan a comprender su carácter y las teorías y la relación fuerte entre la teoría, el modo de ser y la manera de organizar la cotidianidad. por ejemplo, Edison yendo a la oficina de patentes a preguntar cómo me llamo? .

Recordando cómo la moda reciente de la ropa con huecos es un cuento viejo, Mockus cita la historia del griego Antístenes, jefe de la Escuela Cínica, quien andaba así, andrajoso, siendo de la élite. Un día, Sócrates, su maestro, le cortó diciéndole: del tamaño de esos huecos es el tamaño de tu vanidad .

También le encanta el cuento de Tales de Mileto, otro filósofo, que según los chismes se volvió un gran negociante de aceitunas simplemente para demostrarle a la gente que se burlaba de él y que decía que por andar mirando las estrellas se había caído en un hueco y había hecho destornillar de la risa a una muchacha. El éxito del negocio, decían las mismas lenguas, radicaba, en que Tales de Mileto había logrado predecir el clima, como mostrando que de vez en cuando los filósofos sirven para cosas terrenales .

En Francia, donde vivió un año cuando había cumplido los 17 y vivió un fuerte crisis de arraigo muy ligada a la falta que le hacía su mamá estuvo como enviciado con toda una literatura que él llama de tipo sarcástico, la cual parece interesarse simplemente en disolverlo todo y en el fondo moviliza algunos elementos bien importantes. En el caso colombiano es lo que hace Jaime Garzón en Q.U. A.C.

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