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SEGÚN LOS PROBLEMAS, LA PAZ TENDRÍA MILES DE CARAS

SEGÚN LOS PROBLEMAS, LA PAZ TENDRÍA MILES DE CARAS

La paz tiene muchas caras y muchas voces distintas. Así se desprende del foro Senderos de esperanza , realizado ayer en la Escuela Superior de Administración Pública (Esap), dentro de las actividades de la Semana por la Paz, organizada por la Red de iniciativas por la Paz y contra la Guerra.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
07 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

En el foro participaron voceros de las asociaciones Cedavida, Briznas de vida, Caimar (Centros de Atención al Menor en Alto Riesgo) y de la Corporación María Cano. Cada uno contó sus experiencias de vida en la calle, con los desplazados por la violencia y con los niños en situación de alto riesgo físico y moral.

Gabriel Guerra, papá de 28 niños del sector del Cartucho, contó que vivió durante 20 años en la calle y que allí aprendió que el problema actual del país no es el de un grupo dándose bala con otro sino de todos porque la gente se acostumbra a ocultarse del otro para no servir de blanco.

Gabriel dijo que está en contra del paternalismo y el asistencialismo social porque eso le resta dignidad al ser humano. De la calle, rescató los valores que cada habitante de ella posee y no conoce o no puede expresar.

Agregó que cree que la gente reacciona cuando se le ataca, es decir cuando se le estremece. Por eso la paz de palomas y guacamayas no lo convence. Tampoco las teorías y las conferencias sobre el tema. El quiere cosas concretas y por eso propuso que los 10.000 niños de la calle fueran adoptados por familias bogotanas. Eso sí sería real dijo Gabriel.

Por su parte, la representante de la Corporación María Cano, Yuly Otero, habló sobre las mujeres desplazadas en la región de Córdoba y planteó las ollas comunitarias, creadas por ellas hace dos años, como una alternativa de solidaridad y un espacio para expresar la unidad y la diversidad.

También sobre el problema del desplazamiento se pronunció Edna Rocío Pulido de la Asociación Social Cedavida. Ella definió el desplazamiento como un salto al vacío ya que la persona que sale de su tierra abandona una historia de nexos y pierde el sentido de pertenencia.

La otra experiencia contada en el foro fue la del Departamento Administrativo de Bienestar Social (Dabs) con los Caimar. Según Esperanza Muñoz representante del Dabs, en estos centros se atiende a niños entre 0 y 15 años, cuyos padres son recicladores, trabajadoras sexuales o vendedores ambulantes que no tienen horarios fijos ni pueden cumplir con las exigencias que generalmente se les exigen a los niños para ingresar a un jardín o escuela.

El objetivo de los centros es prevenir el deterioro y descomposición del núcleo social.

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