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EL ARTE DE ELEGIR

EL ARTE DE ELEGIR

Enrique y Rafael Santos Calderón dijeron, en sus columnas dominicales, cosas de suma trascendencia para el futuro político del país. Dijeron cómo es de importante que, por encima del mal olor transitorio que emana de la olla podrida destapada por el proceso 8.000, se haga en los electores la conciencia de que de ellos, y de nadie más, depende que el Congreso de la República, el edificio más importante del país, en cuyo recinto se forjan las leyes que nos norman, cumpla su cometido. El problema consiste, no en eliminar una institución pilar de la democracia, sino en escoger el personal que hace de tal institución o bien un modelo de eficiencia o bien un antro de corrupción. En otras palabras, se trata del arte de elegir.

Pero el asunto no es tan mamey, como diría un taxista en apuros. Por largos años la política se ha movido en una atmósfera enrarecida por el narcotráfico, y la pereza electoral se ha venido haciendo más y más peligrosa. Esto ha tenido el efecto pernicioso de permitirles llegar al Congreso a gentes sin preparación, sin conocimientos, elegidas por una minoría de ciudadanos que votan en olor de clientelismo o por cumplir con un deber cívico de cuya importancia no están muy convencidos. Cambiar estos hábitos, como la historia lo demuestra, si nos atenemos a la de los países con añeja tradición parlamentaria, solo puede lograrse a través de experiencias dolorosas, que permitan penetrar en la conciencia del público. Una de estas experiencias en Colombia es el proceso 8.000, que gracias a la actitud levantada y enérgica de los medios de comunicación, le está abriendo los ojos al ciudadano acerca de la realidad nacional y de la necesidad imperiosa de dotar nuestras instituciones legislativas con el personal adecuado. Mientras el proceso 8.000 sigue adelante, como debe seguir, los partidos políticos están obligados a aprender la lección y aprovechar el trance para resucitar, renovados y purificados. Hay que estructurar una estrategia que les permita llegar al electorado sin necesidad de gastar millonadas demenciales en una campaña. Hay que enseñarle al elector a desconfiar del derroche de dinero en las campañas, y a preguntarse: de dónde sale?, antes de votar. Esta enseñanza nos la está brindando el proceso 8.000, y ay de nosotros si llegamos a olvidarla! Ved los grillos y las cadenas que os esperan dijo, en ocasión similar, el Tribuno del Pueblo.

Baudelaire descifra en un pensamiento la clave del arte de elegir: Los pueblos deben ser gobernados por aristócratas, por hombres sagrados . Todos sabemos que en su raíz griega aristocracia quiere decir el gobierno de los mejores . Esta es la misión del sufragante: elegir a los mejores. A los sabios, a los ponderados, a los puros, a los trabajadores, a los que no tengan en mente otra idea, ni otro estímulo que el bienestar de sus conciudadanos. Cómo escogerlos? Cómo saber quiénes son, en dónde están estos hombres y mujeres sagrados en los que vamos a depositar nuestra confianza y a esperar de ellos leyes sapientísimas que nos garanticen una vida feliz? Aquí es donde, como lo indican los columnistas mencionados, podemos exprimir del proceso 8.000 las enseñanzas más valiosas. El debate apenas comienza y el país debe concentrarse en él con intensidad, no para darse el gusto efímero de contemplar un escándalo, sino para aprender el arte de elegir. Nuestro futuro descansa en este aprendizaje.

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