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GAZAPOS PARA EL DÍA DE INOCENTES

GAZAPOS PARA EL DÍA DE INOCENTES

Fujiyama, sin mucho éxito, puso sobre el tapete el tema del fin de la Historia. Ahora., mi amigo, el filósofo en uso de buen retiro, Mario Laserna, me trae una inquietud más concreta: la decadencia en la enseñanza de la Historia, por no decir de una vez, el fin de la enseñanza de la Historia.

La cuestión es de mucha mayor envergadura que las simples lecciones de Historia. De lo que se trata es de cuestionar la enseñanza de lo que se conoce como el Humanismo liberal, después de que las universidades norteamericanas van llegando a un acuerdo acerca de la inutilidad del programa de estudios clásicos.

A la juventud contemporánea ya no le interesa la crónica del pasado sino las perspectivas del futuro. El largo y tedioso relato de los grandes episodios de los siglos anteriores para nada sirve cuando, si alguien quiere enterarse de qué fue la guerra de los 30 años o la Contrarreforma, o las guerras napoleónicas, basta con consultar el computador y extraer, a través del Internet, todos los datos.

Algo semejante ocurre con la literatura clásica. Para qué leer El Quijote, estudiar detenidamente a Racine y Shakespeare, cuando es más fácil ver sus producciones en televisión o en video, puestas en escena por sus mejores intérpretes? Con estos aspectos de la educación va a ocurrir algo semejante a lo que ya se cumplió con respecto a las lenguas clásicas, el latín y el griego, que, tras haber sido la espina dorsal de la formación preuniversitaria, hoy están relegadas al olvido. Es una forma de decir que solo les interesan a los especialistas.

En el curso de los próximos lustros se ventilará la controversia acerca de la bondad de la idea consistente en abolir las humanidades del currículo escolar, pero lo significativo está por averiguar. Con qué se va a reemplazar el acervo de conocimientos que implicaba el bachillerato, si se prescinde de las humanidades? Un primer paso es diagnosticar la actitud mental, que tanto ha cambiado entre el siglo XX y los anteriores. Nuestros antecesores miraban hacia el pasado, pero con la gran velocidad que han adquirido los descubrimientos tecnológicos con respecto al conocimiento, hoy lo sustantivo es mirar hacia el futuro. Estar al tanto, no ya de los hechos cumplidos que reposan en los anaqueles, sino de los hechos futuros que se presienten de día en día.

Un primer síntoma es el desdén por el rigor de la Historia. El presidente vitalicio de nuestra Academia de Historia, el maestro Germán Arciniegas, tan adicto a las interpretaciones ingeniosas, en un reciente discurso sobre España, le atribuía a los perros de Vasco Núñez de Balboa el carácter de un aporte sociológico entre el hombre y el animal, puesto que era una especie desconocida en América. Otra cosa dice el Diccionario cuando señala que la palabra tepeizcuntle (perro de monte), es un mexicanismo con el cual se distingue al perro americano oriundo del norte del Continente. Estos animales no solo eran compañeros del hombre sino que en determinadas circunstancias constituían un exquisito manjar.

Para el día de los Santos Inocentes me reservaba una colección de gazapos y en obsequio a la brevedad he escogido algunos relacionados con mi padre. Una publicación de la Federación de Cafeteros, aparecida en este mes, contiene un artículo de un señor Bates, según el cual López Pumarejo se familiarizó con la comercialización del café mientras se desempeñaba como cónsul de Colombia en Nueva York. Por Dios!, a los dieciocho años ya era socio de la firma más grande del sector cafetero de entonces, compraba el grano en el Tolima, el Viejo Caldas, y en Antioquia, en Medellín, en donde estuvo encargado de los negocios de la firma de su padre, durante el primer año de su matrimonio. También vivió de soltero en Costa Rica, entregado al mismo negocio. Y, en mi escrito sobre sus últimos días, menciono cómo, días antes de expirar, me comentaba el contraste entre la producción cafetalera del Quindío actual y la de sus años de empresario.

De igual manera, en el discurso pronunciado con motivo de los cien años del nacimiento de don Daniel Samper Ortega y a propósito de la Biblioteca Nacional, se le da el carácter de Ministro de Educación de la Administración Santos al doctor Luis López de Mesa, quien fuera Canciller del doctor Santos, durante todo su cuatrienio, y Ministro de Educación de la administración anterior.

En un simpático libro patrocinado por la Cancillería, a propósito del cincuentenario de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas, los autores del respectivo estudio indujeron al presidente Samper a llegar a la siguiente conclusión en el correspondiente prólogo: También hemos entregado a la Organización las inteligencias de algunos de nuestros mejores y más prestantes hombres públicos, como Alberto Lleras Camargo, Eduardo Zuleta Angel, Carlos Lleras Restrepo, Alfonso López Pumarejo, Indalecio Liévano Aguirre .

Se pasó por alto el artículo 120, ordinal 20, de la Constitución del 86, según el cual, quien dirigía las relaciones exteriores y nombraba los agentes diplomáticos era el Presidente de la República. No fueron una excepción, a este regla, las Conferencias de Chapultepec y San Francisco, y, sin embargo, los autores jamás consultaron los cables de la Presidencia que impartían las respectivas instrucciones a sus delegados en ambas reuniones acerca del veto y del papel del sistema regional interamericano dentro de la ONU, no obstante haberse cumplido aquellos primeros pasos bajo la segunda Administración López, quien, además, acabó siendo el primer Embajador ante las Naciones Unidas. Es la razón por la cual se incurre en errores como el contemplado en la página 32, según el cual tan solo Colombia y Cuba votaron en contra de la decisión final contenida en el parágrafo 3 concerniente al veto .

El Embajador Bell, de Cuba, se vio obligado, ante la presión americana a su gobierno, a abstenerse de votar mientras que la Delegación de Colombia recibía expresas instrucciones del Presidente de la República de votar en contra del veto, así Colombia quedara como única opositora a esta institución. Un episodio gracioso, muy posterior, fue cuando el Canciller Esguerra, para que Colombia no se opusiera a la creación del Estado de Israel, invocaba el argumento de que en Colombia había una considerable colonia israelita y escasamente unos pocos árabes. La respuesta no se hizo esperar: los árabes son los mismos que llamamos turcos! .

Y pensar que estos gazapos no salieron de las plumas de aficionados a la Historia sino de profesionales en la materia. Páselas por inocentes! Pronto será el 28 de diciembre!

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