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BOMBAS SOBRE IRAK

BOMBAS SOBRE IRAK

Otra vez las cohetes caen sobre territorio Iraquí. De nuevo el ambiente del Oriente Medio se caldea. Y, en esta ocasión la segunda en que ese país es bombardeado por los norteamericanos, las razones para ese acto bélico son poco sólidas. La acción guerrera parece obedecer más a una actitud encaminada a producir efectos en la campaña electoral que se libra en los Estados Unidos. Al elector lo satisfacen actos de predominio, de autoridad, ejecutados por quien puede ser reelegido Presidente de los Estados Unidos. Todo esto se lo permite la opinión pública de su país, mientras en las batallas que se libran hoy por aire y desde el mar no caigan jóvenes estadounidenses.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
05 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Las acciones bélicas contra Saddam Hussein siempre han dividido a la opinión internacional. En el pasado episodio la Unión Soviética se mostró casi neutral. En aquella ocasión no se corrió el peligro de una división con sentido dramático, pues los motivos que precedieron los hechos hacían explicable, ante los ojos del mundo, la intervención de Estados Unidos y de otras naciones. Esta vez no es exagerado afirmar que los bombardeos norteamericanos no tienen una clara y concluyente razón que los justifique. Pero ya se llevaron a cabo, y de nuevo las tropas iraquíes regresan a sus cuarteles, después de incursionar en territorios vigilados por las comisiones que buscan evitar choques en las zonas de exclusión .

El presidente Clinton autorizó personalmente los bombardeos. Fue evidente, cuando por televisión los anunció, el tono inseguro, casi temeroso, de su voz. Pero, a nuestro juicio, repetimos, los motivos no se equiparaban con la gravedad de la medida, no tenían la dimensión que justificara repetir el trastorno que vive el Medio Oriente y segar vidas inocentes. Sea por causas electorales o no lo que llevó al Tío Sam a lanzar cohetes y bombas, el mundo se está acostumbrando a temer y temblar cuando se trata de elegir al Presidente de los Estados Unidos.

Y siempre se verá con más razón que esta situación es otra consecuencia de haberse derribado el muro de Berlín , y del fin del predominio comunista en gran parte del orbe. Arrojar bombas parece convertirse en un buen saldo para quienes, como el presidente Clinton, tienen en sus manos el poderío para ello, y así, como es el caso, captar electores, reforzar su muy posible reelección a la primera posición del mundo.

Quiera Dios que el incidente si bombardear depósitos y objetivos militares se puede llamar así transcurra sin mayores consecuencias. En todos los países del mundo, estamos seguros, se ora para que llegue pronto el fin de la elección; para que las demás naciones, con excepciones bien conocidas, puedan respirar con un poco más de tranquilidad.

Saddam Hussein no es en verdad un personaje con carisma en el extranjero. Es autoritario, arbitrario. Gusta de fastidiar a sus vecinos, y hasta llega a intentar su invasión. Pero nada de ello justifica dos bombardeos sobre las bases militares iraquíes, incursiones que, es lógico, causaron bajas de inocentes ciudadanos civiles de ese país.

Es claro que no hay zonas de guerra como en tiempos pasados en las diversas regiones. Hay pugnas, diferencias políticas; inclusive en el Medio Oriente la tensión entre Israel y sus vecinos árabes prosigue. Pero por suerte se persiste en reanudar las negociaciones de paz, que en tánto peligro estuvieron cuando triunfó la tendencia de derecha en Israel. Pero, insistimos: tarde o temprano, la paz acabará por imponerse. Ojalá entre Irak y los Estados Unidos se llegue a acuerdos que impidan choques mayores, que siempre ocasionan dolor y sangre.

Todo ha cambiado en la diplomacia externa. Y es posible prever que, para años futuros, los cautos y amables embajadores sean sustituidos por costosos y sangrientos cohetes, que ya no se enviarán con carta de presentación, sino desde bases cercanas o submarinos próximos al objetivo. Triste futuro al que Dios quiera no lleguemos.

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