INDIGESTIÓN CONSTITUCIONAL II

INDIGESTIÓN CONSTITUCIONAL II

Nadie puede creer en Dios a la fuerza, aunque la Constitución esté escrita en Su Nombre, porque imponer el mal como imponer el bien son dos maneras que -por violentas y autoritarias- atropellan la libertad, y el sentido de las leyes es precisamente salvaguardar la dignidad del hombre y de los pueblos.

31 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Como decíamos, la Constitución no puede ser la culpable de todo lo malo; sin embargo sí puede ser el medio para cosas buenas, en la medida en que esté inspirada por la Justicia como valor real, no utópico.

La Constitución es el Acuerdo sobre lo Fundamental de que hablaban los liberales ingleses, que no es producto de ella misma sino consecuencia de un fenómeno político. Tal Acuerdo contempla la protección de los derechos naturales, modernamente denominados derechos humanos entre los cuales no está la paz, ya que ésta es sólo el premio para un pueblo de buena voluntad o de voluntad buena.

Es un Acuerdo para la posteridad que define el grado de educación política y de cultura jurídica de un pueblo. Por esto las constituciones no se cambian ni se suelen reformar con frecuencia. De ahí que sean los golpes de Estado y las reformas constitucionales quienes hablan de la corrupción y de la anarquía, o sea, de los enemigos de la democracia.

Colombia necesita buenos gobiernos en lugar de cambiar o reformar la Constitución para pasar a la historia . Tal vez es consecuencia del gol que nos metió el Estado de Derecho cuando se admitió su estructura en el texto constitucional. Con tantos tropiezos convendría pensar en excluir dicha estructura de la Constitución, en rebajarla a legislación orgánica, y en dejar sólo las libertades públicas como derechos constitucionales. Sí, el Estado se le metió en la cocina a la Constitución, cuando la justificación auténtica de está consiste en mantenerlo a raya.

En la próxima abordaremos la propuesta Samper. Pero si no queremos entrar al siglo XXI con indigestiones constitucionales cada cuatro años bien valdría la pena una reconsideración de fondo, realista, desprevenida y ambiciosa.

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