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NOS ESPERA UN 96 MUY DURO

NOS ESPERA UN 96 MUY DURO

Visto por encima, el año 1995 termina bien. Se espera un crecimiento del 5.0 por ciento e inflación inferior a 20 por ciento, gracias a los precios de los alimentos y no al pacto social.

Las exportaciones menores están creciendo más que en el pasado, el aumento desmesurado de la demanda y del crédito se han controlado, la tasa de cambio se ha acelerado.

Por una parte, el gobierno logró un acuerdo muy bueno para ajustar el salario mínimo de acuerdo con la inflación esperada, con el respaldo de algunos grupos importantes de trabajadores, quienes por fin le están viendo mérito a la estrategia de realizar incrementos moderados del salario mínimo para lograr tasas decrecientes de inflación.

A pesar de los buenos resultados aparentes, los sectores productivos, el comercio y la construcción no tienen dinamismo; y la perspectiva para 1996 no es tan atractiva como fueron los resultados de los últimos tres años.

Por una parte, el clima de la inversión se ha deteriorado considerablemente, a tal punto que Fedesarrollo informa que los empresarios están en un nivel de pesimismo sin parangón desde el asesinato de Luis Carlos Galán.

Ello va a repercutir en un estancamiento de la inversión privada y posiblemente en menos tasas de crecimiento de los sectores productivos, excepto minería y petróleo. Como la industria, el comercio y la agricultura están creciendo muy moderadamente y la construcción está caída, una desaceleración de la producción puede producir un aumento del desempleo el año entrante, si es que dicho aumento no se manifiesta ya en diciembre de 1995. Este será un triste desenlace en la administración que se comprometió a generar más empleo.

Por otra parte, las finanzas públicas se han debilitado. A partir de un superávit en 1995, el déficit del sector público consolidado va a ser superior al 1 por ciento del PIB, si es verdad que los municipios están en equilibrio, lo cual es bastante dudoso.

El manejo monetario ha sido bastante laxo, a pesar de que el crecimiento del M1 pareciera indicar lo contrario. El desmonte inoportuno del encaje y la defensa del peso han tenido consecuencias monetarias negativas, ahora reflejadas más en el crecimiento del M2 y M3, y menos en los medios de pagos tradicionales.

La laxitud monetaria y el aumento previsto del déficit en 1996 no permiten ser optimistas respecto a la inflación de 1996.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) le ha dicho al Gobierno que la tarea de rebajar la inflación el año entrante va a ser muy de para arriba debido al crecimiento del crédito, a la laxitud monetaria, a la debilidad fiscal y al deseo del Gobierno de aumentar el gasto público.

La mayor devaluación del peso que se deriva de la desconfianza en la estabilidad política va a ser otro factor inflacionario. Entonces es posible que no se alcance siquiera la modesta meta de inflación que puso el Banco de la República.

Otro aspecto que inquieta al Fondo Monetario Internacional y que se ha hecho público es un posible crecimiento del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos que podría llegar, según ellos, al 6,5 por ciento del PIB en 1996.

Aunque sigue creciendo la inversión extranjera, un déficit de este tamaño es delicado. Sin embargo, la mayoría de las predicciones pesimistas no se cumplen porque los agentes económicos tratan de evitarlas. Entonces, si se va a evitar el aumento del déficit en la cuenta corriente, lo que es probable es que se suban aún más las tasas de interés y que el dólar se suba más a la banda superior. Ello traería consigo un menor crecimiento de los sectores productivos y del empleo y una mayor inflación.

Lo que sí es claro es que el crecimiento de la economía en 1996 no va a ser del otro mundo y el manejo económico no va a ser fácil, a menos que se recorte el gasto público y se busque la forma de aumentar los ingresos del sector público.

Como la política conspira contra estas soluciones, la perspectiva es menos que optimista.

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