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EL 96: CUIDADO Y... BUENA SUERTE

EL 96: CUIDADO Y... BUENA SUERTE

Coincido con el gobierno: 1995 fue un buen año, con un crecimiento de la producción no muy inferior al de 1994, una baja de la inflación que no se veía hace rato, una cuenta corriente mejor que la que se temía al inicio del año, un tipo de cambio real más sostenible y, lo mejor de todo, con grandes triunfos sobre el cartel de Cali y una tanda de pícaros en la cárcel, así no estén todos los que son y exista todavía la esperanza de que no sean todos los que están.

Apoyo la sugerencia de Hommes, aunque quizás por razones diferentes: Perry debe quedarse porque lo ha hecho bien, y ayudaría a que las cosas sigan así aunque cada vez tendrá que esforzarse más. El futuro económico está lleno de baches que él no abrió pero no podrá evitar.

Como aquí voy a hablar de 1996, y en estas materias el récord cuenta, el lector me excusará si menciono que hace un año escribí en Portafolio una página titulada Próspero año nuevo donde señalé que, si la Junta del Banco de la República lo permitía, 1995 podía ser excelente. Y también que en enero de este año mi equipo de ANIF, con la colaboración de Fedesarrollo, concretó en Guía Empresarial sus proyecciones para 1995: crecimiento de 5.4% del PIB, inflación de 19.5% y devaluación de 13-14% con los riesgos sesgados hacia y una mayor devaluación sin que pueda descartarse 20% .

Esta semana el Conpes despedirá el año con unas estimaciones preliminares de 1995 que coincidirán 100 por ciento con las proyecciones iniciales de ANIF sobre crecimiento e inflación. Coincidencia, subrayo, porque sería necio pretender que la economía puede proyectarse con esa precisión. El año estuvo lleno de sorpresas pero ciertos errores de la proyección de ANIF se compensaron con otros. La diferencia es que en las proyecciones de otras entidades los errores no se compensaron.

Aunque jarto, este recorderis puede ayudar a apreciar que cuando digo que el próximo año no pinta bien, y que podrían secarse los ríos de leche y miel que este jueves pintará el Conpes, no hay un ánimo gratuito de fastidiar al gobierno o de generar un clima de pesimismo económico. El próximo año podría complicarse más de la cuenta si cada observación de los analistas económicos que no sea un aplauso se recibe como una crítica malintencionada.

Claro que en 1996 habrá fuerzas que impulsarán el crecimiento: además del esfuerzo de cada empresario por usar su capacidad instalada tendremos la bonanza petrolera y un amplio programa de inversiones públicas. Tanta importancia le concedo a esto último que he venido manifestando mi desacuerdo con la pretensión del banco central de que se sacrifique el programa de inversiones públicas en aras del equilibrio fiscal.

Esa posición no refleja heterodoxia: está relacionada con la previsión de un medio ambiente exógeno (fuera del control de las autoridades) y de una política de estabilización que no podrán menos que tener un impacto adverso sobre el crecimiento. Veamos: * Crisis cafetera. Este año comenzó con buenos precios internacionales. Luego, cuando el precio se desplomó, su caída fue compensada para los productores por un aumento de la cosecha. En 1996 no tendremos ese comienzo de precios ni esa compensación. Incluso si el convenio de retención y el precio internacional se mantienen como hoy -y dudo que eso ocurra- el precio real por carga será inferior al de 1995 lo que resentirá la demanda local.

* Fase declinante de la edificación. Lo usual es que la fase recesiva dure dos años, por lo que es improbable una recuperación antes de 1997. En cuanto a la intensidad, la recesión comenzó suave pero las últimas cifras de Camacol sugieren que ha venido ganando fuerza por los altos intereses, la lucha contra los narcos y los menores flujos de capitales externos.

* Efecto Venezuela. este año se dio la paradoja de que en medio de la recesión en Venezuela las exportaciones colombianas a ese país saltaron en el segundo semestre, porque el vecino no autorizaba importaciones no indispensables de ninguna otra parte pero los venezolanos todavía podían importar de Colombia pagando sólo 170 bolívares por cada dólar que importaban. Hoy deben pagar 290, 71% más que hace diez días, e igual que lo que pagan por un dólar de importación desde cualquier otro país. No es pesimismo gratuito prever que nuestros exportadores van a pasarla mal en los próximos meses.

* Aumento de impuestos. El aumento de los recaudos tributarios en 1996, incluyendo el efecto de las amnistías, es una transferencia de capacidad de compra del sector privado al gobierno que reducirá la demanda privada. El mayor IVA para los automóviles de más de 1800 cc. va a tener un efecto no despreciable sobre la demanda. Y hay la impresión de que la recuperación de las ventas de algunos sectores a finales de 1995 tuvo un componente de compras anticipadas en previsión del aumento del IVA; si eso es cierto las ventas del comienzo del próximo año serán más flojas que de costumbre.

* Problema en Ecuador. La mayoría de los observadores internacionales cree que Ecuador entrará en una especie de receso hasta el cambio de gobierno en agosto de 1996, pero ese escenario me luce optimista. Sigo considerando alta la probabilidad de que nuestro vecino sufra serias complicaciones cambiarias y financieras en los próximos 8 meses, las cuales rebotarán en alguna medida sobre Colombia.

* Tendencias desfavorables de Estados Unidos y Alemania. Hace rato los indicadores de países desarrollados vienen arrojando señales ambiguas, pero las últimas cifras de Estados Unidos y de Alemania no son buenas. han vuelto a surgir temores de enfriamiento en Estados Unidos (después de un desempeño excelente hasta septiembre) y en Alemania el estancamiento es claro. La relación de eso con el crecimiento de Colombia es compleja pero difícilmente discutible.

* Cabos sueltos. Se me acaba el espacio de manera que no podré comentar siquiera factores adversos tan preocupantes como el sobre-endeudamiento de los consumidores o los problemas políticos y éticos, que distan de haber desaparecido a pesar del fallo inhibitorio de la Comisión de Acusaciones y del buen sentido de la Cámara de Representantes al tumbar el vergonzoso narcomico del Senado. Me temo que tales problemas se agravarán si el gobierno persiste en su intento de descalificar las motivaciones de quienes le prestaron un servicio invaluable al país al denunciar la infiltración de dineros del narcotráfico en su campaña, y la podredumbre narco-política que tantos no querían ni ver.

* La política de estabilización. Suponga que no existiera ninguno de los factores negativos que acabo de mencionar. Aún así habría razones para temer que la economía perdiera algo de su dinámica en 1996 por una sencilla razón: la Junta del Banco Central sabe que la única esperanza de lograr incluso una modesta baja de la inflación en 1996 ( digamos, un punto) es manteniendo la rienda tensa sobre la demanda agregada, lo que significa tasas de interés reales elevadas y crédito escaso. Y en las últimas semanas ha dejado entrever que está preocupada pues de junio para acá fue demasiado laxa, o al menos eso le dijo el FMI.

Me doy cuenta de que después de haber presentado tan apretada síntesis de los elementos que frenarán el crecimiento en 1996 les quedo debiendo a los lectores una explicación de las razones por las que, a pesar de todo, no solo se evitará una recesión sino que podría lograrse un crecimiento del PIB del orden del 4.0 por ciento si no cometen errores graves y se cuenta con un mínimo de suerte. Como el espacio se me acabó confío que el Conpes que este jueves va a proyectar un crecimiento alrededor de 5.0% para 1996, pueda presentar la otra cara de la moneda.

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