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APERTURA Y REFORMA AGRARIA

APERTURA Y REFORMA AGRARIA

Los sistemas de producción de alimentos que actualmente operan en el mundo son, en términos generales, los siguientes:

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
04 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

1o. El capitalista con reforma agraria total, 2o. El capitalista americano, 3o. El capitalista europeo, 4o. El capitalista con reforma agraria a medias y 5o. El comunista (China) o ex comunista (Rusia). Las principales características de los sistemas capitalistas, que son los que afectan o son afectados por la apertura agrícola, se describen a continuación.

1o. Los países con sistema capitalista y reforma agraria total son Japón, Corea y Taiwan, donde las circunstancias políticas creadas por la Segunda Guerra Mundial permitieron que se tomaran las drásticas medidas requeridas por ese tipo de reforma. Uno de los resultados del proceso fue la minifundización del campo, lo que tuvo como consecuencia que los costos de producción de alimentos fueran altos en términos internacionales; el arroz producido en esos países cuesta entre cuatro y ocho veces más que en el mercado mundial.

Los altos precios de los alimentos en los tres países anotados se han mantenido como una cuota de sacrificio para asegurar el bienestar en el campo; la prioridad otorgada al sector rural no ha permitido que se haga apertura agrícola.

En el caso del Japón, dicha apertura está condicionada a que los Estados Unidos y la Unión Europea reduzcan los subsidios a sus exportaciones agrícolas, que son el principal motivo de distorsión en los precios del mercado mundial.

2o. Los principales países con sistema capitalista americano son los Estados Unidos, Canadá y Australia. En esos países trabajan paralelamente los grandes y los pequeños productores, pero debido a la mayor tecnificación y a las economías de escala, los costos unitarios de los grandes son inferiores a los de los pequeños. A pesar de los generosos precios de sustentación que ofrecen los gobiernos, el margen de los pequeños productores no siempre alcanza para cubrir los riesgos económicos característicos de la agricultura y poco a poco están desapareciendo.

Lo más probable es, entonces, que la agricultura capitalista americana, que es la principal exportadora de alimentos, quede en manos de los grandes productores, cuyos costos y eficiencia van a ser difíciles de igualar en cualquier otra parte, especialmente donde los predios tengan sus dimensiones determinadas por procesos de reforma agraria.

3o. El sistema de los países de la Unión Europea es bastante parecido al americano, excepto que los predios rurales son de menor tamaño, lo que los hace menos eficientes con costos unitarios de producción superiores a los americanos; pero los precios de sustentación más altos y los subsidios a las exportaciones se encargan de cubrir las diferencias.

La tendencia como en el sistema americano, pero en un proceso más lento, es hacia la desaparición de los pequeños productores, lo que está facilitando la integración de parcelas para obtener predios más grandes, que permitan mayor eficiencia en la tecnificación.

4o. Los países con sistema capitalista y reforma agraria a medias son básicamente los países en desarrollo cuyos recursos naturales les han permitido tener un sector agrícola relativamente importante como fuente de empleo, pero con serias limitaciones como fuente de ingresos adecuados, y que no han sufrido los traumatismos que en otras partes han permitido hacer, para bien o para mal, una reforma agraria total.

El común denominador en estos países es que se han gastado grandes cantidades de recursos tratando de hacer económicamente viable al pequeño agricultor, pero en todas partes con resultados que oscilan entre regulares y desastrosos. Los motivos del fracaso son de muy variada índole, pero sobre todo en los irreales, o inoperantes, o inexistentes precios de sustentación que recibe el agricultor, al contrario de lo que ocurre en Japón, Corea y Taiwan, donde el productor rural no es menos importante que el consumidor urbano.

Depender demasiado de la importación de alimentos tiene sus riesgos. Hace poco las compras de trigo de la China en la Unión Europea hicieron subir los precios; la respuesta fue ponerles un impuesto a las exportaciones de trigo para frenar el alza; que sufran los consumidores de los países importadores.

En el caso de los países con reforma agraria a medias, que no quieran acabar con su agricultura, quedan dos alternativas con respecto a la apertura agrícola. Una es olvidarse de hacer más reforma agraria e iniciar la apertura, pero preparándose previamente para competir con los productores de los sistemas capitalista americano y europeo, lo que no es nada fácil. La otra es olvidarse de hacer apertura y continuar con los programas de reforma agraria.

Pero hacer apertura, como lo anuncia la ministra de Agricultura (EL TIEMPO, agosto 4/96) para enfrentar sin ningún preámbulo el híbrido que tenemos, producto de una reforma agraria a medias y de una prolongada falta de estímulos, a la competencia del sistema capitalista americano y europeo, tecnificado y subsidiado, significa acabar por la vía rápida con buena parte de lo que queda de la producción nacional de alimentos.

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