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EL ESPÍRITU NAVIDEÑO

EL ESPÍRITU NAVIDEÑO

La Navidad es la tradición que más se ha universalizado. Su celebración no se restringe a los países cristianos. Y en muchos sitios se ha querido volver a su verdadero origen: un canto a la vida, a la paz y a la buena voluntad.

No se sabe bien dónde y cuándo nació realmente la Navidad. Ni nunca se supo la fecha exacta del nacimiento de Jesucristo. La Iglesia terminó por escoger el 25 de diciembre, una época que no corresponde a las historias navideñas como la del pesebre, pues no es muy probable, por ejemplo, que en pleno invierno los pastores en Galilea cuidaran de noche sus ovejas.

La fecha del 25 de diciembre tenía otro significado que pudo haber influido en su escogencia como el día de la Navidad: para los paganos era un momento de júbilo porque renacía el sol después de pasar la noche más larga del año en el hemisferio norte.

En la liturgia cristiana, la Navidad es la cuarta fiesta en importancia. Primero están la Semana Santa, Pentecostés y la Epifanía (la Adoración de los Reyes). Durante mucho tiempo se celebró en diferentes meses. Solo 500 años después del nacimiento de Cristo se optó por finales de diciembre. La Iglesia tuvo temor de darle importancia al principio, porque festejar los nacimientos había sido una tradición totalmente pagana. Tenía además malos recuerdos de las tremendas orgías que se armaban en los cumpleaños de los emperadores romanos.

Se dice que la tradición de entregar regalos en la Navidad puede venir de las fiestas saturnales, cuando se honraba al dios romano de la agricultura. En esa época decembrina se repartían regalos y los amos hacían una fiesta para servirles a sus esclavos.

El árbol de Navidad también nació de un rito pagano del siglo VIII, por los lados de Estonia o Latvia, donde adoraban los árboles como espíritus.

El Papá Noel jovial y generoso que reparte regalos a los niños en su trineo jalado por venados, no apareció en escena sino hasta finales del siglo pasado. Desciende de San Nicolás, quien llegó al norte de Estados Unidos con los colonizadores holandeses.

En fin, la Navidad que celebramos todos los años es producto de una gran cantidad de tradiciones. Lo único cierto es que todavía hay mucha discusión sobre sus verdaderos orígenes.

Una de las críticas que hoy se le hacen a la Navidad es que se comercializó demasiado. Para muchos se volvió un simple negocio. Otros resienten que ese afán de lucro haya convertido esta época en una especie de excitación artificial para inducir a los consumidores a comprar una cantidad de cosas que en otras circunstancias no comprarían.

La otra cara triste son la gran cantidad de personas que no tienen cómo celebrar la Navidad. Los pobres que miran con indiferencia, o con estupor, las extravagancias de los más pudientes. O los que no se pueden reunir con sus familias por cualquier razón. y todos aquellos, ricos y pobres, a quienes embarga cierto sentimiento de culpa porque sus vidas no están a tono con la felicidad que supuestamente debe irradiar esta fiesta.

Los psicólogos del mundo entero dicen que el número de casos de gente deprimida sube durante Navidad y Año Nuevo. Y dan una explicación: son muchas las personas que sufren porque en esta época tan emotiva no sienten la felicidad que deberían sentir, ni sus vidas familiares se parecen a esas situaciones tan ideales como ficticias que muestran los medios de comunicación.

Alguien decía que la Navidad en el fondo nos ayuda a redescubrir el niño que todos llevamos por dentro, a recordar que podemos cumplir con el primer mandamiento de la Ley de Dios y a reafirmar la importancia de la familia como núcleo fundamental de la sociedad.

Y a pesar de que estas fiestas son las más seculares de las fiestas religiosas, lo importante es aprovecharlas para reflexionar sobre aquellos principios fundamentales que le dan un verdadero sentido a la vida. Muchos de esos principios se encuentran precisamente en las enseñanzas de quien nació en Belén hace 1996 años.

* * * Para la humanidad está por terminar el siglo más violento de la historia. Sólo faltan cuatro años. Para los colombianos está por terminar uno de los años también más violentos de su historia. Sólo faltan nueve días. No sólo ha sido violento en lo físico, por la cantidad de muertes y homicidios, sino en lo espiritual, por el derrumbe de los paradigmas éticos y morales que mantienen viva y fuerte una sociedad.

Sobre esto último es sobre lo que debemos reflexionar, Porque tenemos que rescatar a toda costa y muy pronto esos principios que nos permitan ser parte del canto universal a la vida, a la paz y a la buena voluntad. Y hagamos que el espíritu navideño no se limite a estos días sino que se vuelva una costumbre permanente.

Muy felices Navidades a todos los colombianos y que el año entrante nos traiga verdad, honestidad, porque sólo así tendremos paz y prosperidad.

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