LAS CONSECUENCIAS DEL DDT EN LA COSTA

LAS CONSECUENCIAS DEL DDT EN LA COSTA

En el Cesar, La Guajira, el Magdalena, hace menos de tres décadas, en pleno auge de la producción del Oro Blanco, las benéficas empresas, que se dedicaban al plaguicida, pregonaban: Si quiere una buena cosecha, use nuestro plaguicida . Estas campañas claman todavía así, mientras afirman ayudar con sus sustancias químicas a alimentar un mundo hambriento. Alejadas de los reglamentos vigentes de sus países de origen pregonan virtudes de los productos, mientras callan sus aspectos perjudiciales.

19 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Esa fue la consecuencias tóxicas que se derivó en la Costa Atlántica, después del auge esplendente del algodón surgió notoriamente la crisis, que se manifestó por la desolación, la erosión, ruina, quiebra del sistema ecológico, las cuencas hidrográficas, la deforestación en esas ex ricas regiones costeñas.

Pero si en el campo fue así, en la ciudad se recabó con más evidencia, ya que el fenómeno se generalizó. Si alguien entra hoy a un supermercado, tras elegir ruborosos tomates, apios olorosos y esbeltos, papas humildes, feas y lavadas; después de enfrentarse a las armaduras de las alcachofas y al nácar olífero de las cebollas, el consumidor sólo tendrá que dirigirse a la sección de los productos de limpieza para llenar su carrito con productos con aromas en variados tipos de envases.

El caso donde hay más derroche de datos y es la que ha inquietado, es la que atañe directamente al sur del Cesar y la parte septentrional de la guajira, regiones productoras de arroz, fríjol, frutas y hortalizas de consumo interno y de exportación. El tomate de estas regiones era muy apreciado en el mercado regional. En aquel entonces los consumidores disfrutaban de la fresca y generosas rebanadas de tomates en sus tradicionales ensaladas, mientras que los trabajadores que los cultivaban recibían las mismas dosis de plaguicidas de la planta. Empero, mientras la raíz el tallo y las frutas pueden resistir fuertes dosis de veneno (aunque después los trasmitan en parte a los comensales), los brazos, los pulmones, el cuerpo entero de los trabajadores terminaron, tarde o temprano, por sucumbir bajo la constante lluvia de plaguicidas. Y lo más relevante, produjo una secuela ruinosa: para combatir las plagas del algodón utilizaron el parathion disfrazado de DDT, concebido como arma bélica por científicos nazis, durante la segunda guerra mundial. Este es, pues, el altruismo de las empresas que derraman bienestar en las regiones en desarrollo. Y son pródigas con el fin de ganarse el paladar de los subdesarrollados gustos. Amen de la depredación de la tierra, sacrifican un mundo, como el poema. Esas son las prácticas que destruyen todo: normas locales de empleo, producción interna de cultivos, los gustos tradicionales de los consumidores, así como la estructura de la familia, de aldeas y pueblos enteros.

Por supuesto, tales teorías y prácticas dejan desoladas las regiones, con su aparente progreso. El Ministerio del Ambiente habrá de propiciar una política sobre estos males degradantes para el campo y el hombre.

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