REFLEXIONES SOBRE EL PIZARRÓN

REFLEXIONES SOBRE EL PIZARRÓN

Es la juventud, ante todo, la etapa de la alegría, del enamoramiento, del gozo y del encanto; es decir, la primavera de la vida.

19 de abril 1995 , 12:00 a. m.

Quizás esto sea cierto en sociedades más avanzadas que la nuestra, la verdad sea dicha hoy no podemos mirar con optimismo el futuro que le espera a los casi siete millones de jóvenes y adolescentes colombianos, que representan el 20 por ciento de la población mundial.

Son numerosos los problemas que afronta esta generación nacida bajo el fuego cruzado entre el Gobierno, la guerrilla, los paramilitares y los narcotraficantes. Además de la lógica inseguridad, se presentan situaciones del orden socio-económico como el bajo nivel educativo, la insalubridad y el desempleo, que no le auguran un brillante futuro.

La insuficiencia estatal para atender estos y otros temas, está más que demostrada; pero, tal vez, un poco de voluntad política sea suficiente para solucionar en parte estas situaciones.

Por citar un ejemplo propio de la región caribe, vemos como la baja escolaridad que tiene su origen en la poca preparación de los docentes, en currículos sin sentido práctico y en una sociedad indiferente genera problemas tan complejos como el de las pandillas juveniles.

A diario observamos cómo cientos de jóvenes siembran el terror en sus comunidades atracando, peleando o simplemente molestando a los transeúntes desde cantinas, billares y esquinas de nuestros barrios y pueblos polvorientos.

Si los secretarios de Educación ejercieran mayor control sobre los colegios que les corresponde vigilar, si fueran menos amigos de los políticos que les recomiendan maestros, si los alcaldes regularan mejor la utilización del espacio urbano impidiendo la aparición de billares y cantinas cerca de centros educativos; si los medios de comunicación adoptaran un tono constructivo, dejando a un lado los estereotipos, si los gobernadores lideraran procesos de formación de microempresas con financiación a riesgo compartido y si la comunidad utilizara el dinamismo joven en labores como la reconstrucción de parques y adecuación de escenarios deportivos; entonces, podría decirse que los jóvenes ocupan un espacio dentro de la sociedad.

Sintiéndose parte de ésta, agudizarían su sentido crítico y pondrían a prueba su capacidad de respuesta a los retos que se les presenta, tomando conciencia, finalmente, de su papel como conductores de la Colombia del próximo milenio.

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