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COCA, GUERRA Y DESGOBIERNO

COCA, GUERRA Y DESGOBIERNO

La hora del horror Indignación, repudio y vergúenza, todo eso y mucho más, producen los crímenes horribles que la guerrilla perpetró contra cerca de un centenar de jóvenes uniformados durante el fin de semana.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de septiembre 1996 , 12:00 a. m.

Hoy sus viudas, sus huérfanos, sus padres, sus amigos, y más de treinta millones de colombianos, sentimos con el alma en pedazos, que nos agredieron a todos y que a todos nos salpicaron con su sangre.

Sin saber a qué horas y sin entender muy bien por qué, ellos terminaron convertidos en carne de cañón en este conflicto que se los llevó por delante como si tuvieran la culpa de lo que está sucediendo.

Nada ni nadie puede justificar estos hechos.

...Y el país al garete! Y mientras tanto, el gobierno empeñado en la mezquina tarea de salvar el pellejo del Presidente. Que todo se derrumbe, que todo se acabe, que todo se vaya al traste con tal de que Ernesto Samper aguante hasta el 7 de agosto del 98! Simplista e injusto además sería atribuirle exclusivamente a Samper el monopolio de las culpas. Vivimos el resultado de décadas de incubación del conflicto en un Estado que desde siempre ha tenido abandonada a media Colombia.

Pero es innegable que la fragilidad del Presidente, salpicado por los narcoescándalos y su dramática incoherencia frente a las políticas de paz, orden público y combate contra el narcotráfico, han agravado la situación hasta estos extremos.

A Samper todo se le está yendo en discursos que contradicen sus propios discursos y que se olvidan de sus propios discursos. Hoy le tiene que dar gusto a Estados Unidos, mañana a los militares, pasado mañana a los políticos, la semana entrante a los paramilitares, luego decide hacerle caso a un ministro, más tarde a otro, y a otro...

Hoy nombra un Ministro de Defensa a quien alaba, admira y adora. Mañana es su peor enemigo por confesar sobre la narcocampaña. Hoy nombra un Comisionado de Paz hombre bueno luego lo manda a la Dirección Liberal y más tarde lo exporta a la OEA. Hoy propone un impuesto de guerra, mañana unos bonos...

Hoy confirma a la cúpula militar y abraza al General Zúñiga. Mañana encuentra caminos para relevarlo. Hoy anuncia más inversión en seguridad nacional, mañana la manda recortar. Hoy manda a los soldados a que se maten en el sur, mañana no invita a los Generales a que participen en la negociación de los acuerdos de desmovilización.

Hoy no se preocupa por la fumigación de cultivos ilícitos, mañana decide fumigar con frenesí. Hoy se endurece, mañana se ablanda, pasado mañana se endurece. En fin.

Su último discurso tiene seis puntos importantes para la agenda humanitaria, a saber: crear zonas de reserva campesina, sustraer a los niños de la guerra, proscribir las masacres, liberar a los secuestrados, abolir las minas quiebrapatas y atender a los desplazados. Pero, cómo hacer para que lo sostenga? Oh, Gloria...! En medio de este panorama desolador de sangre, desgobierno y plomo, Gloria Cuartas, alcaldesa de Apartadó, comienza a brillar como una luz de esperanza, empeñada en demostrar que su sueño de paz no es simplemete una utopía. El premio de la Unesco es un justo reconocimiento a quien avala con la vida propia, su irrevocable y generoso compromiso de reconciliación.

Con todas mis fuerzas, desde aquí, a manera de aplauso emocionado para Gloria, trato de hacerle una segunda voz en el coro a los ecos del concierto de Piero, Alejandro Martínez, Rafael Urraza y Víctor Heredia.

Ellos, todos ellos y los organizadores de la semana por la paz, dieron un testimonio alentador de fe y de vida desde Turbo, al ritmo de la canción inmortal de León Gieco que, hoy por hoy, debería convertirse en el himno de quienes, dispuestos a unirnos en una cruzada nacional contra la violencia, no nos resignamos a que Colombia siga atrapada en las garras de los narcos, los politiqueros, los corruptos y los violentos.

Solo le pido a Dios...

Que la guerra no me sea indiferente.

Es un monstruo grande y pisa fuerte Toda la pobre inocencia de la gente.

Solo le pido a Dios...

Que el dolor no me sea indiferente.

Que la reseca muerte no me encuentre Vacío y solo, sin haber hecho lo suficiente.

Solo le pido a Dios...

Que lo injusto no me sea indiferente.

Si un traidor puede más que unos cuantos Esos cuantos no lo olvidan fácilmente.

Solo le pido a Dios...

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