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HISTORIA DE UNA GRAN MARCA

HISTORIA DE UNA GRAN MARCA

Omega, como sinónimo de alta perfección, maestría y excelencia, se constituye en la mejor forma de definir el legado relojero que dejaron Louis Brandt, Louis Paul y César Brandt.

La historia, que data de 1848 y que ha pasado por diferentes etapas, es tan atractiva como sus obras. Desde ese año, cuando Louis Brandt creó su taller de relojería, hasta 1994, cuando Omega celebró dos importantes conmemoraciones (el centenario de la marca y el 25o. aniversario del primer alunizaje), la marca ha pasado por etapas que, hoy por hoy, se constituyen en parte de una historia marcada con el tiempo.

La excelencia comenzó a dar los frutos que se extendieron hasta otros países del mundo: en 1896, por ejemplo, el primer gran éxito de los relojes Omega, les permitió recibir una medalla de oro en la Exposición Nacional de Suiza, en Ginebra. Un año después fue en la Exposición Internacional de Bruselas y en 1900 en la Exposición Universal de París donde el reloj de oro macizo, el Templo Griego, se erigió como uno de los más representativos de la época.

Incansables, creativos y dotados con una alta dosis de buen gusto, los artesanos continuaron con la tarea de ofrecer relojes sobrios, elegantes, e incluso, insólitos como el reloj-joya de mujer creado para la Exposición de Artes Decorativas de París.

Resultados exitosos que van más allá de los innumerables premios y que se refleja en una tradición relojera que, con el paso del tiempo, continúa entre las preferencias de los amantes del buen gusto.

En una rosa Nueve mil piezas de oro amarillo blanco y acero; 16 módulos de los cuales 14 son desmontables; 32 funciones diferentes y toda una historia universal marcada en las manecillas de un reloj, conforman La Rosa de los Tiempos, una obra de arte que, hace 12 años, le ofreció un alma al tiempo...

Su elaboración, que se hizo realidad en 1984, requirió para su creador, el parisino Dominique Loiseau, 10 mil horas de trabajo. Al final, la obra se constituyó en un homenaje para el fundador de su marca: OMEGA.

El reloj, más allá de dar la hora, es el resultado de un complejo trabajo técnico y artístico que, incluso, indica la ecuación del tiempo, las fases de la luna, el movimiento de las estrellas, el calendario (programado hasta el 2012), termómetro, higrómetro y zodiaco. La Rosa de los Tiempos, representa una flor que abre sus pétalos de oro en media hora y los cierra, uniformemente, media hora después.

Relojes de colección Cuando se trata de la mejor colección, las imágenes dicen más que las palabras .

1894, surge el reloj conmemorativo del centenario de la marca Omega. Serie limitada de 1894 piezas de oro rosado, cristal de zafiro irrayable, esferas e índices de oro rosado, impermeable hasta 30 metros, pulsera de cocodrilo y hebilla de oro rosado.

El Speedmaster conmemorativo tipo esqueleto de platino. Serie limitada de 50 piezas numeradas y grabadas con la inscripción que lo identifica.

El reloj de pulsera con torbellino central tiene una caja de oro amarillo, rosado o gris de 18 quilates, mecanismo automático, discos de zafiro, esfera de oro de 18 quilates plateada con labrado de Guilloché.

El cronógrafo con ratrapante 24 líneas, es una serie limitada de 150 piezas de oro amarillo, calibre de época, manual, con cristal de zafiro irrayable y antirreflectante. La corona es de oro amarillo, esfera de diferentes niveles, color champagne, con labrado en Guilloché.

Para la aventura En el mundo de la aviación Omega recibe su bautizo durante la Primera Guerra Mundial. En esa ocasión equipó, con los relojes más resistentes y confiables, a los ejércitos del aire francés, británico y americano.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la marca fue elegida, de nuevo, por la Royal Air Force para acompañar a los miembros de su tripulación.

En 1933, los 25 hidroaviones del mariscal Italo Balbo saltaron a la primera plana de la actualidad con su raid Roma-Chicago-Roma. En 1937, la aviadora americana Amelia Eahart logró la vuelta al mundo siguiendo el Ecuador, también sobresalieron los instrumentos Omega por su avanzada tecnología y confiabilidad.

En el espacio Con el reloj Omega Speedmaster, el tiempo le dio paso al espacio .

El modelo de fabricación normal y de uso corriente se posicionó como el reloj oficial de la NASA hasta el punto de lograr una confiabilidad del 99.99 por ciento. Todo entra en el juego de la exactitud: aguantar los cambios de temperaturas que iban de -18 hasta 93 grados centígrados sólo soportables por los astronautas en sus misiones.

Nada fue gratuito. En 1965 fue catalogado como el reloj oficial de la NASA y en 1970 pasó a la gloria por ser el primero y único utilizado en la Luna.

El diseño funcional del Speedmaster permitió que los astronautas del Apolo 13 cronometrarán, con precisión, el tiempo que debía durar el encendido de los motores y los minutos para enrumbar los cohetes que los traería de regreso. Esa tecnología, hoy se ve reflejada en la película Apolo 13, donde el actor Tom Hanks utilizó un Omega.

Joyas de la relojería Cuando la inspiración entra en el proceso de elaboración de un reloj Omega, el resultado es una verdadera joya...

Desde la época del Art Nouveau y del Art Deco, Omega acompañó a los caballeros con sus relojes de bolsillo esmaltados con incrustaciones de oro. A las damas también les dió el gusto de tener relojes de pulsera con decoraciones únicas.

Eso se aprecia en el museo de Omega. Una creación de filigrana hecha de oro, diamantes, perlas y rubíes que se constituye en una de las joyas de la colección de lujo. Las piedras preciosas son más visibles a medida que se acercan a la mitad de la pulsera, donde se encuentra el reloj bastante decorado.

Así mismo, el Art Deco inspiró a reconiocidos orfebres quienes construyeron joyas de la relojería. En 1925, lanzaron brazaletes para mujer que aún siendo un reloj, parecían una joya fina.

En la década del cuarenta, la moda dió un vuelco total. Las joyas sencillas, nada extravagantes, fieron el centro de atracción. Una mezcla de arte, joyas y relojería.

Descubriendo las profundidades En 1994, el Seamaster Professional Chrono Diver, fue el reloj del año, ya que se convirtió en el único capaz de llegar a profundidades de más de 300m/100 pies. Decorado con aplicaciones de oro y creado especialmente para el mar es una pieza que, desde ya, es el prototipo del futuro.

A esa evolución de Omega se une la expedición científica FARE que instaló un submarino en la mitad del Océano Atlántico para realizar estudios. La misión, que comenzó el 25 de julio de 1988, le permitió participar como patrocinador con el reloj Seamaster Professional 200m que acompañó, con éxito, a tres buzos que realizaron la investigación.

Y es precisamente un Omega Seamaster, el reloj que escogió el actor Pierce Borsman en su personificación como nuevo James Bond en la película Golden eye.

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