ASÍ FUE LA AGONÍA DEL YA DIFUNTO TPB

ASÍ FUE LA AGONÍA DEL YA DIFUNTO TPB

A partir de 1996, el Teatro Popular de Bogotá (TPB) entrará formalmente al baúl de los recuerdos. La semana pasada, las directivas del teatro encabezadas por su actual directora ejecutiva, Gloria Triana, se reunieron para declarar el concurso de acreedores, lo que en términos estrictos se asimila a un concordato.

19 de diciembre 1995 , 12:00 a.m.

Ninguna de los propósitos y propuestas que Triana hizo a lo largo del último semestre fueron suficientes para salvar una de las instituciones culturales más importantes y activas de la ciudad en los últimos 25 años. Al parecer, lo único que se logró fue prolongar su agonía. Triana se negó a desconectar el respirador artificial de una institución que estaba financieramente liquidada, siempre con la esperanza de que llegara el dinero salvador, pero este nunca llegó. El TPB no tuvo ni siquiera Niño Dios.

La esperanza que Triana abrigó en todo este tiempo estuvo aferrada al proyecto Un ciudadano mejor , que presentó al Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT) el 15 de febrero de 1995. Este proyecto se diseñó pensando en el programa de cultura ciudadana que impulsa la administración de Antanas Mockus. Estaba dirigido a las escuelas y colegios distritales y consistía en dar un curso mediante talleres, obras teatrales y películas del repertorio universal para crear una nueva mentalidad en los futuros ciudadanos.

El proyecto fue aprobado por Paul Bromberg, director del IDCT, el 6 de junio de 1995, como consta en una carta que le envió a Gloria Triana. Pero ese dinero salvador nunca llegó, o mejor, no podía llegar. Bromberg pagó la novatada y así lo reconoce.

Estábamos acostumbrados a otorgar contratos pequeños que por su monto no necesitaban ser sometidos a licitación. Sin embargo, con los nuevos proyectos, el valor de los contratos creció y tuvimos que someter todo a licitación. Por esa razón fue necesario abrir un concurso para otorgar los contratos. Recibimos 22 propuestas y entre todas vimos que la mejor era la del TPB. El contrato se le otorgó, pero para la transparencia de la contratación, el Estado no puede contratar con una entidad que está en período de prequiebra. Era necesario que el TPB demostrara cierta solvencia económica. Hay que tener en cuenta que se trata de un proyecto que necesita entre 300 millones y 400 millones de pesos para el primer año la deuda del TPB se acerca a los 650 millones de pesos. No fue posible encontrar alternativas jurídicas. Buscamos todas las opciones posibles, pero no encontramos ninguna. Me equivoqué por no conocer muy bien las consecuencias jurídicas que se desprendían de este proceso , asegura Bromberg.

Comedia de equivocaciones Fue una demora larga, el TPB esperó casi un año su carta salvadora. Esa que oficializaba el contrato salvador nunca llegó y una sucesión de extraños hechos convirtió el final del TPB en una especie de comedia de las equivocaciones, que comenzó el 29 de noviembre, día en que se cumplió el plazo dado por la Fiduciaria Scala para comenzar los remates. El 4 de diciembre, Gloria Triana se comunicó con el Instituto para saber si estaba lista la carta que oficializaba los términos del contrato con el IDCT, porque de lo contrario tendría que declarar la quiebra formal. No hubo razón alguna. El 5, la junta directiva del TPB declaró la quiebra. El 6 de diciembre, funcionarios del IDCT se comunicaron con el TPB para enviar la carta. Triana les dijo que ya no era necesario, que el TPB se había declarado en quiebra. Pero el 7 de diciembre llegó un fax al TPB en donde le indicaban que para formalizar el contrato debían certificar su solvencia económica. Para ese día, un verdadero chiste cruel.

Al parecer el destino del TPB era inevitable, necesitaba el dinero para salir de la quiebra, pero no se lo daban por estar en quiebra. El problema ahora es la Sala Odeón es el teatro que funciona en el TPB, la cual seguramente será rematada. Las otras deudas se pagarán con el producto de la venta del edificio donde funcionan las oficinas.

Afortunadamente, el Concejo de Bogotá declaró la sala del teatro como patrimonio arquitectónico de la ciudad, lo cual impide que el edificio desaparezca. Sin embargo, las autoridades públicas no pueden hacer nada más por el TPB como institución Juan Carlos Flórez, concejal de Bogotá, declaró, hay que hacer la diferencia entre el TPB como institución y otro como edificación. La institución se quebró como el resultado de una mala gestión de sus administradores. Sus fundadores lo dejaron a la deriva. En su momento recibió los beneficios que la ciudad le podía otorgar, como exenciones de impuestos, auxilios, etc. Se puede comprar el edificio, pero esto puede crear un problema como antecedente, especialmente con otras salas de la ciudad. Solo queda la solidaridad de la empresa privada, porque la ciudad no puede pagar estos desaciertos .

El TPB se acaba y en el teatro colombiano hay pena. Fanny Mikey, directora del Festival Iberoamericano de Teatro, y una de las fundadoras del TPB aseguró: Me da mucho dolor que eso suceda. Allí se escribió parte de la historia del teatro colombiano, con obras como I Took Panamá o La muerte de un agente viajero .

Mikey considera que el Distrito o Colcultura deberían adquirir la sala para que sirviera de escenario para los grupos de la ciudad que no tienen una sede permanente. Su idea queda en el aire. Pero falta ver qué sucede en 1996.

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