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LA PAZ O LA POBREZA ABSOLUTA

LA PAZ O LA POBREZA ABSOLUTA

Al sol de las 2 de la tarde en el carreteable de entrada reverberan los cascajos y el paisaje es una inhumanidad. Probablemente algo parecido escribió Juan Rulfo en su novela Pedro Páramo o en El Llano en llamas. La Paz, a caballo en una loma granujienta, está formado por tres mil quinientas viviendas. Y uno de sus sectores donde estuvo EL TIEMPO, se llama La Paz-La Torre, con 780 familias habitantes y tres mil quinientas personas sin contar los niños .

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Situado al sur, por la avenida Caracas, frente a la Escuela de Artillería, su desarrollo es el mismo vivo ejemplo de cómo surgieron en Bogotá la mayor parte de las urbanizaciones piratas: un predio de tierra estéril, en aparente o real abandono, y uno o muchos propietarios, poseedores o invasores que venden lotes a precios al alcance de cualquier bolsillo, incluidos los de ayudantes de albañilería, celadores y vendedores callejeros, sin darle a nadie más que un papel donde costa la suma entregada.

Conforme a lo que dicen los habitantes, los terrenos pertenecen al Fondo Rotatorio del Ministerio de Justicia, y en parte a Enrique Sampedro Borda. Son muchos los lotes vendidos dos y tres veces, igual a como sucedió en Jerusalem, el enorme asentamiento de Ciudad Bolívar.

El agua y la luz son de contrabando más o menos consentido. Las calles --trazadas por la propia comunidad, algunas de ellas en escalera-- están en tierra bruta. Las casas de material están menos que en obra negra. Hay bastantes en paroi, en tabla y en lata. Ciento veinte de esta última calidad se encuentran en un zanjón por cuyo centro corren las aguas negras, que se rebosan al menor aguacero y se meten a las casas. Otras tantas se hallan en la zona roja , es decir en la franja de terreno situada bajo las líneas de alta tensión de la energía eléctrica.

El presidente de la junta de acción comunal, Miguel Angel Caicedo, dice que hay un compromiso con la Empresa de Energía de Bogotá (EEB), que instaló un transformador, para dar servicio domiciliario, al precio de cuatrocientos cincuenta pesos mensuales. La junta paga medio tiempo de salario mínimo a un técnico local encargado del mantenimiento y cobra cien pesos por familia. El alumbrado público consiste en bombillitos a la puerta de tal cual casa.

El agua llega por mangueras, conectadas a la red de un barrio vecino. La Empresa de Acueducto y Alcantarillado, añade Caicedo, llevará el agua al centro del barrio, y cobrará a la comunidad cuotas de ochocientos treinta pesos mensuales.

La EAAB dice que para construir el alcantarillado es indispensable sacar las viviendas existentes en el zanjón. (Se está procurando su reubicación.) Los sanitario son pozos sépticos.

Cuentan con dos teléfonos públicos gratuitos, uno de ellos mensajero.

Cuando entra una llamada, el presidente de la junta Caicedo o su señora llaman por el altoparlante o a grito entero .

Pagan de a cinco mil pesos a dos bachilleres que dictan clases en un colegio apoyado por la Asociación Cristiana de Jóvenes y por los Hermanos Maristas, en una construcción tomada en arrendamiento. Pero, dice Caicedo, nos nació la idea de construir nuestra propia escuela, para que el Gobierno nos preste la manito con los profesores el año entrante .

Compraron el terreno por quinientos cincuenta mil pesos. En una miniteca reunieron cincuenta mil pesos de cuota inicial y esperan conseguir otra cuota con el balance del reinado en que participan ocho niñitas de siete a doce años. El industrial Jaime Lombana Ordóñez les regaló las aulas prefabricadas, que costaron quinientos cincuenta mil pesos y serán instaladas el 16 de septiembre.

La idea de nosotros --dicen Caicedo y Gabriel Agudelo, un costeño de Sahagún, también directivo--, es pagar lo antes posible, para meternos en otro lote, a fin de agrandar la escuela y construir un comedor comunal o el puesto de salud .

Caicedo advierte que tampoco pueden ir a mucha velocidad, pues la comunidad colabora, pero por allá cada mes .

Necesitan un Comando de Atención Inmediata (CAI) y, para el efecto, confían en la promesa de ayuda por parte del ministro de Gobierno, Julio César Sánchez.

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