DE TROMPAS Y TROMPADAS

DE TROMPAS Y TROMPADAS

En Colombia nos volvimos locos. No solo hablamos solos, sino que hablamos mucho. Todos contra todos. Hay quienes cierran los ojos y no les importa siquiera con quién hacen el amor. En cambio otros sí se fijan bien a ver a quién le hacen la guerra. Así parece estar este país donde definitivamente hemos confundido los términos. O mejor, andamos en malos términos. Se ha trocado el valor de las palabras. Como les ocurrió a aquellos soldados de la patria, que seguramente escucharon decir que las manifestaciones estaban infiltradas y que tocaba aprehender camaradas. Entendieron que tocaba emprenderla contra los camarógrafos. Claro que en un ambiente como aquel, con los nervios hechos nudos, cansados, los soldados no ofrecen uvas, y la culata y el puntapié están a un paso, y a los soldados no se puede decirles sonría, por favor para que lo vea su madrecita . Quién sabe. En todo caso, calma y respeto, soldados.

31 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Pero sigamos con este país contradictorio. Aquí hay muchos que no solo tienen los más caros automóviles último modelo, sino igualmente los más sonados autos de detención, y no van a la Modelo. Antes se hablaba de funcionarios probos. Ahora, de millonarios robos. Antes recibían condecoraciones; hoy afrontan investigaciones. Antes se decía que un fulano fue postulado; hoy, que cometió peculado. Antes se acataba al Presidente, ahora se ataca al Presidente.

Se confunde un RH con un HP. Por eso las mujeres de fácil acceso sentaron sus posiciones y pusieron en peligro la posesión del Defensor del Pueblo. Tenían derecho a embejucarse (y perdóneseme el término tan suave). Es verdad que a esas mujeres hay que hablarles a calzón quitado, y a veces largo y tendido. Pero cómo se le cocurre al doctor José Fernado Castro Caycedo decir que para que se puedan quitar el liguero, tenían que ligarse. O sea, para que los hombres cayeran en sus trampas debían sellarse las trompas. Fue una propuesta muy baja, o muy vaginal. Y ofensiva, porque a esas mujeres lo único que se les puede violar son sus derechos, pero ellas los defienden poniendo el pecho, a cuerpo limpio.

Es más que cruel decirle a una mujer que por decreto no puede ser madre, así ella haya tenido que llegar al ejercicio y vaya ejercicio el que les toca del oficio más viejo del mundo. De modo que aquellas mujeres, ante semejante propuesta tan hijuepuente, no se iban a dormir sobre los laureles, sino que conspiraron ( les suena?) en busca de tumbarlo. Dios no quiera, porque para un hombre público es desastroso que digan que lo tumbaron las mujeres públicas. Sin duda, y pensando en otro caso, es un poco más digno que se diga que lo tumbaron los gringos. Pero a Dios gracias a ese antipatriótico episodio ya no llegaremos.

Pero hay algo más escalofriante. Qué tal que a alguna ofendida se le ocurriera pedir que más bien a los libertinos se les aplique el apellido del nuevo Defensor? Ayayayai, que me tiro al río. Eso les pondría las aquellas en el cuello a los aquellos. En todo Castro, qué digo, en todo caso, que no panda el cúnico. Hay que medir las palabras. Con las niñas citadas, ni que lo odien a uno como al peor enemigo, ni que lo quieran como a un hijo...

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