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LA TUBERCULOSIS ANIQUILA A ZUMBE

LA TUBERCULOSIS ANIQUILA A ZUMBE

El silencio de Zumbe sólo es roto por la tos interminable de sus habitantes. Nadie habla, nadie se queja, pero esta vereda de La Palma (Cundinamarca) se muere de tuberculosis y abandono.

Nadie recuerda cómo ni cuándo llegó la epidemia. Ese silencio de sus habitantes, muchos de ellos encorvados por el dolor abdominal que causa la enfermedad, no ha permitido expresar la tragedia de este pueblo.

El alcalde de La Palma, Jairo Melo, dice que el asunto parece mentira y, por eso, la ayuda no ha llegado. Ninguna de las 35 familias de la vereda se escapa del mal.

El drama fue revelado por la redacción Nacional de EL TIEMPO. Este fin de semana, el Ministerio de Salud informó que no tenía mayor conocimiento sobre el asunto y que es competencia de las autoridades regionales y locales.

La Secretaría de Salud de Cundinamarca tampoco conoce de Zumbe, pero dice que ese problema local debe ser prioridad del alcalde .

Melo sostiene que la vereda alcanza hoy el índice de tuberculosis más alto de América Latina, aunque no se haya verificado si los organismos internacionales de salud disponen de la información pertinente.

Mientras tanto, voceros del hospital de La Palma aseguran que la afirmación es exagerada, porque no hay más de 15 pacientes en toda la región.

En Zumbe, ese caserío construido en guadua y de piso de tierra, nadie se queja ni pide ayuda. Muchos desvarían.

En medio del barro, los pequeños corren desnudos o como Viviana, una niña de cabellos largos y amarillos, que viste pantaloneta y una camisa raída. Como pocos habitantes del pueblo, ella tiene alpargatas.

El promedio de vida es de 40 años, los adultos parecen ancianos y sólo quedan 27 niños en una población de 250 personas.

Nunca se irán Eresmildo Zárate, un funcionario de la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata) y quien realizó un estudio de la zona para buscar las posibles soluciones, es testigo de esta pobreza.

También del desgaste de la tierra que es quemada luego de las cosechas. Los zumbeños no creen en extraños que vengan a enseñarles cómo hacer su labranza.

Por estos lados no se sabe de energía eléctrica ni acueducto. Las aguas son conseguidas en el cercano río Zumbe, afectado por los deshechos de las actividades domésticas de los propios moradores.

El gobierno alemán estudia un empréstito para que la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá surta esos servicios, proyecto que sería cofinanciado por la Red de Solidaridad de la Presidencia, el Fondo de Desarrollo Rural Integrado (Dri) y la Udeco.

Los zumbeños sufren deformaciones por la desnutrición, el dolor que produce la tuberculosis en el cuerpo y porque duermen sobre tablas o guaduas, muchas veces arropados con costales. La aguadepanela y las arepas de maíz son la única alimentación.

Las brigadas de salud han resultado insuficientes. Ningún campesino de la zona piensa en los antibióticos que controlarían esa enfermedad infecciosa y contagiosa que afecta, entre otros órganos, los pulmones, los riñones y las vértebras.

Para curarse, las mujeres cocinan el agua del río y cinco piedras, la dejan reposar y luego se bañan. Eso nos quita los males, mejor que las aspirinas y Alka Seltzer que de vez en cuando nos trae un sabio... .

Las mismas gallinas mueren del mal. Los habitantes de la vereda no dan razones pero se abstienen de comerlas. Los perros, gatos y hasta un marrano se muestran esqueléticos y huyen ante los extraños.

Pese a todo, los zumbeños afirman que de estas tierras nadie los saca, porque con nuestro cuerpo podemos abonar la tierra .

Sobre todo, porque la mayoría de ellos no conoce otro mundo que esta vereda, donde, como dice el técnico Zárate, la soledad mata a la primavera .

El cuento de Sergio Ella ya murió, pero Sergio Garzón dice que estoy levantando esta casa para arrejuntarme con la novedad de la mujer que tengo vista .

Su testimonio confunde porque luego reconoce que una úrsula , úlcera gástrica, le arrebató a la que tanto quería. Sin embargo, este hombre que tiene sangre en su dentadura, sigue amarrando la guadua y la paja de su futuro rancho. Su única compañía ahora es una gallina.

Garzón, como otros habitantes de la vereda de Zumbe, habla del patrón , un personaje que sería el dueño de las tierras. Alguien que nadie ha visto, pero que todos esperan.

Cada quien vive su cuento. María, una joven que se casó con un habitante de Zumbe y ahora está en medio del drama.

De resto, el pueblo parece enmudecido por la enfermedad.

Aquí se sobrevive a la espera de las cosechas de raquíticas plantaciones de maíz y caña, que dejan 90 mil pesos por familia, dos veces al año. Es el único ingreso para subsistir 6 meses.

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