CON CUIDADO

Las democracias rechazan con firmeza, y con razón, cualquier medida que lesione, poco o mucho, la libertad de prensa. Comprensible, pues ésta es un derecho fundamental consagrado en la Constitución.

30 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

En Colombia, bajo los últimos gobiernos, especialmente el presente, ha reinado un clima de imparcialidad en que se respeta hasta lo indecible la libre expresión en cualquier medio de publicidad. No podemos desconocer que los medios incurren en excesos, errores y abusos.

El actual Gobierno, hasta el momento, puede enseñar en lo referente a la libertad de crítica, una amplitud que aun sus más empecinados contradictores le reconocen. Dentro de ese respeto mantenido frente a la prensa sería, además de desagradable, poco inteligente auspiciar cualquier intento de control a los medios televisivos, así sea éste muy suave.

No falta razón a quienes consideran que se puede causar horror a los televidentes cuando se muestran escenas sangrientas, dramáticas, casi repugnantes de hechos cometidos en la zonas de guerra o de conflicto en el sur del país. Pero el riesgo de incurrir en un control que tiene claro sabor a censura es algo que la Comisión de Televisión debe evitar a toda costa.

Lo que sí se hace imperativo es pedir a los directivos de los noticieros, de los periódicos, en general de los medios, serenidad y mucha prudencia. Que no se oculten los hechos graves, pero que no se exagere en mostrar escenas escalofriantes, que son vistas por niños y adultos. O que se tenga mayor cuidado con la inconciente apologia de la violencia. Con ello se va lesionando lentamente el sentimiento nacional, como una gota que de tanto caer horada la piedra.

Pero en todo caso la censura no puede asomar sus fauces. Y en este sentido resulta especialmente preocupante los proyectos de ley en la Camara para reglamentar los noticierios de television.

Por eso pedimos que se rechacen estas peligrosas iniciativas en el Congreso, que le causan grave daño a su imagen y que ya han suscitado protestas internacionales. Los directivos de los medios por su propia cuenta se sabrán regular. Porque, repetimos, está muy bien no ocultar los hechos, pero estará muy mal exagerarlos o aprovecharlos con propósitos proclives.

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