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NI VENCEDORES...

NI VENCEDORES...

Pasada la tormenta, la función fundamental de los colombianos, del Gobierno y de toda la nación, es restablecer la convivencia. La importancia de sobrepasar las dificultades, las discrepancias políticas y aun jurídicas sobre infiltración de dineros del narcotráfico, es recobrar todos partícipes o no del debate, el sentido de convivencia. Es fundamental no dejar heridas, no inculcar odios, no romper la urgentísima cordialidad que debe reinar entre seres nacidos en una misma patria.

El debate fue duro, y continuará siéndolo; pero lo que da piso para conseguir una prosperidad que provenga del trabajo, es continuar discrepando, si se quiere, seguir discutiendo, pero todo dentro de un espíritu amable, que no altere los ánimos ni estimule actitudes salidas de tono.

Ya vimos cómo unos ilustres dirigentes, entre ellos dos militares retirados, tuvieron que rectificar una frase que en el calor de la discrepancia se encaminó a fomentar, aunque ellos no tuvieron esa intención, las soluciones extra constitucionales para poner fin a un debate que transcurrió dentro del cauce jurídico necesario.

Todo ello indica que aprovechando estos días de tranquilidad, cuando se pregona la paz, lo aconsejable es que nadie se sienta vencido, pero tampoco nadie se considere vencedor. Estamos seguros de que en esta disputa, quienes intervinieron para atacar duramente al Presidente son colombianos de bien, amantes de su patria, y que pretendieron con su actitud hacerle un favor a Colombia.

Con igual propósito procedieron aquellos que se levantaron en defensa del Jefe del Estado. Como escribimos anteriormente, esta pugna, por razones que no alcanzamos a explicarnos a fondo, adquirió ribetes de apasionada discusión. Hasta gente de reconocida capacidad intelectual y espíritu de tolerancia, perdió los estribos.

Por eso clamamos por que regrese el sentido de convivencia. Ese que pidió en gesto de grandeza una ilustre dama golpeada por la tragedia, al exigir que no se agudicen los odios sino, por el contrario, que se impulse el espíritu contemporizador y solidario para que las dificultades de nuestra patria se puedan solucionar dentro de un ambiente de cordialidad, en que las ideas no se expongan con frases hirientes ni palabras altisonantes e injuriosas que de nada sirven, cuando existen razones sólidas y argumentos ajustados a la Constitución.

La época es propicia para la paz. Y ésta debe reinar aunque las ideas no se expongan ni se encierren férreamente dentro de un estrecho criterio. El desarrollo de la historia muestra cómo la paz solo se enriquece cuando hay diferencias en los puntos de vista, graves o no, pero que se logran zanjar de acuerdo con la ley, imponiendo en todas las actitudes un sentido de justiciera cordialidad. Se puede condenar sin agredir, o absolver sin agraviar.

Por esa razón creemos que, para los tiempos que vive Colombia, debe imponerse la norma de que no haya ni vencedores ni vencidos. Todos acatamos los principios jurídicos. Y aunque vayan contra lo que uno cree justo defender, no hay manera de quebrantarlos. Es el principio de la democracia, que afortunadamente ha imperado en los últimos años de la historia de nuestra patria.

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