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PASOS EN FALSO

PASOS EN FALSO

Por una vez, esta columna será una colcha de retazos. Siempre hay cosas que se quedan en el tintero. La Justicia. A pesar del Procurador, del Fiscal, del Veedor, del Defensor del Pueblo, de la Corte Constitucional y de todo cuanto nos dejó la nueva Constitución, o tal vez por eso mismo, nada es claro allí. Nada es límpido en este laberinto de figuras, interpretaciones y fueros contrapuestos.

Los auxilios, por ejemplo. Si obrara el sentido común, que tiene un parentesco tan grande con la justicia, los concejales o congresistas que se apropiaron de estos dineros para financiar sus campañas, o para beneficio de sus parientes, deberían estar en la cárcel. Y los que nada se robaron, deberían estar libres. Es una verdad de Perogrullo para todo el mundo, salvo para ciertos magistrados, jueces o fiscales.

Ahí tenemos detenidos, además de unos cuantos concejales, al ex alcalde Juan Martín Caicedo y a los ex secretarios de Hacienda del Distrito, Marcela Airó de Jaramillo y Luis Ignacio Betancur. Son chivos expiatorios, víctimas de barrocas elucubraciones jurídicas florecidas en el difícil tránsito de una Constitución a otra. Cada instancia ha puesto allí su perla.

Primero, el juez Lozano. Aprendiz de brujo, decidió que los auxilios estaban prohibidos por la Constitución del 86 y por la nueva, sin tomar para nada en cuenta los criterios expuestos por la Corte Suprema de Justicia, cuando declaró inconstitucional un precepto incluido en el Decreto 3133 de 1968.

Luego, el Tribunal Superior de Bogotá resultó confirmando el auto de detención al ex alcalde y a los dos secretarios de Hacienda por razones completamente diferentes de las del juez Lozano. El Tribunal, en efecto, sostuvo que el artículo 355 de la nueva Carta era intemporal: se aplicaba a los auxilios del futuro y a los del pasado. Semejante tesis fue descalificada por las propias actas de la Constituyente, por la Fiscalía de la Nación y luego por la Corte Constitucional. Era claro que la prohibición solo regía para los auxilios posteriores a 1991. No obstante, por culpa de aquella tesis errada, y la del juez Lozano, Juan Martín, Marcela Airó y Luis Ignacio Betancur permanecieron injustamente detenidos durante 90 días.

Y finalmente, para completar este sainete judicial, aparece ahora otra interpretación de la Fiscalía, en virtud de la cual son injustamente detenidos, de nuevo, el ex alcalde y sus dos secretarios de Hacienda, y un cierto número de concejales, tras un estruendoso operativo policial. Todos tenemos un alto concepto del Fiscal Gustavo de Greiff. Y justamente por saberlo un hombre íntegro y riguroso, esperábamos que se hiciera la debida distinción entre ladrones e inocentes. Pero no. La Fiscal 48, que parece una versión del juez Lozano con faldas y cuello de piqué, agregó al collar otra perla.

Con la misma temeridad interpretativa de Lozano, la Fiscal decidió que el peculado por apropiación no es, como todo el mundo lo piensa, embolsillarse los dineros públicos, sino hacer uso de ellos cuando no hay normatividad preexistente. Según esta tesis exótica, los auxilios distritales nunca fueron legales, cosa por demás discutible. Y como ellos existen desde 1969, habría que detener también a muchos personajes, entre ellos Palacio Rudas, Daniel Mazuera, Augusto Ramírez Ocampo, Durán Dussán, Andrés Pastrana y docenas de ex concejales, incluyendo a Ernesto Samper. A todos estos honrados amigos tendríamos que llevarles uvas y galletas a Facatativá, mientras los narcos, los sicarios, los guerrilleros y los corruptos de verdad continuarían sueltos. Si la Fiscalía no lo hace, cuando en realidad están bajo el peso de la misma inculpación que determinó la detención de Caicedo Ferrer, incurriría en el delito de prevaricato por omisión. Descartes merece esa reverencia.

Qué país el nuestro! Nunca agota nuestra capacidad de sorpresa. Por ejemplo, pasando de la justicia a la política, nos toca asistir ahora a la extraña metamorfosis del doctor De la Calle Lombana. No es cualquier cosa ver al ex ministro en el carnaval de Barranquilla, bailando meneíto, abrazando viejas y ofreciendo la vicepresidencia a algún barón de la Costa. Siempre he creído que hay cierta diferencia entre una campaña presidencial y un campeonato de fútbol o un reinado de belleza. En estos últimos priman, sobre cualquier otra consideración, las emociones y fidelidades regionales.

Ahora bien, en la Costa (lo sé como barranquillero de adopción), hay un profundo divorcio entre la clase política y el sector cívico y gremial. La primera, con rarísimas excepciones, es desastrosa. Lo ha quebrado todo. El sector privado es, en cambio, el verdadero motor del progreso, el que ha cambiado la cara de Barranquilla o Cartagena, el que ha liderado su desarrollo. Desgraciadamente, el candidato a vicepresidente saldría de la clase política y no de este dinámico sector, ajeno a la compra de votos, a los chanchullos, a la voracidad burocrática y demás prácticas que han hecho metástasis en las administraciones departamentales y municipales de la Costa. Será mejor que a este respecto el doctor De la Calle no se quite tan rápido su hojita de parra. No quisiéramos amanecer un día gobernados por una fiel copia del senador Name.

Esa inocente hoja de parra, por cierto, no la tiene ya la Convención Liberal a juzgar por una noticia de prensa: de los diez delegados que asistirán a ella por Boyacá, ocho pertenecen a Perico Cárdenas y dos a María Izquierdo. Es una representación de su respectiva clientela electoral. María la conquista a pulso y con ayuda de sus cuerdas vocales. Perico, desde París, defendiendo su alta cuota burocrática. Por teléfono, cosa sorprendente. La próxima vez que lo vea, le regalo un sombrero de mago, si no es que Ernesto Samper ya le regaló uno.

Y para terminar, hablando de cosas más etéreas, me deslizo por la puerta de atrás al homenaje de los escritores colombianos a Belisario Betancur. Digo por la puerta de atrás, porque olvidé pedirle a María Mercedes Carranza la doble credencial de escritor y amigo de Belisario, que ella distribuye según su capricho. Pero no importa: en esta corrida se admiten espontáneos, tanto más que los diestros del cartel podrían llenar un anuario telefónico. Siempre he creído que el ex presidente pertenece más a nuestro mundo que a la política. En el poder, o fuera de él, ha sido un encarnizado promotor y protector de la cultura. Ciertas iniciativas suyas que hoy impugno (y no entonces, por cierto), como la sistemática política de diálogo con la guerrilla, las tomo por una creación poética suya. Además, admito que en su momento era válida. De todas maneras, uno puede disentir políticamente de los amigos, sin dejar de serlo. Es, por cierto, un viejo signo de la vida colombiana. Los lagartos, en cambio, suelen ser incondicionales.

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