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LOS HOMBRES DE LA SAL

LOS HOMBRES DE LA SAL

Algo así como entrar a un caracol. Apenas se pisan los recintos de la Catedral de Sal de Zipaquirá se siente un extraño vaivén de olas frías que traen el rumor del mar que hace 15 millones de años se extendía por mucho de lo que ahora se llama sabana de Cundinamarca.

En esta zambullida puede respirarse por la boca y sentir que en la lengua y el paladar se adhiere un nuevo sabor nunca antes percibido. Es ese mismo sabor que martilleros, perforadores, malacateros, herramienteros e ingenieros que, a fuerza de 71 toneladas de explosivos, lograron en cada espacio y detalle de una obra única.

No hay una sola línea, una sola circunferencia que no haya surgido del cálculo de cada explosión, allá tan adentro de la tierra. Sin importar qué tan pequeño o delicado fuera el trabajo, la dinamita se usó de manera precisa para transformar rocas de tamaños descomunales en cruces, reclinatorios, arcos, cúpulas y escalones.

El renacer de esta maravilla empezó hace 10 años cuando Jorge Enrique Castelblanco, Jorge Agudelo, Alvaro Gómez Hurtado (qepd), y los ingenieros del Instituto de Fomento Industrial (IFI)-Concesión de Salinas, se decidieron a soñar con una nueva catedral ante el deterioro e inminente cierre de la original.

En 1975 se realizó el primer estudio que demostró el irreversible proceso degenerativo de la mina, abierta un siglo antes, y, por lo tanto, se planteó su cierre. Cuando Castelblanco y Gómez Hurtado presentaron otros estudios en 1979 se produjo una clausura temporal.

Pero sólo hasta 1982 nació la idea de reubicar la catedral y no dejar desaparecer ese patrimonio cultural. Castelblanco recuerda que propuse algo muy sencillo en ese tiempo, pero casi diez años después el Instituto sacó a concurso nacional el diseño arquitectónico de la nueva catedral. La propuesta del arquitecto Roswell Garavito Pearl obtuvo el primer lugar .

Castelblanco, quien en 1991 fue encargado por el IFI-Concesión de Salinas de la dirección técnica del proyecto final, concebía una réplica exacta de la antigua iglesia, mientras que Garavito pensó en incluir más elementos con una simbología especial. Sin embargo, la propuesta final se gestó con las ideas de ambos.

No obstante, la parte delicada, de mayor dedicación y maestría fue encomendada al tallador José Vicente Pinto García, de 72 años, quien participó en la construcción de la primera iglesia en la década del cincuenta.

Todas las tallas de la antigua catedral de sal fueron trasladadas a la nueva, sin ser alteradas en detalle alguno.

La catedral significa mucho para los zipaquireños, sobre todo para las familias de los mineros, puesto que la mayoría de los 127 hombres que construyeron las grandes cavernas, son hijos de pensionados de Concesión Salinas que hicieron la vieja catedral, y a su vez los padres de éstos trabajaron en la mina antes de que siquiera se pensara en realizar una iglesia bajo tierra , cuenta Castelblanco.

En las obras de arte que incluye la nueva catedral participaron escultores de El Taller de las Artes, Acrópolis, los maestros José Vicente Salamanca y Carlos Encizo, y la Compañía Gómez de la Vega, entre otros.

Castelblanco dice que además, sin la responsabilidad que debió asumir el ingeniero Alvaro Francisco Frías Acosta, director técnico del IFI, para que se cumplieran los innumerables contratos de la obra, habría sido imposible mostrar esta maravilla .

La antigua catedral Debido a las características de la mina donde estaba ubicada la antigua catedral, su vida útil era de 100 años, de ahí en adelante, el lugar empezó a vivir un proceso normal de envejecimiento que hizo reducir su resistencia y dimensión interior.

Por eso, la catedral solo duró 40 años, puesto que fue construida cuando la mina cumplía su primer siglo. Los años que estuvo abierta la primera catedral fueron horas extras de trabajo , dice asombrado Castelblanco, quien señala que el templo original fue levantado justo cuando la mina ya había cumplido su período de explotación.

La mina fue explotada de una forma tan rudimentaria que no me explico cómo pudo durar tanto tiempo. Las columnas que sostenían el techo de la catedral estaban tan deterioradas que los mineros las amarraban con cables de acero para evitar que se desplomaran. La iglesia, en sus últimos años, no era un monumento a la sal sino a la madera que sostenía las paredes , agrega Castelblanco.

En 1979, la catedral debió ser cerrada por primera vez, porque ya se habían presentado las primeras fallas estructurales. Fueron muchos los intentos que se hicieron para aplazar año tras año el cierre definitivo, hasta que finalmente el 5 de septiembre de 1993 no hubo más remedio.

La clausura se postergó hasta esa fecha mientras que se trabaja en las obras preliminares de la nueva catedral, iniciadas en 1990.

Comparativamente, la vida de la nueva catedral se prolongará de 200 a 300 años, según los estudios realizados durante seis años.

La Ingeniería de Minas dice que una explotación de sal debe tener como mínimo un factor de seguridad 1,75, sin embargo, la antigua catedral tenía apenas factor 1. La nueva, en cambio, alcanza el factor 3, lo cual significa que los zipaquireños le entregan al mundo una obra que brillará durante los próximos tres siglos.

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