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UN DELEITE PARA REPETIR

UN DELEITE PARA REPETIR

Así como hay películas del montón que uno quisiera para siempre olvidar, las cintas excepcionales por su calidad merecen ser vistas y apreciadas más de una vez. Cuando se goza plenamente aquella obra que viene precedida de comentarios elogiosos, las exigencias suelen ser mayores al constatar esa primera impresión y descubrir aspectos temáticos o detalles formales que frente al deslumbramiento inicial pudieron haber pasado inadvertidos.

El olor de la papaya verde, según Tran Anh Hung, es una impecable representación de las tradiciones orientales y del estilo de vida vietnamita en el interior de una residencia en Saigón. Su protagonista la niña sirvienta Mui quien diez años después se transforma en cenicienta enamorada realiza con sumisión todas las labores domésticas: sirve la mesa, trapea los pisos, riega el jardín, lava la ropa y aprende a cocinar.

Mientras que la virtuosa cámara francesa de Benoit Delhomme recorre y explora el ambiente descrito, se capta plenamente un medio familiar en silencio y se insinúan las diferencias sociales a través del grosero comportamiento del pequeño amo. Cuadro de costumbres matizado en sutiles detalles decorativos, con notas crueles como la del muchacho que vierte cera sobre las hormigas y anotaciones sublimes en torno de la composición musical.

Aunque el contexto político no existe, las circunstancias históricas atravesadas por Vietnam se sugieren a nivel auditivo sirena del toque de queda en la primera parte y estruendo de un avión de guerra en la segunda. También se presenta sin más comentarios el acentuado proceso de occidentalización en el entorno del pianista egresado de un conservatorio parisino.

Dos pequeñas historias paralelas contribuyen a resaltar su discreto encanto narrativo: aquella del viejo enamorado de la abuela viuda que vive siempre pendiente de ella y solo la ve furtivamente de espaldas antes de morir, y esa otra de una matrona que no logra callar su dolor cuando Mui quien le recuerda a la hija muerta se va.

Cámara de oro La codiciada distinción del mejor primer filme del año, que otorgan conjuntamente el Festival Internacional de Cannes y el sindicato francés de la Crítica de Cine, fue en 1993 para tan hermosísima producción franco-vietnamita. Entre los principales ganadores de certámenes anteriores, se destacan : El alambrista del chicano Robert Young, Stranger than paradise, del famoso experimentador Jim Jarmusch, Oriana, de la venezolana Fina Torres, Buenos Días Bombay, de Mira Nair y Totó el Héroe, del belga Jaco Van Dormael.

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