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NO INVENTO. PINTO LO QUE VEO

NO INVENTO. PINTO LO QUE VEO

La ocasión de una exposición retrospectiva representa para el artista tanto como para el espectador, una prueba de fuego. La posibilidad de apreciar desplegada en el espacio la labor realizada en el tiempo permite reconocer las obsesiones del autor, sus temas recurrentes, las técnicas que llegan a modelar su lenguaje, los desarrollos, los saltos, los retrocesos. Permite encontrar la trama del tejido que como un secreto proceso se construye en cada obra.

La exposición en la Luis Angel Arango es la más grande de cuantas haya realizado el pintor bogotano Santiago Cárdenas en su larga carrera artística de cerca de cuarenta años. Aquí podemos apreciar al pintor que comienza descubriendo el mundo de los objetos por el camino de Rembrandt y Vermeer, al que impone una distancia ante la escena plástica norteamericana en la cual se forma con una pintura plana, fría y austera. Al mismo que alternadamente se pliega y se rebela contra la realidad factual y la encubre, la que asume la ilusión visual para ampliar los límites de lo real.

En fin, el Cárdenas de los trajes, los enchufes y los alambres (en el que predomina el dibujo), es decir, el Cárdenas más conocido, está presente en esta muestra con el Cárdenas de los tableros, los cartones y las telas; junto al más reciente pintor de los grandes y espléndidos cuadros donde se evidencia la pasión colorística y la presencia de la naturaleza. Todas las facetas del artista están recogidas en esta muestra organizada bajo la curaduría de Ana María Escallón.

Luego de su permanencia de cerca de veinte años en Norteamérica, Santiago Cárdenas regresa a Colombia en 1965 graduado de pintor, dispuesto a pintar lo que ve, lo que le interesa: el mundo construido por el hombre, las huellas del homo faber. Pintar es encontrar cosas, como el arqueólogo comenta Cárdenas pero el pintor encuentra imágenes visuales que a veces es difícil traducir en palabras . Tratando de acercar el arte a la gente, Cárdenas acude a lo más próximo convencido de que el tema en sí no es importante, lo que sí tiene importancia son los elementos como la luz, la atmósfera. Vivimos entre estos elementos, entre cosas sencillas . A pintar esas cosas sencillas ha dedicado buena parte de su labor creadora Santiago Cárdenas: una mesa de plancha, un gancho de ropa, un vestido, un tablero escolar o un paraguas, integran el elenco de cosas que pueblan sus cuadros. Elementos que mirados con atención, con tanta atención como el pintor ha depositado en ellos, pueden tornarse en objetos extraños y misteriosos que callan, que esquivan silenciosamente su verdad. En el asombro de lo cotidiano reside buena parte del logro poético de Santiago Cárdenas.

Hay que pintar cuadros que no parezcan cuadros porque en la realidad hay imágenes más interesantes que en los cuadros .

Existe un sustrato irónico en la pintura de Cárdenas patente en los homenajes tomapelistas que el pintor tributa a artistas de otras épocas. En su Homenaje a Mosaccio, de 1969, vemos a Adán y Eva saliendo del paraíso en la misma actitud del cuadro del pintor italiano, pero en Cárdenas parece como si salieran de un restaurante o de un centro comercial. Eva, ataviada de minifalda y botas altas, arroja una mirada furtiva velada por sus gafas de sol mientas Adán, de traje oscuro, esquiva su rostro de los fotógrafos. En el cuadro Algo de comer, de 1967, el homenajeado es el Cézanne de los Jugadores de cartas. En la escena de Cárdenas, la pareja se apresta a dar cuenta de una comida rápida, saliendo del plano del cuadro con el recurso del relieve, vinculando de paso su acción con la cotidianidad de aquí afuera. Este humor sin estridencias refuerza el deseo del pintor cuando afirma, mi intención es que la gente no vea mis cuadros como cuadros, sino que queda producirse una confrontación con la realidad .

El dibujo es menos frustrante que la pintura. Lo que pasa es que ahora disfruto más la pintura .

El trabajo de Cárdenas se ha desarrollado en dos vertientes técnicas principales: el dibujo y la pintura, correspondiendo a dos tiempos distintos. Mientras el dibujo responde instantáneamente al gesto espontáneo, la pintura impone una dilación necesaria. En el trabajo más reciente, no obstante, apreciamos cómo los temas y las técnicas tienden a fundirse en un único propósito expresivo. Pues, si bien la figura humana estaba casi que excluida de la pintura (confiada al dibujo donde trabaja el movimiento), ahora ésta se ve habitada no solo por la figura humana sino por el color, que ha hecho una irrupción tan desaforada que recuerda los mejores momentos del expresionismo abstracto de la escuela de Nueva York. Pero hasta aquí la referencia porque en Cárdenas del fondo cromático emergen serenos los elementos del bodegón que ahora, después de muchos años, comparten el espacio con los objetos del mundo natural. El agua, las plantas, las flores como símbolos y presencias de la naturaleza irrumpen con una vocación vitalista que habla del hombre por vía negativa, pues critican la actitud utilitaria de que son víctimas. En estos cuadros el artista despliega una mayor libertad inaugurando en su carrera una segunda vida (frente a la pintura más racional y controlada de antes) con unos cuadros más inconscientes .

La imagen debe salir del cuadro La modernidad de Cárdenas reside en su aceptación de la bidimensionalidad de la pintura. El cuadro debe ser parte de su propio espacio pues lo que está pintado no es parte del cuadro sino de quien lo percibe. Somos nosotros el espacio que le da cabida a la realidad de lo ilusorio. Los elementos representados en la pintura de Cárdenas brotan de la superficie como de un sueño, cruzando el umbral de la vida como en el primer día de la creación; incompletos todavía, como si fueran más ideas que cosas. La voluntad de forma que expresan acaso quiera decir que el deseo y la libertad constructivas son las fuerzas que pueden hacer devenir mundo al caos originario.

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