EL CONFORMISMO DEJÓ NOCAUT A HAROLD GREY

EL CONFORMISMO DEJÓ NOCAUT A HAROLD GREY

Danny Romero confirmó el favoritismo al noquear en dos asaltos a Harold Grey, conquistó el título mundial supermosca de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) y dejó a Colombia, de nuevo, sin rey a ese nivel en un deporte acostumbrado a los más resonantes éxitos.

26 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Esos dos asaltos que duró la pelea celebrada la tarde sabatina en la Arena Universitaria de Albuquerque (Estados Unidos), la tierra de Romero, observada en vivo y en directo por los televidentes del canal regional Telecaribe, en esfuerzo de la programadora Signovisión, reflejaron muchas cosas negativas del hoy ex campeón.

Grey subió al cuadrilátero demasiado frío, demasiado ido. Romero, verdugo de colombianos, porque el año pasado cuando conquistó el fajón mosca venció por puntos al barranquillero Francisco Tejedor, fue todo lo contrario: entró caliente.

Al cierre del primer asalto, es decir, luego de tres minutos de acción, ya el colombiano había rodado tres veces por la lona. Y no perdió por la ruta del sueño enseguida por dos factores: las reglas de la FIB no estipulan límites de caídas (las tres de la AMB, por ejemplo que se utilizan en casi todo el mundo) y porque la última fue a cinco segundos de escucharse la campana. La misma lo salvó.

La cuarta caída fue por todo el conteo. Y con igual fórmula de Romero, que Grey sabía porque había estudiado hasta el cansancio sus videos: el gancho de derecha al mentón, justo por encima del incipiente jab lanzado por el colombiano (tres de las cuatro caídas fueron en esta circunstancia).

Esa frialdad de Grey facilitó el trabajo de Romero. El campeón fue pasivo a la ofensiva y así jamás podía ganar. Al contrario, vaticinó que su final llegaría pronto.

Porque a Romero, un contundente pegador, es necesario mantenerlo afuera por dos motivos: para marcar puntos y de paso distraerlo: cuando le están pegando, se aturde y no pasa a la ofensiva.

Y esa frialdad con la cual subió Grey, la del boxeador sin la concentración requerida, confirmó lo que se rumoreaba en Cartagena, su lugar de entrenamientos, y que desde Estados Unidos el viernes, horas antes del combate, su propio apoderado Billy Chams comentó: que al campeón ya no le interesaba el boxeo porque, de acuerdo a sus propias palabras, ya tenía lo suficiente para vivir tranquilo en el aspecto económico.

Dos ejemplos hablan por sí solos del poco interés de Grey por la actividad deportiva, que apenas conocimos a través de Chams en la víspera: el día que el arjonero viajaba a Bogotá, no lo hizo porque prefirió irse a cine; luego, cuando se fue a Estados Unidos, olvidó incluir en su equipaje la indumentaria oficial para el día de la pelea, que posteriormente le tocó llevar al juez colombiano Francisco Hernández.

El día que tomó desquite sobre el argentino Carlos Salazar, en Cartagena, Harold nos confesó que la pérdida de su primer reinado se debió a fallas suyas únicamente, pero que en este segundo, la cosa sería diferente.

De lo dicho al hecho hubo mucho trecho. El muchacho canceló una primera defensa en Cartagena frente al venezolano Aquiles Guzmán por dudoso dolor en una mano y desechó la oportunidad de ganarse sus millones de pesos antes de ir a la obligatoria y difícil pelea con Romero. Y fue diferente porque perdió pronto. Derrota que el fondo esconde el conformismo y la apatía de un púgil con condiciones por su deporte...

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