EL NIÑO MÁRTIR DE APARTADÓ

EL NIÑO MÁRTIR DE APARTADÓ

Los vecinos oyeron el grito de Belma Ruth de Bartolo en el potrero, y hacia allí enfocaron la linterna.

26 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Con la luz, ella vio muerto a César Augusto. Se abrazó a él, levantó su cuerpo, y gritó enloquecida cuando se dio cuenta de que la cabeza de su hijo de 12 años quedó sobre la yerba.

Eran las 6:30 de la tarde del miércoles, y los habitantes de Apartadó apenas salían de debajo de las camas y de los rincones donde se protegieron de las granadas y las balas que por más de dos horas hicieron de las calles un infierno.

El potrero donde decapitaron a César Augusto hace parte del patio general del barrio La Esperanza, donde vivía el niño. Bajar guayabas en los árboles que marcan el límite entre el potrero y un río, era programa favorito de los niños.

Ahí estaban, a las 4 de la tarde, César Augusto y sus amigos, cuando empezó a sonar el confuso tiroteo que, según varias versiones, habría tenido participación de guerrilleros, paramilitares, soldados y policías. Todos corrieron, y dos niño vieron, desde el lugar donde se escondieron, cuando César Augusto fue apresado por unos hombres. Mi hijo logró zafarse, pero lo volvieron a coger y le dieron con una cosa brillante , cuenta la madre.

También, desde las ventanas de la escuela La Playa, los niños vieron cuando el menor, luego de un desesperado forcejeo, logró liberarse de uno de los hombres que lo tenía agarrado por la cintura, y que para evitar que huyera le tiró un machetazo y lo decapitó.

Ante ellos, y ante la propia alcaldesa de Apartadó, Gloria Isabel Cuartas, los asesinos exhibieron la cabeza de César Augusto, relatan los testigos.

La funcionaria estaba en el lugar, planeando con los estudiantes el programa para celebrar la semana de la paz que comienza el próximo sábado.

Dos hombres jóvenes, sin brazaletes ni distintivos, decapitaron al niño en presencia de otros cien niños , relató, conmovida, Gloria Isabel Cuartas.

Yo no podría afirmar que fue el Frente 5 de las Farc o que fueron las autodefensas , dijo Cuartas. Lo único que sé es que con esto perdió el Estado, perdió Apartadó, perdió la justicia y perdió la alcaldesa .

Una versión inicial, de origen militar, dijo que al niño lo mataron milicianos de las Farc.

La mamá de César Augusto, nada sabe. Es empleada en un restaurante. A pesar de la inquietud que le provocó el tiroteo, recorrió optimista el camino a su casa. Pensaba que César Augusto y Miguel, sus hijos menores, estaban seguros en la Escuela Luis Aníbal Gallego del barrio Vélez, donde cursaban segundo de primaria.

A pesar de ser uno de los mejores estudiantes del salón, siempre encontraba un pretexto o inventaba una disculpa para evitar las clases e irse a jugar con sus amigos. Escondía los cordones de los zapatos, el uniforme o los cuadernos, para no ir a estudiar.

Cuando oscureció y Miguel llegó solo a la casa, a la mujer le afloraron malos presagios.

El niño le contó a su mamá que su hermano no fue a la escuela. Y la hija mayor le corroboró que el muchacho se quedó haciendo caprichos , porque un pantalón que quería usar estaba mojado.

Sus compañeros de clase dicen que era muy pinchaito . En casa, cada vez que podía, lograba que le compraran gomina. Su obsesión era mantenerse bien peinado, anota una de sus hermanas. Era un muchacho inquieto e inteligente, que sobresalía entre sus compañeros por su buen humor.

Esa tarde, en medio de los soldados y policías que corrían presuros, la señora insistió para que amigos y familiares buscaran a César Augusto por toda la población. Sólo mucho rato después cedió ante la insistencia de dos niñas que recogían guayabas con César Augusto, y que le decían que lo buscara en el potrero. Allí estaba esa muestra de horror en el cuerpo de un niño.

Es que esto no tiene nombre , se repite su madre. Es que esto es inhumano...

Aunque el cuerpo permaneció prácticamente sólo durante toda la noche del jueves y gran parte del viernes de velorio, al cementerio llegó acompañado por compañeros de escuela y estudiantes de otros planteles.

La caravana fúnebre, que recorrió las calles entre el barrio Pueblo Nuevo, donde fue velado, y el cementerio, al otro lado del pueblo, estuvo encabezada por la alcaldesa.

La madre no tiene otra pena para olvidar ésta tan grande, pese a que su familia ha rodado entre Urabá y Medellín, y que César Augusto se crió en un hogar que se acabó cuando él cumplía su primer año de vida. Después de ir y venir entre Apartadó y Medellín por la separación de sus padres, hacía año y medio que César Augusto había llegado a Urabá para vivir con su madre, a pesar de que era ella quien vivía en Medellín, rebuscándose la vida en cafeterías y plantas de confecciones. Ella optó por vivir en Apartadó, porque los hijos jalan mucho . De los seis hijos del matrimonio, casi todos estaban en la región, donde el padre vive con otra mujer.

Después de un día de enfrentamientos, en Apartadó, la vida aparentemente vuelve a ser normal. Pero Melba Ruth de Bartolo se siente la mujer más perdedora de todas...

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