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VÍA AL LLANO: JARDÍN DE DUDAS

VÍA AL LLANO: JARDÍN DE DUDAS

Con razón ha dicho el escritor Eduardo Galeano, en su libro Las venas Abiertas de América Latina , que hay regiones especializadas en ganar, como hay otras especializadas en perder.

La comarca llanera ha sido precoz en esto último, pues desde el alba de nuestra independencia, en la cual le correspondió un papel estelar, ha sido vista solamente por nuestros gobernantes del altiplano, como proveedora de petróleo, de alimentos y materias primas, con destino a los grandes centros urbanos de la Nación, que muy poco le reintegra a esa otra Colombia de los llanos y la selva en obras y servicios públicos. De ahí que no resulte exagerado decir, parodiando a Galeano, que en Colombia el Llano es, por excelencia, la región de las venas abiertas.

El potencial de los recursos naturales del Llano es indiscutible. Esto ilustra suficientemente la importancia de mejorar al máximo las comunicaciones del interior del país con los Llanos Orientales. Particularmente la carretera BogotááVillavicencio, que soporta hoy un tráfico diario de tres mil vehículos, en su mayoría de carga como camiones tractomulas y carrotanques, con una velocidad promedio de apenas 23 kilómetros por hora.

En los últimos 30 años, el Gobierno Nacional ha venido estudiando diferentes alternativas para mejorar la comunicación terrestre con el Llano. Finalmente se ha decidido reconstruir esta vía en tres tramos: el primero de ellos comprende desde la avenida Boyacá en Usme, hasta el kilómetro 55, adelante de Cáqueza. Se hará por el sistema de concesión y comprende la construcción de túneles en el boquerón de Chipaque. No se han iniciado las obras, a pesar de haberse adjudicado y perfeccionado el contrato hace más de trece meses.

El segundo tramo va de Puente Tellez hasta Pipiral (Kilómetro 55 al 87) y comprende la construcción de 26 puentes. Los trabajos se vienen cumpliendo con ostensible retraso, por falta de maquinaria y equipo del consorcio brasileño al que se adjudicaron las obras en este tramo.

El último tramo va de Pipiral hasta el anillo vial de la ciudad de Villavicencio en la intersección de la autopista a Acacías. Se trata de la construcción de un sector nuevo de carretera, incluyendo los túneles de Bijagual y Buenavista. Este último tiene una longitud de casi 5 kilómetros y sorteará la falla geológica de El Mirador. Presenta graves problemas de diseño (que fue terminado después de adjudicado el proyecto a un consorcio italiano), de ventilación y de contaminación para los usuarios por altas concentraciones de monóxido de carbono. Las obras se iniciaron tardíamente y en medio de severos cuestionamientos técnicos y medioambientales.

Dada la importancia que tiene esta vía para el país y la magnitud de las inversiones, la comunidad llanera ha venido exigiendo del Gobierno la mayor transparencia en el desarrollo de este proyecto y en la solución de los cuestionamientos éticos y financieros que se han hecho a los mandos medios del Ministerio del Transporte y del Instituto Nacional de Vías. También aquí se exige que sobre este jardín de dudas brille el esplendor de la verdad y la decencia, a fin de no convertir la vía BogotááVillavicencio en nuevas y onerosas frustraciones nacionales como el Guavio, Chingaza o el metro de Medellín.

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