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DOS UNIVERSIDADES AL BORDE DE UNA GRAN CRISIS

DOS UNIVERSIDADES AL BORDE DE UNA GRAN CRISIS

En los últimos días, las dos universidades públicas de más alto prestigio en el país han tenido la atención de la prensa, y no precisamente por buenas noticias. Se trata de las universidades Distrital y Nacional.

La primera ha sido mencionada en varias ocasiones por los procesos que le siguen la Procuraduría General de la Nación, la Contraloría Distrital y la Fiscalía. Esta última le dictó medida de aseguramiento sin beneficio de excarcelación a su rector, Lombardo Rodríguez.

Pero no solo por eso ha salido en periódicos y en televisión. Algunos estudiantes manifestaron su desacuerdo por la elección de Rodríguez como rector. Por otra parte, extraños manejos se presentaron con unos químicos que la Dirección de Estupefacientes donó a la universidad.

Las directivas tienen explicaciones para todos estos hechos, menos para las acciones de Rodríguez, pues afirman que eso le compete a la justicia.

Aseguran que la única crisis que hay en la universidad tiene que ver con los cambios que se están efectuando en ella. Sin embargo, aceptan que dos cosas han presionado a la institución: el clientelismo de los concejales de Bogotá y las altas prebendas para los pensionados.

Por su parte, La Universidad Nacional vive un drama sin visos penales, pero sí muy políticos. Su rector, Guillermo Páramo Rocha, renunció la semana antepasada por serios problemas de presupuesto, y por los evidentes criterios políticos con que el Gobierno asigna las partidas para las universidades públicas.

Clientelismo de los concejales? Se afirma que la Universidad Distrital está en crisis. Y se dice esto porque a su rector, Lombardo Rodríguez López, la Fiscalía le dictó medida de aseguramiento sin beneficio de excarcelación. Esto quiere decir que permanecerá detenido en su casa durante varios días, y si es hallado culpable tendrá una pena preventiva de la libertad, mínima de 36 meses.

La razón de esto es que fue llamado a juicio por los delitos de peculado por apropiación y prevaricato por acción, porque presuntamente se pagó un quinquenio de 5 318.033 pesos. La Contraloría Distrital lo halló responsable por este hecho y se espera el pronunciamiento de la Procuraduría General de la Nación.

Sin embargo, para el vicerrector de la Universidad Distrital y rector encargado, Luis Alfonso Ramírez, la situación de Rodríguez es un asunto aparte de la crisis que vive la Universidad.

Hugo Niño, director de relaciones internacionales del plantel, está de acuerdo con esto, y afirma que solo se puede hablar de crisis en el sentido de transformación. En la universidad se está dando un proceso de reordenamiento, de cambios en el aparato académico, de servicio a sectores marginales y, sobre todo, de reformas en el sistema de prebendas , dice.

Este último punto tiene que ver con los pensionados. Según Niño, hace unos tres años los profesores de la Distrital salían pensionados con sueldos bastante altos (3,5 millones de pesos), y a pesar de ello, tenían la posibilidad de vincularse como docentes de medio tiempo. De esta manera, cobraban otro sueldo. Aunque eso cambió, le ocasionó a la universidad bastantes enemigos , señala.

Según Roberto Vergara, decano de la facultad tecnológica de la Distrital, a diferencia de otras universidades, esta institución tiene unas prebendas muy altas como consecuencia de negociaciones respetuosas entre los profesores y las administraciones anteriores .

Esto incluía pensionarse, en el caso de los profesores, a los 50 años de edad y en el de los empleados, a los 20 años de servicio, sin límite de edad.

Rodríguez no acabó con eso, pero decidió reformar los estatutos de la universidad de acuerdo con el artículo 19 de la Ley 4 de 1992, que establece la prohibición de percibir dos asignaciones salariales del tesoro público, porque va en detrimento del patrimonio distrital.

Antonio Caicedo, profesor pensionado de la Distrital desde 1992, fue uno de los tres docentes que Rodríguez suspendió de su cargo en cumplimiento de esta norma.

Según Caicedo, el rector los había excluido de la nómina hasta tanto la Contraloría se pronunciara sobre la legalidad de ese acto. Sin embargo, antes de que este ente se manifestara declaró la vacancia del cargo; algo injusto, pues yo no era funcionario de libre nombramiento y remoción porque participé en un concurso. Además, tenía el más alto escalafón de la universidad .

Caicedo afirma que una vez la Contraloría declaró que sí se podía contratar a estos profesores pensionados, Rodríguez ordenó la vinculación de los otros dos profesores. Solo a mí me declaró insubsistente porque dimos poder (la Asociación Distrital de Educadores ADE-ED) al abogado Manuel De Diego para que siguiera el proceso del rector por presunto peculado .

Los padrinos Pero allí no termina la crisis de la Distrital. A las presiones internas que generaron esta medida se sumaron otras de tipo externo. Por los menos así lo ve Clemencia Bonilla, directora de Investigaciones y Desarrollo Científico de la Universidad.

Según ella, los conflictos externos tienen que ver con las presiones del Concejo de Bogotá. El presupuesto de la universidad siempre ha dependido de la aprobación y exigencias de los concejales. Ellos pedían cupos y nombramientos de personal .

Niño afirma que ese clientelismo de los concejales en buena medida terminó con la autonomía universitaria, porque ahora el Consejo Superior de la Universidad es quien elige de una terna al rector.

De acuerdo con Vergara, anteriormente los profesores y los estudiantes hacían una elección y sacaban varias listas con ternas. Mediante votación directa y secreta se elegía la terna ganadora y de ella el alcalde de Bogotá elegía al rector .

En 1994 los estatutos se reformaron y el Consejo Superior es quien toma la responsabilidad de seleccionar el nombre del rector de la terna ganadora.

Precisamente la elección del rector Lombardo Rodríguez fue otro de los motivos que generó polémica en este establecimiento.

Unos estudiantes, cuyo vocero era Eduardo Vélez, manifestaron su inconformismo por la elección de Rodríguez para el periodo de 1991 a 1994. Según ellos, el profesor Jairo Osuna, quien era de plancha diferente a la de Rodríguez, debió haber sido el ganador.

Vergara dice que esta apreciación se debe a que Osuna fue el ganador en las elecciones, pero finalmente el alcalde Jaime Castro fue quien tomó la decisión de que Rodríguez ocupara el cargo de rector de la Distrital.

Otros de los hechos que pusieron a la Distrital a mojar prensa fueron las declaraciones de unos estudiantes del plantel, nuevamente comandados por Eduardo Vélez. Ellos aseguraban que las directivas de la universidad habían intercambiado por un precio menor unos químicos que la Dirección de Estupefacientes les había donado.

Samuel Arrieta, secretario general de la Distrital, afirma que las 35 canecas, al parecer de éter y acetona, se permutaron con todas las formalidades legales por elementos de tipo académico porque salía muy costosa la vigilancia de estos químicos. Además, su impureza no permitía que se utilizaran en los laboratorios de la universidad .

Lo cierto es que Vélez, estudiante de lingística, fue expulsado de la universidad después de que fue hallado culpable de unos disturbios que se presentaron a comienzos de este año en la Universidad.

Así mismo, porque el fallo de una tutela, interpuesta por él, señaló que éste debía ser expulsado como lo establecían los estatutos de la Distrital.

A pesar de todos estos hechos, las directivas de la Distrital prefieren no hablar de crisis. Y si utilizan este término es solo para señalar los cambios que están realizando para que este plantel recupere su liderazgo.

La Universidad Nacional no tiene político propio Así lo dijo el cuerpo de decanos de la Universidad Nacional cuando rechazó la carta de renuncia del rector de este plantel, Guillermo Páramo Rocha: con la dimisión de éste se dio la voz de alarma sobre las dificultades por las que atraviesa la principal universidad del país.

Según Páramo, la falta de un rector o de un abogado político es la principal causa de que la Universidad Nacional carezca de los recursos que necesita para existir.

Y para existir requiere, entre otras cosas, plata suficiente para que el 70 por ciento de sus empleados y trabajadores no continúen con sueldos por debajo de los dos salarios mínimos, mientras que otras universidades públicas sobrepasan esta cifra.

Un ejemplo: un aseador de la Universidad Nacional está devengando 150.290 pesos, mientras que un empleado con este mismo cargo de la Universidad del Valle gana 246.048 pesos.

Otro más: una secretaria de la Universidad Nacional gana mensualmente 180.742 pesos, mientras que una secretaria de la Universidad del Valle devenga 352.975 pesos y una de la Universidad de Antioquia recibe 270.475 pesos.

Y eso por no hablar de los sueldos de los rectores, en los cuales también se ven las profundas diferencias. El rector de la Nacional tiene una asignación mensual de 2 123.710 pesos, es decir, por debajo de la que tiene su colega de la Universidad del Quindío: 2 300.056.

Estos datos, obtenidos por la División de Asuntos de Personal Administrativo de la Universidad Nacional de Colombia, fueron los que Páramo enseñó al Ministro de Hacienda, Guillermo Perry, cuando fue a solicitar un aumento del presupuesto para la Universidad Nacional.

Páramo no señala a esta cartera como la directa responsable de la falta de recursos en su universidad, sino a la original forma cómo funciona el sistema de asignación de recursos en la universidad pública.

Para buscar una mejor competitividad, hacer atractivo un puesto y estimulante una carrera se necesitan influencias políticas. Es decir, tienen éxito aquellas instituciones que tienen rectores políticos o influencias políticas , dice.

Y agrega, por ejemplo, nosotros hicimos una propuesta de nivelación salarial al Ministerio de Hacienda y se tramitó debidamente, pero nos dimos cuenta de que se nos negaba cualquier posibilidad. Pero paralelamente, y en el momento en que se nos negaba la posibilidad, otras propuestas de otras universidades sí tenían acogida, no por el Ministerio sino por los trámites que se dan en la vida política.

La nuestra, que era una propuesta después de 11 años de no haber hecho aumentos salariales, salvo los señalados por la ley, fue negada, mientras que la de otra universidad fue acogida a pesar de que era el tercer aumento en los dos últimos años y tenía los más altos salarios , puntualiza.

La renuncia Por estar en desacuerdo con este trato del Gobierno, a finales del mes pasado Páramo presentó su renuncia ante el Consejo Superior Universitario (CSU).

Con ello quería dejar constancia de que no era un político sino un profesor que no entendía y no podía explicar a sus empleados por qué la financiación pública y en particular los salarios asignados a los trabajadores y profesores, dependen de la iniciativa de un político con influencia y no de un manejo racional, central del Estado , según manifestó a EL TIEMPO.

Su renuncia no fue aceptada, pero consiguió que el CSU, el cuerpo de decanos y el Ministerio de Hacienda centraran por un momento su atención en la Universidad. Así, los empleados y trabajadores de la Nacional, que continúan en paro, tienen la esperanza de que en marzo se nivelen sus salarios.

Esto si la comisión que se creó hace unos días logra demostrar al Ministerio de Hacienda que se necesitan cerca de 3.500 millones de pesos adicionales al presupuesto para mejorar los salarios.

Según Víctor Jiménez, de la Comisión de Quejas y Reclamos del Sindicato de Trabajadores, los jefes de personal de las cuatro seccionales de la Nacional (Palmira, Manizales, Medellín y Bogotá) y un delegado de los trabajadores, están haciendo la propuesta que sustenta y justifica este monto.

Pero la politiquería no es la única cosa con la que Páramo está en desacuerdo. Asegura que no se estimula a las universidades que son exigentes con su calidad. Para demostrarlo pone como ejemplo el decreto 1444 de 1992, que establece el régimen salarial.

Según él, los docentes de la Universidad Nacional tienen que llenar más requisitos que los de otras universidades para poder llegar a ser profesores titulares. Nuestro profesor con más alto puntaje, que es Patarroyo, tiene 800 puntos, mientras que en otras universidades hay profesores que tienen más de mil puntos , dice.

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