UNA JUNTA DE ADORNO

UNA JUNTA DE ADORNO

Este año pasará a la historia como uno de los peores en muchas décadas por la combinación de bajo crecimiento económico, aumento de la inflación y el desempleo, gran déficit de la cuenta corriente, desplome de la inversión privada y, para colmo, el inicio del derrumbe de lo que todavía quedaba del Grupo Andino.

26 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

La recesión a la colombiana era previsible desde abril cuando la descertificación y el agravamiento de la crisis política añadieron lo que faltaba para acabar de fregar un año que habría sido malo de todas maneras debido, principalmente, a la política de enfriamiento de la economía ejecutada con gran decisión por la autoridad monetaria desde 1.984. Pero a estas horas temo haber pecado de optimismo cuando señalé, en abril, que no podía compartir el reiterado pronóstico de crecimiento de Fedesarrollo, de crecimiento del PBI para 1.996 (3.8 por ciento en ese momento) y que creía que la tasa quedaría entre 2.5 y 3.0 por ciento.

Aunque los pronósticos rosa del Banco de la República y del gobierno hacen que esta afirmación suene rara, la verdad es que también era fácil creer desde comienzos del año que la inflación no bajaría y que había un gran riesgo de que subiera, que el desempleo empeoraría, que la inversión se derrumbaría y que los exportadores serían muy golpeados por el curso de los desarrollos económicos en Venezuela.

Golpe irresistible Pero lo que a todos los tomó por sorpresa, en medio de la crisis política y de las amenazas de represarais económicas de Estados Unidos fue la recién caída del dólar debido a entradas de capitales privados. Los exportadores están dándose contra las paredes porque lo único que supuestamente podían confiar era que la revelación real no continuaría cuando ya sufríamos un enorme déficit en la cuenta corriente, cuando las insurrecciones de Guaviare y Putumayo confirmaban que se había logrado golpear la cadena del narcotráfico y cuando ya vivían con el Cristo en la boca por la amenaza de sanciones de Estados Unidos.

Una revaluación adicional del peso sería un golpe difícil de resistir para los exportadores y para quienes compiten con exportaciones y daría una pésima señal para la orientación de la inversión de largo plazo. Además de frustrar la intenciones de estimular un patrón de desarrollo basado en las exportaciones más que en el gasto público, como el de los últimos años, colocaría a Colombia en una situación de gran vulnerabilidad externa después de que muchos países latinoamericanos han devaluado su moneda y que el continente se mueve hacia esquemas cada vez más amplios de integración económica y liberación comercial.

Nuestro dichoso banco central independiente, con amplísimos poderes para manejar la moneda, el crédito, las tasas de interés y el tipo de cambio, ha reiterado esta semana que a menos que el gobierno reduzca el gasto él no puede hacer nada para evitar que la economía siga en un espiral de estanflación con revaluación real. Si la cosa no fuera tan grave esa posición causaría risa. Pero es difícil reírse cuando sectores enteros se están quebrando debido a errores en el manejo macroeconómico.

Claro que el gasto público debe moderarse. Personalmente vengo con esa cantaleta desde hace cuatro años, cuando no se usaba, y es claro, también, que la crisis política y moral complicó las cosas y que estaríamos mejor si Samper se fuera. Pero me parece poco serio culpar un déficit fiscal consolidado inferior al 1% del PIB de todos los males del país: aumento de la inflación y del desempleo, recesión, gran déficit en la cuenta corriente, crisis financiera en ciernes etc, etc. Más todavía cuando el gobierno hace rato perdió la posibilidad de manejar muchos de los instrumentos de política que influyen esos resultados.

Para evitar la revaluación atenuar las peligrosas fuerzas recesivas, dándole de paso al gobierno un mejor chance de equilibrar sus finanzas al mejorar sus recaudos, no se requiere subir al piso de la banda cambiaria ni sacrificar el programa de obras públicas, por cierto una de las pocas cosas que todavía están impidiendo que la economía se vaya al diablo. Hay una medida de lógica elemental que tomaría cualquier banco central cuando la demanda agregada está por el suelo: propiciar una baja significativa en las tasas de interés.

Hablar claro La inflación va a subir en los próximos meses por el impacto de los alimentos pero en un horizonte de doce meses va ha estar alrededor del 18 por ciento apenas tres puntos por arriba del la meta de la Junta. Con esa inflación una tasa DTF efectiva anual de 26-27 por ciento sería más que razonable porque implicaría una tasa de interés real del orden de 7-8 por ciento.

Ese nivel sería el triple de la tasa de interés real promedio que la misma Junta ( o serían los marcianos?) propició entre agosto de 1.991 y julio de 1.994, bajo el gobierno de Gaviria, cuando la demanda agregada iba disparada. El argumento de que las bajas tasas de entonces fueron inevitables porque en esos años estaban entrando capitales y en cambio en 1.996 la crisis política estaba induciendo salida de capitales ha quedado en ridículo. Claro que las tasas de interés pueden bajar, y bajarán. Pero lo deseable sería un manejo económico que propiciara la baja antes que la economía se quiebre.

El espacio no me permite entrar en detalles sobre cómo podría actuar la autoridad monetaria para inducir una baja en las tasas de interés pero la situación económica es demasiado grave para no decir las cosas claras. Si fuera verdad que las tasas de interés y el tipo de cambios dependen exclusivamente de lo que haga o deje de hacer el gobierno en materia de gasto público el país habría metido la pata en forma descomunal al asignar la responsabilidad del manejo monetario, crédito y cambiario e una institución impotente.

Por supuesto, no creo que esa sea la explicación de lo que ocurre. Aunque las dos cosas a veces se parecen mucho se parecen mucho, la impotencia es diferente a la falta de ganas .

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.