ENRIQUE SANTOS CASTILLO: AMO Y SEÑOR DE LA NOTICIA

ENRIQUE SANTOS CASTILLO: AMO Y SEÑOR DE LA NOTICIA

Si el olfato periodístico dependiera del tamaño de la nariz, Enrique Santos Castillo sería el Cyrano de Bergerac de la prensa colombiana.

09 de septiembre 2001 , 12:00 a.m.

Si el olfato periodístico dependiera del tamaño de la nariz, Enrique Santos Castillo sería el Cyrano de Bergerac de la prensa colombiana.

Durante 36 años fue jefe de redacción de EL TIEMPO y su editor general por 20 más. Y ni uno solo de esos 20.440 días dejó de hacer lo que mejor sabía: olerse una noticia.

Hasta el último día de trabajo, antes de su retiro, Enrique vivía el periodismo con una intensidad y una pasión que no encontré en ninguno de los 57 países del mundo a donde me llevó mi destino de periodista itinerante, -recuerda Carlos J. Villar Borda, ex jefe de redacción de EL TIEMPO y ex director para Latinoamérica de la prestigiosa agencia de noticias UPI-. El, Enrique, era el periódico .

Creció entre rotativas.

Su contacto con las informaciones se produjo desde muy niño, cuando su padre, Enrique Santos Montejo, Calibán , lo llevaba con su hermano Hernando a jugar en los talleres del diario. Me maravillaba la manera como el plomo líquido se convertía en letras, las letras en papel y el papel en información , contó en un editorial con ocasión de los 90 años de EL TIEMPO.

A mediados de los 40, los hermanos Santos Castillo ingresaron a la redacción, donde compartieron jefatura por 25 años. Desde 1976, Hernando se ocupó de la subdirección y las páginas editoriales, y en 1981, de la dirección. Enrique, en cambio, permaneció en la redacción, como amo y señor de las noticias.

Por ser sobrino del ex presidente Eduardo Santos -propietario del diario-, e hijo de Calibán -jefe de redacción y columnista connotado-, Enrique nunca fue principiante.

Y no le hizo falta. Tenía un olfato y una intuición para la noticia realmente sorprendentes -relata Villar Borda-. Nunca le vi escribir una noticia, ni siquiera un epígrafe para una fotografía, pero era el mejor editor del mundo, cambiando una palabra por otra más adecuada, eliminando párrafos insulsos que no venían al caso y suprimiendo todo lo que no tuviera pertinencia con los hechos que el reportero estaba narrando .

Leía a una velocidad atómica, -recuerda el cronista Germán Santamaría-. Le pasaba una crónica de siete páginas con un parrafito o una línea de esas que a él no le gustaba y en 40 segundos las leía y llegaba exactamente a esa línea. Nunca, en 14 años, pude meterle un gol .

Para su hijo mayor, Enrique Santos Calderón, codirector de EL TIEMPO y quien trabajó a su lado muchos años, Santos Castillo es "el periodista más completo que haya conocido. Por su increíble olfato noticioso y por su pasión por un oficio al que dedicaba las 24 horas del día. Peleamos mucho por vainas políticas en los años 60 y 70, pero en materia periodística siempre me daba lecciones. Fue un genio para titular y un teso para capar".

Durante su mandato, no se movía una hoja sin su consentimiento. Dictaba los titulares, decidía las primeras páginas, escogía las fotos, entrevistaba a los nuevos reporteros, determinaba los aumentos y ordenaba los despidos.

Pasaba con facilidad de los temas políticos y económicos a las notas sociales, los reinados y las fiestas de pueblo. Mi tío Enrique suspendía cualquier cosa para atender a una delegación de Ramiriquí , cuenta Rafael Santos, codirector de EL TIEMPO.

Fernán Martínez, uno de sus consentidos, recuerda: Don Enrique sabía todo, absolutamente todo lo que pasaba en el periódico, en Colombia y el mundo, sabía quién era el primer ministro de Finlandia, elprecio del cruzeiro, la fecha de la muerte y del nacimiento deFranco, los tres primeros equipos en la copa Europa, el nombre del intendentede Putumayo, lo sabía todo, menos dónde estaban sus gafas... .

La redacción no era su único escenario. Su hijo Luis Fernando señala: Cuando yo era jefe de producción, me llamaba todos los días a preguntarme por qué había salido tarde el periódico. Tenía control de cuanto pasaba en el diario .

Esa vitalidad desbordada, esa energía imposible de igualar, esa memoria prodigiosa y esa hiperactividad permanente -relata Villar Borda-, me hacían pensar que por sus venas no corría la sangre, como nos ocurre al común de los mortales, sino la tinta con que se escriben noticias y crónicas y reportajes y hasta notículas de sociedad .

Un obispo de tres soles.

En política, Enrique Santos Castillo ha sido, sin dobleces, un hombre de derecha, defensor apasionado de las instituciones. Los militares y la Iglesia son tan cercanos a sus afectos que su sobrino Rafael le dijo un día: Tío Quique, tú hubieras sido un perfecto obispo de tres soles .

Esa alineación a la derecha pesaba en el momento de contratar a un periodista, según reconoció él mismo, en reciente entrevista de la revista Credencial. "Pero eran otros tiempos; entonces había mucho sectarismo entre liberales y conservadores. Hoy prefiero que sea buen periodista , aclaró.

Siempre tuvo línea directa con presidentes, ministros y congresistas, muchos de los cuales le pedían espacio o protestaban por una información. A algunos les hacía caso y él mismo reconoce que a veces les metía un poquito de lápiz a las noticias políticas.

Los redactores se las ingeniaban y le hacían algunos goles: los jueves eran sagrados para el golf y por eso las noticias que él no hubiera aprobado se publicaban los viernes.

Fue el hombre de las relaciones públicas y sociales del periódico; amigo de todos, en especial de los liberales -recuerda el periodista y poeta Rogelio Echavarría-. Actuaba como los manzanillos y pese a ser un clubman, los recibía, los halagaba y cuando se salían de su oficina preguntaba Y esos, quiénes eran? .

Helena Bautista, que como secretaria suya por 25 años lidió con los altibajos de su humor, con sus despistes y su vigorosa personalidad, recuerda: Era un genio para espantar lagartos . Aunque a veces los métodos eran poco ortodoxos y no premeditados.

Así lo recuerda Guarino Caicedo, su segundo en la redacción por muchos años: Cuando trabajábamos en la Jiménez con Séptima, un lagarto lo visitaba todos los días y lo seguía hasta los talleres de la armada. Todavía usábamos la tecnología del plomo y sobre las galeras me iba señalando con un lápiz qué quitar, qué mover, qué arreglar. Un día no apareció el bendito lápiz y el lagarto le pasó un estilógrafo finísimo, que don Enrique rastrilló sobre el plomo. El dueño jamás volvió a acompañarlo a la armada .

Entre los reporteros, Santos Castillo despertaba sentimientos encontrados. Germán Santamaría, hoy director de la revista Diners, dice: Uno chocaba con él por sus ideas de extrema derecha y porque era muy duro en el trato, y más aún con los viáticos. Pero era tan genial como periodista y lo animaba tanto con las historias que uno proponía, que lo amaba .

Gabriel Gutiérrez, otro veterano reportero, recuerda: Don Enrique era implacable cuando de su puño y letra escribía en la cartelera de redacción: Ejemplo de buena información o Ejemplote de información deficiente .

Sus rabietas por alguna información equivocada eran famosas. Salía a la redacción tartamudeando en busca del reportero responsable.

- Do do do dónde eeestá el zorrillo, dónde está el zorrillo?.

- No, don Enrique, le decimos Gallo.

- No importa, de todas maneras es un animal.

En su diario vivir era despistado y tenía un impulso irrefrenable de tocarlo todo: hombre, mujer o cosa, daba igual. Los nuevos tenían que acostumbrarse, tras una buena coloreada, a que les acariciara la mano o la cabeza mientras leía un texto o hablaba por teléfono.

Cuidaba cada peso de la redacción con celo extremo. José Clopatofsky, que ha estado vinculado al periódico por 30 años, recuerda: Gran parte de la prosperidad de EL TIEMPO se debe a su excelente sentido de la economía. Negociar con él los viáticos para un cubrimiento era un proceso de seis meses .

En la redacción todavía se recuerda la salida de Fernán Martínez, hoy manejador de artistas en Miami.

- Don Enrique, me voy porque Julio Iglesias me ofreció trabajo .

- Cuánto te va a pagar?.

- No, don Enrique, cinco mil dólares mensuales,.

- Vámonos los dos, chinito, vámonos los dos.

FOTO/Cortesía Semana.

Vivía el periodismo con una intensidad y una pasión superior a la de todos.

FOTOS.

- El físico Albert Einstein fue uno de los tantos famosos a quienes conoció.

- Los nietos remplazaron las noticias.

- Roberto García-Peña (derecha) era el director y manejaba la opinión; el poder sobre la información lo ejercía Enrique a través de las noticias.

- Con su sobrino Rafael, hoy codirector, segundo de la redacción por varios años.

- Los militares figuraron siempre entre sus más cercanos afectos. Aquí con el general Alvaro Valencias Tovar.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.