LOS ÚLTIMOS CHISMES SOBRE EL CHISME

LOS ÚLTIMOS CHISMES SOBRE EL CHISME

Si en Colombia se eligiera el deporte nacional, seguramente, el fútbol, el ciclismo y hasta el popular turmequé, quedarían en el último lugar. Y es que la actividad que mete más goles, se lleva todos los premios de montaña, hace más moñonas y tiene los mejores practicantes es, sin duda, el chisme.

25 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Esta acción de llevar y traer chismes de un lado para otro, según la definición del Diccionario de la Real Academia, se convirtió en toda una disciplina. El tema, que no pasaba la puerta de las tiendas, los corrillos y los restaurantes, se convirtió en noticia de primera línea.

En la búsqueda de cautivar la tan esquiva audiencia, los noticieros, revistas, programas de radio y periódicos tienen un espacio dedicado a contar chismes y han conformado equipos de tres y cinco personas encargadas exclusivamente para buscar destapes, dineros mal habidos, sólidas alianzas en la cuerda floja, romances prohibidos, violaciones en tela de juicio, escándalos, indiscretas fotos millonarias, pasiones, aniversarios, rupturas...

La fiebre es mundial. En Europa están los famosos paparazzis, y en Colombia, con un nombre menos sugestivo, los periodistas más cotizados son quienes andan enterados de los chismes nacionales.

La explicación, según el antropólogo de la Universidad Nacional Ismael Ortiz, es que el chisme siempre ha sido un fenómeno social. La chismografía tiene una importante función sicológica y social, es un código que tiene la gente para comunicarse y que nos mantiene unidos .

En investigación El chisme, considerado por muchos como una acción reprobable y con una fuerte tendencia negativa, ha tomado tal importancia, que universidades de Estados Unidos y Jerusalén realizaron recientemente investigaciones sobre el tema.

Según un estudio elaborado por Ralph Rosnow, profesor de la Universidad de Temple y coautor del libro Rumor y Chisme, si la gente no hablara de la otra gente sería una señal de que algo anda mal .

El deseo de conocer las vidas de los demás ha existido desde la antigedad. Sin embargo, no todos lo aprueban. Muchos sicólogos piensan que no hay nada más aburrido que el chisme porque son escándalos que solo muestran parte de la vida íntima de las figuras públicas, lo que no siempre es cierto.

Por un chisme, cientos de colombianos creyeron que la actriz Margarita Rosa de Francisco estaba en coma por una sobredosis, y fue por otro chisme, que mataron siete veces a Tirofijo , por otra ligera información, relacionaron a la ex reina Carolina Gómez con personas de dudosa reputación.

Eso sin hablar de las veces en que por chismes la gente ha creído que se va acabar el mundo, o las veces que se han movilizado los organismos de socorro por el susto infundado de un temblor, o las demandas legales que llegan a los despachos judiciales, por puros chismes.

El asunto llegó a tal punto, que en 1994 la Corte Constitucional se pronunció y determinó que sólo se pondría atención a los anónimos que llegaran con pruebas y que no fueran solo chismes.

Los errores han sido muchos, pero aún cuando el chisme tenga aspectos malignos, sus efectos son generalmente positivos.

La sicóloga Angela Díez afirma que es una forma que nos ayuda a hacer comparaciones sociales. Si conocemos la miseria y los problemas de las celebridades, los políticos y otras personas, nuestras preocupaciones se hacen más simples, en comparación .

El chisme también define quién es quién dentro de un grupo. El sociólogo Fernando Cubides de la Universidad Nacional asegura que si alguien está considerado valioso dentro de un grupo es porque tiene gran información para compartir, el que no tenga nada que contar, puede llegar a quedarse solo .

Saber chismosear Según los expertos en el tema, hay que saber chismosear. Son fundamentales la gracia y el ingenio, dado que hay que saber con quién chismear, así como sobre qué o quién , dice en una investigación que publicó la investigadora SheliNeuman, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

El antropólogo Ismael Ortiz dice que hasta hay un lenguaje especial para chismosear. A mí no me consta pero dicen que.. , Le digo pero no le sostengo que , Qué habrá de cierto en que... , Según me dijeron... , Por ahí andan diciendo que... , y los lugares en donde más se escuchan son los salones de belleza, almuerzos, tiendas y cocteles.

De acuerdo con los investigadores, todos somos chismosos, y empezamos a ejercer esta actividad, casi tan pronto como cuando empezamos a hablar. Sin embargo, el profesor Jeffrey J. Parker, de la Universidad de Michigan encontró que hay una gran diferencia entre el chisme infantil y el de los adultos.

Según su investigación, el chisme de los niños es más inocente, y generalmente, más cruel. Los niños usan palabras fuertes y lo dicen frente a la persona criticada. El de los adultos, por el contrario, está cargado de vital información, aunque puede tener efectos más graves.

Parker también encontró que, en promedio, las personas entre los 18 y 30 años chismosean el 50 por ciento de su tiempo. En Colombia, hay ejemplos por montón. Según las personas encargadas de contar esta información en los medios de comunicación, se reciben diariamente llamadas de gente, que con un dejo de picardía y malicia, cuenta lo que pasa a su alrededor .

Hay personas que hasta cargan una libreta especial, en donde anotan, cada uno de los detalles que conocen en las reuniones. Según los comunicadores, son personas con altos cargos, que tienen acceso a información valiosa, y de las que nadie sospecha .

Según la antropóloga SheliNeuman, existe una diferencia entre el chisme escrito y el que pasa de boca en boca. La prensa ha logrado que los personajes que aparecen en sus páginas de chismes se conviertan en parte de nuestras vidas y en ellas desempeñan un papel fundamental la curiosidad malsana e incluso la maldad , opina.

Por ejemplo, nuestra compasión por la princesa Diana está mezclada con un elemento maligno , añade. Las revistas y los periódicos nos informan de las debilidades de esos personajes famosos y de ese modo nos permiten pensar que son tan humanos como nosotros y sufren como todos , explica la antropóloga.

De hombres y mujeres SheliNeuman también investigó si es verdad que las mujeres son más chismosas que los hombres y atribuye esto a la educación discriminatoria que se da a cada uno. Es decir que, mientras que los hombres son educados para alcanzar metas, obtener logros y pensar en su yo, a las mujeres se les enseña a centrarse en las relaciones sociales.

El estudio realizado por Parker muestra la naturaleza femenina y masculina del chisme. Las mujeres chismosean sobre la gente cercana a ellas como hijos, familia y parientes, mientras que los hombres hablan sobre figuras políticas y gente que difícilmente conocen.

Lo cierto es que a las mujeres no les gusta llamarlo chisme, sino comentario ligero, y a los hombres no les gusta que los identifiquen con ellos. La muestra está en que son ellos quienes más llaman a los medios de comunicación y quienes más insisten en que no se les identifique.

Lo mejor de todo, es que el chisme tiene un efecto positivo en la salud. Los estudios encontraron que la gente que chismosea soporta más la ansiedad y que a quienes les gusta el chisme, generalmente, trabajan en profesiones como la sicología y las comunicaciones, porque se conoce información personal.

Chisme y rumor Los sociólogos y antropólogos afirman que rumor y chisme no significan lo mismo. El rumor es una voz que corre entre el público, o un ruido confuso de voces, mientras que el chisme es la noticia verdadera o falsa con que se pretende indisponer a una o más personas con otras, o se murmura de alguien.

Según la antropóloga ShelliNeuman la diferencia entre un rumor y un chisme es que en el primero se enfatiza el contenido mientras que en el segundo es más importante la forma de propagarlo, en general en la intimidad o entre gente del mismo medio social.

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