RUBÉN BLADES, A PASO DE CUMBIA

RUBÉN BLADES, A PASO DE CUMBIA

Una gorra azul de beisbolista, chaqueta de color crema, pantalones de dril azul, zapatos de goma y una camiseta de tono vivos con una leyenda que parecía hecha a su medida: Todos somos un pueblo .

25 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Con esa pinta, que se le ve bien a un artista pero no parece jugar con un abogado especializado en Harvard o en un político con el sueño intacto de ser Presidente, estaba Rubén Blades en el bar del elegante Hotel Hilton de San Juan.

El papá de Pedro Navaja había llegado a Puerto Rico no sólo para saludar a sus viejos amigos de la salsa sino para actuar en un concierto de artistas latinos y promover su reciente trabajo discográfico.

Hasta su silla se acercó alguien a decirle que unos periodistas colombianos querían hablar con él y, sin mayores problemas, se acomodó la gorra y fue hasta la mesa de los visitantes.

Saludó de mano a todo el mundo, con gesto serio pero amable; firmó autógrafos, se dejó tomar fotografías y contestó toda clase de preguntas durante un buen rato, mientras al fondo sonaba la orquesta de César Concepción.

Así como no aparenta sus títulos, el cantautor panameño tampoco deja ver en su cara los 48 años que tiene. Está más calvo, pero su bigote pulido aún lleva el negro natural.

En una de las primeras frases recordó que su abuela era colombiana. Pregunten quiénes eran los Aispuru en Santa Marta , dijo. De Colombia no sólo conoce de sus antepasados y la música sino la historia vieja de la violencia y la más reciente.

En medio de la charla apareció el tema ineludible de los narcoelefantes. Aunque su movimiento Papá Egoró (Madre tierra) no es parte del gobierno, Blades defiende a Pérez.

El problema de Panamá dijo no se parece al de Colombia porque allá, a diferencia de su país, no se ha institucionalizado la relación con el narcotráfico .

Sin embargo, reconoce que la corrupción que genera el narcotráfico está muy extendida y es una vieja práctica. El poder no corrompe, el poder destapa , dijo Blades.

No descartó que, como única salida al asunto, deba llegarse a la legalización de la droga. Eso de que la legalización aumentaría el consumo es cuento , agregó el músico. Y se puso él mismo de ejemplo: a pesar de convivir en ambientes donde las drogas son algo frecuente, aseguró que en sus 48 años nunca las ha usado: Es cuestión de formación .

Parece tan seguro de eso como de que las decisiones sobre una carretera o un nuevo canal en la frontera colombo panameña deben predominar los criterios ecológicos.

Contra nadie Blades decidió meterse en la política tras la invasión estadounidense al Istmo en 1989 y se presentó como un candidato sin amarres con el pasado de Noriega ni con sus enemigos.

Cree que es un político distinto. No hago política en contra de nadie , dijo. Por qué voy a ir en contra de quien tenga una buena idea? Eso no puede ser . No cree en las etiquetas, simplemente en lo que funcione.

Su otra arma como político es el ejemplo. En Ciudad de Panamá, vive en el mismo barrio donde creció, que es el segundo más peligroso de la capital. Y si fuera Presidente, seguiría viviendo allí mismo , aseguró.

Pero ahora pasa menos tiempo en su país. Viaja de allí para acá donde sus compromisos como cantante y actor lo lleven, porque necesita recuperarse de cuatro años de retiro del negocio.

Y ha contado con suerte porque, a pesar de que no le han dado la oportunidad de hacer la gran película, su nombre sigue firme en la industria del cine. Precisamente, acaba de hacer una cinta con Brad Pitt y Harrison Ford, en la que interpretó otra vez el papel de un policía latino. A pesar de ello, no se siente ni encasillado ni discriminado.

Incluido el de esta última cinta, Blades sigue pensando que su mejor personaje ha sido el condenado a muerte de Dead Man out, donde actuó al lado de Danny Glover. Por esa actuación recibió el premio al mejor actor de la televisión por cable, un honor que compartió con Vanessa Redgrave.

Sus proyectos a un año en la escena no están en Hollywood sino en Panamá. Quiere empezar a dirigir sus propias películas. Y ya tiene tres proyectos, con transfondo social, en borrador.

Pero, por lo pronto, tiene sus energías puestas en la Rosa de los vientos , su más reciente disco, en el que incluyó una cumbia rápida de su autoría y otra del compositor Oswaldo Ayala. El disco fue grabado en Panamá con músicos panameños y mezclado en Nueva York.

De lo otro una nueva candidatura poco quiso hablar. Piensa que falta mucho para decidir qué va a hacer en las elecciones del 99, el mismo año en que el canal pasará completamente a manos panameñas.

Pero lo que sus palabras no dijeron lo delató su sonrisa: Blades todavía espera que la presidencia de su país sea una de las sorpresas que le dé la vida.

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