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EE.UU.: SACRIFICIO O BUENA VIDA

EE.UU.: SACRIFICIO O BUENA VIDA

De la cintura para arriba, el presidente Bush lucía un elegante blazer azul oscuro, una camisa blanca impecable y una corbata de colores. Estaba bien peinado y tenía toda la pinta de un enérgico ejecutivo decidido a jugársela toda en el Medio Oriente. La imagen era perfecta para la ocasión. Pero cuando la televisión lo mostró de cuerpo entero, frente a su casa de veraneo, Bush llevaba puesto un arrugado pero cómodo bluyín y unos tenis blancos. El mensaje era que el Presidente seguía siendo el Presidente así estuviera de vacaciones mientras 100 mil de sus compatriotas esperan en Arabia Saudita a que estalle la guerra contra Irak. Algunos comentaristas, muy pocos por cierto, han calificado como inoportuna la actitud de Bush y han pretendido enfilar las baterías por ese lado. El Presidente, dicen, debería estar trabajando en su oficina y no paseando. Se imaginan la tormenta que se habría armado en Colombia si Betancur hubiera manejado la toma del Palacio de Justicia desde las Islas de

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Pues en este país, al borde la guerra, la prensa despachó rápidamente y con humor la tormenta que querían armar algunos críticos de Bush. Le dedicaron una que otra caricatura y lo interpretaron como una forma de decirles al mundo y al pueblo norteamericano que el Presidente no sería rehén de situación.

Sinembargo, la caricatura de Bush en corbata y tenis sirve para ilustrar los bandos en los que se ha dividido la opinión pública frente a la intervención militar en el Medio Oriente. Y también para tratar de entender la dualidad detrás de ciertas determinaciones que toma Estados Unidos para defender unos principios pero de paso para preservar intacto un estilo de vida que no se caracteriza propiamente por la austeridad.

De un lado están los partidarios de una intervención militar relámpago y contundente. Son los duros , los amigos del Pentágono, los patriotas de bandera en mano que quieren que el Coloso se haga sentir por la fuerza. Para qué, preguntan, hace Estados Unidos semejante demostración de poderío militar si no es para usarlo? Son los conservadores y ultraconservadores, que ven en la guerra una fórmula para neutralizar el catastrófico impacto electoral que tendría para los Republicanos una economía en recesión. Para nada les disgustaría ver al enérgico Presidente de corbata actuar. Jerónimo es su grito.

Del otro lado están los liberales, las palomas , los que quieren agotar todas las instancias diplomáticas, antes de hacer el primer disparo. Son los que preguntan si realmente valía la pena enviar a Arabia Saudita tan gigantesca fuerza militar, simplemente para evitar que el precio de la gasolina subiera unos centavos. Es pagar demasiado, dicen, por mantener satisfecha a una insaciable sociedad de consumo que tiene como una de sus máximas aspiraciones lograr que cada gringo sea dueño de un carro.

Los primeros, los que sostienen que el mal hay que cortarlo de raíz, están presionando al presidente Bush a que se haga sentir. De esta manera no quedará ninguna duda de cuál es la única potencia militar en el mundo después de terminada la guerra fría. Con esta corriente de opinión se identifican el gobierno israelí y la poderosa comunidad judía de este país, que preferiría ver que las tropas gringas hicieran polvo la amenaza que representa Saddam Hussein. Para Israel, de todas las salidas al conflicto la peor sería que Hussein siguiera mandando en Irak, así fuera sin Kuwait, y las tropas americanas tuvieran que regresar a su país sin haberles hecho el favor a los israelitas.

Los segundos, los blandos, quieren ver a Estados Unidos evitar una guerra sangrienta, costosa y seguramente prolongada. Los Demócratas, que hace casi 10 años no huelen las delicias del poder presidencial, respaldan públicamente al presidente Bush pero no ocultan en privado que un conflicto armado sería el mejor pase de entrada a la Casa Blanca. Este bloque de opinión es de los que dicen que nada de esto habría sucedido si no se hubieran abandonado tan pronto los esfuerzos que Nixon y Carter hicieron para conservar energía y sustituir el petróleo como la principal fuente de ésta, con todo lo que ello implica para una sociedad habituada al desperdicio y a la abundancia. A los pragmáticos líderes norteamericanos nunca se les ocurrió que era una buena idea hacia el futuro disminuir la excesiva dependencia del petróleo árabe.

Este bando será el que seguramente tome más fuerza y termine por imponerse a medida que se disipen las posibilidades de una guerra. Algo de razón tienen cuando dicen que la impresionante movilización militar estuvo más movida por intereses económicos que por principios ideológicos o políticos. Podrá decir la Casa Blanca que la misión de sus tropas es defender la democracia en Kuwait, un país que ha sido gobernado durante los últimos 250 años por una familia que no sabe qué es un voto? La democracia no se da en el Medio Oriente. En cambio, el petróleo abunda.

El principal motivo detrás de la operación Escudo del Desierto es evitar que un recurso vital para Occidente caiga en manos de un fanático enemigo. Pero también es para mantener un modus vivendi que gira alrededor del increíble consumo de energía. En el fondo, lo que busca la guerra es evitar que los gringos tengan que apretarse el cinturón y hacer sacrificios que riñen con el cómodo american way of living .

El presidente Bush fue el primero en admitirlo. En una de sus ruedas de prensa dijo que el pueblo norteamericano se expondría a que su estilo de vida cambiara radicalmente si no se extirpaba a Hussein de una región crítica para Estados Unidos.

Y para hacer más convincente el asunto, a la pregunta de un reportero que quería saber si dentro de las invitaciones que le estaba haciendo al pueblo norteamericano a ahorrar combustible estaba contemplada la posibilidad de guardar su bote deportivo Fidelidad , en el que acostumbra salir a pescar, Bush contestó con un tajante no. Y agregó que aspiraba a que los norteamericanos, a pesar de la situación del Medio Oriente, siguieran recreándose como manda la costumbre.

La salida de Bush dice mucho del carácter norteamericano. Ningún atrevido dictador árabe puede poner en peligro la buena vida a la que está acostumbrado el gringo sin pagar un precio muy alto. Como el de la guerra, por ejemplo.

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