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OSTENTACIÓN DE PRIVILEGIOS

OSTENTACIÓN DE PRIVILEGIOS

La que pasó no fue una buena semana para la clase política, tan derruída en su imagen por razones muchas veces justificadas. El martes algunos congresistas de la Cámara resolvieron trampear en la votación para hacerse elegir en la Comisión Legal de Cuentas, que finalmente quedó presidida por el representante Norberto Morales Ballesteros. Y el jueves el Senado tuvo a bien aceptar la decisión de la Cámara en el sentido de no eliminar el llamado turismo parlamentario , suprimido inicialmente por la primera corporación. Tal fue el balance del órgano Legislativo durante la semana que termina. Por otra parte, los concejales de Bogotá no solo no han renunciado al hecho cumplido de que ellos mismos o sus parientes puedan asistir, con voz y voto, a las juntas directivas de las empresas distritales de Bogotá, sino tampoco muchos menos a las prebendas actuales, oportunamente denunciadas por Alfonso López Caballero. Básicamente, tales prebendas son: dos escoltas por edil, pagados por el Fondo

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
02 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

De tal manera que, auncuando la clase política esté sintiendo pasos de animal grande con la Asamblea Constituyente, y así el decreto que reglamenta su convocación consagre en principio la elección popular sin tarjetón para evitar la susceptibilidad del país político en desmedro de los intereses del país nacional , lo evidente es que a la gente le repugna tánto espectáculo bochornoso, en el que la viveza y el chancuco generalmente prevalecen sobre el interés de la comunidad.

Es una lástima que ello siga ocurriendo mientras a muchos políticos les resbalan las críticas, según se ha visto por las que se vienen formulando a raíz de los escándalos burocráticos que provocaron la designación de gobernadores y, sobre todo, la conformación de sus respectivos gabinetes regionales. Pero, aun pese a esta indolencia, la clase política no debería seguir jugando con candela, pues ya ha habido diversos signos y reiteradas manifestaciones de condena a sus actuaciones. Como la bajísima votación para corporaciones públicas en los comicios del 11 de marzo y, luego, la aplastante votación en favor de la Asamblea Constitucional, que fue un típico voto de protesta contra la corrupción rampante de algunos congresistas, concejales y diputados.

La opinión nacional está cansada de tanto abuso y tanta glotonería con los dineros públicos (que son en gran parte los que los colombianos pagamos por concepto de impuestos), y de alguna menera solicita remedios urgentes contra las arbitrariedades que cometen, sin reato, determinados representantes del pueblo en sus diversas corporaciones. En lo que hace al Cabildo Distrital, el Alcalde está llamado a presentar un proyecto de Acuerdo que prohiba los excesos y privilegios ya anotados, en la certidumbre de que, si se diera ese lapo con todos los costos políticos inmediatos que ello pudiera suscitarle, la ciudadanía entera vería su gesto como un acto, a lapar, de higiene y valentía.

Y en cuanto se refiere a las prebendas e inmunidades parlamentarias hoy convertidas en impunidades, la gente sí se ha hecho a la idea (a lo peor equivocada y errática) de que la Constituyente también servirá entre otras cosas para suprimir los auxilios de los congresistas, reglamentar sus viajes al exterior, sancionar el ausentismo y acabar con todas las gabelas de que hoy disfrutan, y que los ha convertido en ciudadanos de primera, frente al grueso público. El cual tiene que aguantarse este estilo de democracia sin chistar palabra, para que no lo consideren instigador o conspirador.

Es, pues, contra los ostentosos detentadores de privilegios, como pensamos muchos que deben orquestarse las reformas institucionales, regulando y enmendando las instituciones (que son las clientelistas), ya que difícilmente se podrá sustituir a los actuales beneficiarios de todas estas prebendas, o cambiar al menos la mentalidad prevaleciente de que el Estado, en cualquiera de sus estamentos, es para metérselo al bolsillo, con mayores veras cuando las unidades investigativas de los periódicos inusitadamente dejaron de existir... Y no me refiero sólo a la clase política. También el hombre de carne y hueso el que hace cola se aterra de los deslices en que incurren otros ostentadores de privilegios, como algunos notarios, cuando cometen indelicadezas públicas y se guardan las mejores cartas económicas en el puño sucio de su camisa.

La institución del Notariado es muy respetable, para que ciertos favorecidos de nuevo cuño vengan a enlodarla, suscitando de paso justificadas reacciones tanto de sus colegas como de la comunidad. Ha causado extrañeza por ejemplo el hecho de que pocos días antes de finalizar el anterior Gobierno, éste hubiera derogado la norma que obligaba a los aspirantes a someterse a concurso. Y asímismo causa preocupación que un sector de notarios busque prolongar la edad de retiro, que es a los 65 años, abogando por afrentosas excepciones frente a los magistrados de la Corte Suprema y del Consejo e Estado.

Lo deseable es que el próximo Superintendente de Notariado y Registro no solo no se autonombre notario, sino además controle a los que se extralimitan o no cumplen sus funciones sancionándolos ejemplarmente, al amparo de un status laboral que hoy nadie sabe en qué consiste.

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