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ECONOMÍA

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El gobierno se había impuesto ambiciosas metas para 1995: inflación de 18 por ciento, crecimiento del 6 por ciento y un modesto aumento de las reservas internacionales. No pudo cumplir con ellas, pero los resultados son buenos. Un crecimiento cercano al 5 por ciento anual e inflación del 20 por ciento permiten que el ministro de Hacienda pueda terminar el año tranquilo.

Sin embargo, este desempeño puede traer problemas consigo. Guillermo Perry puede pensar que una vez aprobada la reforma tributaria y dados los buenos indicadores de 1995, lo que más le conviene es salir del gobierno para una buena embajada, mientras queda libre la dirección ejecutiva del Banco Mundial que le corresponde a Colombia a partir de 1996. Esta movida no sería oportuna, particularmente en esta coyuntura cuando el pasado se ve bien, pero el futuro muestra grandes incertidumbres.

Aunque la economía todavía va bien en parte por inercia del pasado las perspectivas no son tan optimistas. La misión del Fondo Monetario Internacional que visitó a Colombia en cumplimiento de su consulta periódica se fue muy preocupada y le dejó al gobierno y al Banco de la República memorandos bastante críticos, que no han sido divulgados, en los que indica los riesgos que se corren en los años venideros, para los cuales no se han previsto correctivos.

A pesar de no conocer el contenido de dichos memorandos, no es difícil adivinar cuáles son las preocupaciones del Fondo. En primer lugar, como tantas veces en el pasado, el buen comportamiento de la inflación se debe exclusivamente a que los precios de los alimentos se han comportado muy bien. La inflación básica que calcula tanto el Banco de la República como el gobierno no ha cedido y se mantiene cercana al mismo 22 por ciento de siempre. El déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos se ha empeorado considerablemente, y ha crecido en cerca de un punto del PIB en comparación con 1994.

Para empeorar las cosas, la política fiscal ha sido particularmente laxa y la ortodoxia monetaria que distinguió la primera parte del año se relajó prematuramente, dando paso a un cierto expansionismo originado en la defensa de la tasa de cambio y en el desmonte apresurado de los encajes. El frente fiscal no augura sino problemas. A partir de un pequeño superávit en 1994, el resultado fiscal del sector público consolidado se ha empeorado en cerca de dos puntos del PIB, si es cierto que las finanzas municipales no se han dañado.

El deterioro obedece a la descolgada del mercado cafetero, no registrada por los precios internos del café; a que los ingresos fiscales son inferiores a los normales, quizás por fallas administrativas derivadas de la inestabilidad de la Dian y de los anuncios contradictorios sobre su futuro; y a que el pacto social les hizo un daño significativo a las finanzas de las empresas de servicios públicos hasta cuando Rodrigo Villamizar se puso los pantalones en su sitio, y resolvió ajustar tarifas para no echarse encima la responsabilidad de que se le quebraran algunas de ellas, o no tuvieran con qué invertir. A lo anterior debe añadírsele que el gobierno está gastando más que en el pasado.

Las perspectivas son entonces preocupantes. El déficit fiscal seguirá creciendo en 1996; y el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos podría continuar aumentando, a menos que se de una devaluación más acelerada del peso o que se recorte el gasto público. La tarea de contener la inflación se hará más difícil, porque la devaluación de 1995 y 1996 va a tener un impacto inflacionario el año entrante y porque no se le ven ganas al Banco de la República de obligar al gobierno a mantener una política fiscal más ajustada.

Si el gobierno decide subir el gasto, previendo las exigencias políticas de 1996 y 1997, la inflación puede volver a subir, lo que equivaldría a tirar por la ventana el esfuerzo de muchos años.

Por todo lo anterior, hay que esperar que Guillermo Perry se quede a hacerle frente a esta difícil situación. La gracia es enfrentar el largo plazo; y demostrar un compromiso con los resultados permanentes de una gestión y con el equipo de gobierno al cual se pertenece. Un buen capitán se queda en el barco.

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