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NARCOPODER, EL GRAN ENEMIGO DE MÉXICO

NARCOPODER, EL GRAN ENEMIGO DE MÉXICO

La noticia de que el hermano mayor del ex presidente de México, Carlos Salinas (1988-94) posee una fortuna en Ginebra, probablemente asociada con el lavado de narcodólares, sorprendió a la opinión pública nacional por el monto de los depósitos (84 millones de dólares), pero no porque revele un vínculo entre política y narcotráfico, pues desde hace diez años menudean las informaciones sobre el avance de la narcopolítica en el país. (VER INFOGRAFIA: LOS CARTELES MEXICANOS DE LA DROGA)

Por lo menos un general del Ejército y muchos jefes policíacos y militares purgan sentencias por nexos con las mafias de la droga. pero, aunque se ha ligado el nombre de destacados políticos con ese negocio, hasta ahora ninguno de ellos ha sido llevado a los tribunales mexicanos por esa causa. Un antiguo ministro del Interior (ahora gobernador de un estado), un ex ministro de la defensa nacional y un ex procurador federal de Justicia, han figurado en sumarios ante cortes estadounidenses, pero ninguno ha sido aprehendido ni buscado formalmente, y en México no se les ha molestado.

La policía encargada de perseguir el comercio de drogas fue penetrada por las mafias de la marihuana y la cocaína, hasta sus máximos niveles, el asesinato del agente antinarcóticos estadounidense Enrique Camarena, en febrero de 1985, fue la primera señal de lo alto a que habían llegado los infiltramientos en los cuerpos policíacos.

El 7 de noviembre de 1991, en el estado de Veracruz murieron siete miembros de la Policía Judicial en una balacera con efectivos del Ejército, en que cada una de las partes acusó a la otra de proteger a narcotraficantes, y la gente cree que ambas partes tienen razón. Así lo consideró la autoridad castrense, que por primera vez sometió a juicio a un general. Sin embargo, cada vez son más frecuentes las versiones de que altos jefes militares obtienen jugosas gratificaciones de las mafias para favorecer su operación.

La gente común cree en México que por lo menos dos de los graves asesinatos políticos ocurridos en los últimos años fueron propiciados por el narcotráfico. De hecho la muerte del cardenal arzobispo de Guadalajara, Juan Jesús Posadas Ocampo, ocurrida en mayo de 1993 se produjo, según la versión oficial, en un enfrentamiento entre bandas de traficantes. Y en el homicidio del candidato presidencial oficialista Luis Donaldo Colosio, perpetrado en marzo de 1994, pudieron participar las poderosas mafias que tienen su sede en Tijuana, la ciudad fronteriza que es puente de acceso a la muy rica California.

Pocos resultados Pero los rumores que surcan diversas capas de la sociedad no se han traducido en acciones judiciales sostenidas. Han sido encarcelados en una prisión de alta seguridad varios jefes mafiosos, como Miguel Angel Félix Gallardo y Rafael Caro Quintero, pero Amado Carrillo y Juan García Abrego, líderes del cartel de ciudad Juarez y del cartel del Golfo, equivalentes por su poder al que alcanzaron en su apogeo los de Medellín y Cali, permanecen activos y hasta se benefician del quebranto sufrido por las bandas colombianas, para incrementar sus operaciones.

La DEA no ayuda Para ese propósito parecen contar con eficaz protección política no solo en México sino también en Estados Unidos. Observadores mexicanos de la lucha contra el narcotráfico están descorazonados porque la acción de la DEA, la Agencia estadounidense contra las Drogas, parece más orientada a regular el mercado que a suprimir a las mafias.

Un dato revelador en ese sentido es lo ocurrido a Guillermo González Calderoni, un ex comandante de la Policía Judicial acusado por corrupción y refugiado en territorio estadounidense. No pudo ser llevado a México por haber sido acogido por el programa de testigos especiales de la DEA, que al parecer también ha actuado en favor de Mario Ruiz Massieu, detenido en Nueva York hace unos meses, y acusado de poseer por lo menos nueve millones de dólares tal vez procedentes del narcotráfico.

Si bien Ruiz Massieu dedicó sus últimos meses como subprocurador de la república a investigar, sin éxito, el asesinato de su propio hermano José Francisco, el número dos del Partido Oficialista, eliminado en septiembre de 1994, también fue durante un tiempo encargado de perseguir a las mafias, y de esa época datan sus depósitos en un banco de Houston.

Notable expansión Los observadores también están preocupados por al expansión del mercado de drogas en México. Durante largo tiempo, este país sirvió solo como puente para el traslado de cocaína de las zonas productas de América del Sur a Estados unidos, pero ahora el consumo interno de ese alcaloide ha adquirido gran importancia. Supera ya, por el alto costo de esa droga, el de la marihuana, del que México ha sido un exportador importante desde hace medio siglo.

La inercia que hasta hoy ha impedido un ataque legal a fondo contra las mafias del narcotráfico podría romperse ahora que las autoridades suizas investigan un caso concreto de posible lavado de dinero, Raúl Salinas, hermano mayor del presidente que quiso llevar a México al primer mundo, estaba ya en prisión acusado del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu.

Por lo tanto, esta puede ser la ocasión perfecta para ejercer una presión internacional que obligue al gobierno mexicano a transformar su lucha verbal contra el narcotráfico en una verdadera batalla.

(*) Uno de los más destacados columnistas mexicanos, catedrático de ciencias políticas y consejero ciudadano en la Comisión Federal Electoral.

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