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De víctimas a victimarios

De víctimas a victimarios

Un relato criminal y policíaco, con esquemas del género de acción, que hubiese trascendido en el plano nacional e internacional si contextualizara mejor los riesgos y debilidades de políticas de reinserción. Junto al rencor de quienes fueron víctimas de secuestros y extorsiones familiares, la justicia privada de motivos personales se convierte en el principal eje temático, que recurre al espectáculo de golpizas y balaceras sin identidad propia. Como el perdón no existe, domina la venganza incontenible y reina el círculo maldito de la violencia. De manera anecdótica se cuestiona una pretendida impunidad y apenas se mencionan los peligros que recaen sobre leyes de justicia y paz.

Dos jóvenes hermanos antioqueños -el director Luis Felipe Orozco y su guionista, Carlos Esteban- son también los editores de una película que bien pudo haber sido muy nuestra, pero que se deja impresionar por recetas foráneas. No obstante la fibra actoral del tachirense Édgar Ramírez, el Diablo no alcanza a poner el dedo en la llaga y su conducta deja entrever no pocas contradicciones. Porque faltó ese ángel redentor que cura heridas, aconseja y lucha por no dejarse arrastrar del lado oscuro. ¿Y qué decir de la inexistencia de acciones humanitarias? Su técnica, derivada de teledramas o seriados de cadenas latinas en Miami, despliega un particular énfasis en modelos californianos y demás cintas coreanas de Park Chan-wook (Lady Venganza y Oldboy). Al escenificar reiteradas torturas y seguimientos o persecuciones, a través de un circuito cerrado de televisión, se pierden ostensiblemente motivaciones u orígenes de tratos despiadados atribuidos a victimarios conversos. No sobra recordar que en Al final del espectro (ópera prima de los Orozco), las referencias inmediatas fueron una cinta japonesa (Agua turbia) y su versión de Hollywood.

RAÚL RUIZ (Puerto Montt 1941-París 2011). El cineasta europeo de origen latino más importante de los tiempos modernos estuvo con Chile Films y la Unidad Popular, donde filmó propuestas vanguardistas que marcaron rumbos diferentes.

Por La expropiación, debió refugiarse en Francia después del golpe militar; París lo adoptó por 38 años y El Havre lo nombró director cultural. Sus primeras joyas europeas, laberínticas y míticas: La vocación suspendida y La hipótesis del cuadro robado. Posteriores obras maestras: El territorio (inspiró a Wenders), Las tres coronas del marinero (mitos de Chiloé) y El tiempo recobrado (sublime recreación proustiana). Monumental creación póstuma fue Misterios de Lisboa.

laurens@etb.net.co

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