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Un día en la campaña de Carlos Galán

Un día en la campaña de Carlos Galán

A las 10 de la mañana, el nombre de Luis Carlos Galán ha sonado una docena de veces y Carlos Fernando, su hijo, no ha movido un músculo de la cara. Sereno, piel blanquísima y bajo tono de voz, el menor de tres hermanos sabe que es algo con lo que tendrá que vivir.

El primero en nombrar a su padre es Gerney Ríos, ex candidato al Concejo, en su apartamento en el norte de la ciudad. Ríos es anfitrión de un desayuno para ocho personas y recuerda sus charlas con Luis Carlos, en el año 1978, cuando hablaban sobre la economía del país. Tres, cuatro veces, las invocaciones a Luis Carlos Galán se suceden con rapidez. Todos los asistentes tienen una anécdota que contar y Carlos las escucha. Está recién casado y le cuesta dejar la casa temprano todos los días.

Juega con su argolla de matrimonio para recordar a su esposa. Es una persona tímida que manda pocas señales, habla pausado y le cuesta entrar en calor.

"Dios nos ama a todos, pero rechaza su pecado". Quien pronuncia las palabras es Darío Silva, el periodista que se convirtió al cristianismo y fundó Casa sobre la Roca, refiriéndose a los homosexuales. Ha invitado a Galán para conocer sus planes para Bogotá y la comunidad cristiana. Tiene una oficina con grandes ventanas, escritorio de madera, dos sofás a rayas verticales, unos treinta diplomas colgados en las paredes y en una esquina, un atrio de madera sobre el que reposa una Biblia, abierta en Ezequiel 38:22: "Y yo litigaré contra él con pestilencia y con sangre; y haré llover sobre él, y sobre sus tropas, y sobre los muchos pueblos que están con él, impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre". Silva habla de la necesidad de que a las iglesias no las traten como empresas.

Nombres van saliendo en la conversación: Falcao García (es bachiller del Nuevo Gimnasio Cristiano); Juan Manuel Santos (Silva lo entrevistó en Londres, cuando vivía allá y era amigo de otro joven llamado Tony Blair). Luego les toca el turno a Luis Carlos Galán y a César Gaviria. Es inevitable: en la vida de Carlos Fernando y de Colombia, un nombre y otro van siempre de la mano.

Entrando en calor Quienes conocieron a Luis Carlos coinciden en que era un hombre tímido que en la plaza pública arrollaba con su discurso. Carlos Fernando no es su padre, pero se le parece con el correr de las horas.

La cita es ahora en la sede de Leonor Serrano, ex gobernadora de Cundinamarca, donde 35 personas le dan la bienvenida. Galán almuerza pese al desayuno trancado de la mañana y, una vez termino, comienza su discurso.

El hombre inexpresivo y de voz baja desaparece. Sube la voz, mueve las manos.

Domina el auditorio y hace propuestas. Responde preguntas seguro de su oratoria. Traje azul, camisa blanca sin corbata, una mano en la cintura y la otra rasgando el aire, se hace entender. Llega el momento de irse a un foro sobre maltrato a la mujer. Es en el centro de Bogotá, cerca al Palacio Liévano, al que aspira. Un auditorio difícil con unas 300 feministas lo espera.

Galán se para frente al estrado y se toma su tiempo: "Yo fui criado por una mujer". Comienza a hablar y el auditorio hace silencio. Cuando se refiere a su madre, que fue a la vez madre y padre, el silencio se convierte en atención.

Al final explica que la ciudad necesita una política pública que piense en ellas y la atención se transforma en apoyo. Termina su intervención, abandona el recinto entre aplausos y vuelve al carro, al silencio, a la timidez. No importa lo que digan sus seguidores y detractores. Contra el código genético no se pelea: Carlos Fernando no es Luis Carlos, pero se le parece montones.

El ciclista Fabio Parra, con Galán.

Una anécdota de la jornada con el candidato Carlos Fernando Galán fue en el almuerzo, en la sede de Leonor Serrano, donde estuvo presente el ex ciclista Fabio Parra, alguna vez tercero en la clasificación general del Tour de Francia. Desde su retiro, Parra ha estado involucrado en política y hoy respalda al partido Cambio Radical

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