Secciones
Síguenos en:
Caracas

Caracas

Sus últimos años fueron una desgracia. Perdió un ojo en la avenida Jiménez de Bogotá después del impacto de una manopla de hierro contra su cara para robarle el carro. La guerrilla lo sacó de su retiro en el campo, y su último apartamento estuvo varios días sin luz y sin agua. Sin embargo, antes de morir, en 1998, llegaron los homenajes. El Ministerio de Cultura publicó un libro sobre su obra.

Su hija, Alejandra Matiz, se puso al frente de su legado y sus fotos empezaron a vivir una segunda juventud. En los últimos años, la obra de Leo Matiz ha sido expuesta en varios países y sus originales han alcanzado precios inusuales para un fotógrafo. Su biografía ha tomado tintes de leyenda y su fuga de México, amenazado de muerte por el muralista David Alfaro Siqueiros por acusarlo de plagio, tiene todos los elementos para una película. Sus retratos de Louis Armstrong, Manolete, Perón y Frida Kahlo y sus composiciones abstractas con elementos arquitectónicos hacen parte de la memoria visual de Colombia. Pero, faltaba algo: Venezuela.

Matiz llegó a Caracas el 19 de enero de 1950 para trabajar con Plinio Mendoza en el diario La Esfera y unos años más tarde se unió a su paisano de Aracataca, su majestad García Márquez, y con Plinio Apuleyo Mendoza en la revista Momento. "Mi papá lo llevó a Venezuela -recuerda Plinio Apuleyo-.

Luego trabajó conmigo y vivimos un momento histórico: la caída de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958. Yo era el director de Momento. El golpe estalló en la madrugada. Me fui al apartamento de Leo y lo desperté para que saliera a la calle; entre tanto, Gabo y yo hicimos el primer editorial escrito bajo la democracia de Venezuela." Matiz estuvo todo ese día en la calle - fotografió a jóvenes encima de los autos y escenas delirantes y mostró las calles caraqueñas en una especie de carnaval-. Medio siglo después, ese material tiene todavía el poder de una primera página. "Leo -recuerda Plinio- entregaba todo perfecto. Él mismo revelaba y hacía la selección de sus fotos." Y esa selección, o parte de ella, está en la Galería Nueveochenta, junto con algunos de sus logros estéticos más notables, como su capacidad para convertir las chimeneas de una refinería petrolera en un cuadro abstracto, o hacer que una modesta cesta de baloncesto se vea tan exquisita como una escultura moderna. Matiz fotografió a Caracas hasta el cansancio, y el curador de la muestra -Osbel Suárez- se atreve a decir que es imposible reconstruir parte de la historia de su país sin el ojo del fotógrafo colombiano. Además de las 45 fotos de la exposición, hay un video de la cineasta Alejandra Szplaki que recoge el trabajo de Leo en la década del 50 y resulta tan poderoso como las fotos en papel: es una maravilla ver la historia de un país en fotos del tamaño de una pantalla de cine

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.