LAS VÍCTIMAS DE LA GUERRA

LAS VÍCTIMAS DE LA GUERRA

Ana Marley, Fernando y José Antonio, son tres personas que seguramente no se conocen, y que aunque viven en ciudades distintas y tienen oficios diferentes comparten algo en común: ser víctimas del terrorismo y la violencia.

13 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Ellos son solo tres ejemplos de los miles que se pueden contar en el país. Aunque ninguno tiene nada que ver en el conflicto armado que vivimos, la irracional violencia los ha involucrado en esta guerra que no respeta condición social, edad o sexo.

Algunas de estas víctimas, han trabajado toda su vida para tener una situación económica estable y ahora no tienen nada. Otros, no han logrado tener mucho y sin embargo las balas, las granadas y la dinamita les han arrebatado lo poco que consiguieron. Los menos afortunados, han perdido la vida o han quedado lisiados para siempre como consecuencia de algo que ya se volvió común entre nosotros y a lo que desafortunadamente ya nos hemos acostumbrado: los asaltos guerrilleros a las poblaciones.

Cada uno vive su propio drama. Ana Marley, una joven mujer de Acacías, que quedó viuda hace un año cuando estaba esperando su tercer hijo, luego de que un grupo de atracadores intentara robar la joyería que tenia con su esposo, todavía no entiende por qué cuando se empezaba a recuperar sicológica y económicamente de este golpe, el 7 de agosto pasado, la misma violencia que se llevó a su esposo le acabó literalmente su negocio.

Durante la acción guerrillera a la población, los subversivos dinamitaron el local y destruyeron gran parte de la mercancía, Lo que no se dañó fue saqueado por algunos avivatos del pueblo.

Hoy lo único que le queda son deudas, tres hijos pequeños para sacar adelante y mucho desconsuelo por lo que ha tenido que vivir.

A Fernando Ombita, un médico veterinario que vive en Guamal, la violencia guerrillera también lo buscó. Con esfuerzo, trabajo y sacrificio, como dice él mismo, logró sacar adelante un negocio que le permitía vivir y asegurar el futuro de su familia. El miércoles anterior, tras el ataque a la población, la subversión le cambió la vida. La droguería veterinaria que tenía sobre la vía principal quedó reducida a escombros, como consecuencia de la explosión de un carro bomba que fue detonado frente a su negocio.

Asegura que perdió más de 80 millones de pesos, pues la droguería no estaba asegurada porque ninguna compañía la quiso asegurar por estar frente al puesto de policía.

Con desconcierto por los sucedido, este hombre dice: es una guerra fratricida donde nosotros no tomamos partido por ninguno de los dos bandos y vea pues la situación en que lo dejan a uno. El esfuerzo de una cantidad de años de trabajo quedan reducidos en un momento a escombros. Tantos años de entrega, de estudio, de trabajo, de sacrificio quedan en cenizas .

Entre tanto, José Antonio Roa, un conductor de 46 años, que la noche del martes 6 de agosto cuando se inició el ataque a Guamal, conducía un vehículo de servicio colectivo entre Granada y Villavicencio, también tiene su historia. Tras ser estrellado por un camión que daba reverso para salir del fuego cruzado en plena vía principal a media cuadra del puesto de policía, recibió un disparo de fusil en la pierna izquierda. Durante varias semanas no podrá trabajar, y seguramente esta experiencia lo marcará por el resto de sus días.

En diferentes poblaciones del Meta, del Llano y del país, hay miles de familias que han vivido un tragedia similar o peor. A lo largo y ancho del territorio nacional hay viudas, huérfanos, hogares descompuestos, personas lisiadas, que afrontan su drama como consecuencia de las acciones de la guerrilla.

La población civil ha sido y seguramente seguirá siendo, de muchas maneras, la más perjudicada en esta guerra que vive Colombia.

A quién acudir? Víctor Alfonso Puerto García, Defensor del Pueblo, dijo sobre el particular que esa dependencia recibe las denuncias de los ciudadanos que hayan sido víctimas de acciones violentas por parte de la subversión y sirve de intermediario entre las dependencias oficiales encargadas de prestar apoyo.

Reveló que para el caso de los damnificados por las acciones terroristas, el gobierno dispone de unos recursos que deben ser tramitados a través de la Red de Solidaridad Social. Explicó que la defensoría puede recibir las solicitudes y ayudar a gestionar una especie de indemnización por los daños causados.

En el caso concreto de Guamal y Acacías, Puerto García, dijo que las personas que hayan resultado afectadas de una u otra manera, pueden solicitar la orientación y apoyo de la Defensoría para obtener una respuesta del Gobierno.

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