REVALUACIÓN, TASAS DEINTERÉS Y FUERZAS DEL MERCADO

REVALUACIÓN, TASAS DEINTERÉS Y FUERZAS DEL MERCADO

Contra lo esperado y tantas veces anunciado, la cotización externa del peso colombiano no se ha ido pique por causa de las tensiones políticas. Después de los amagos de derrumbamiento, contenidos con celo por el Banco de la República, vuelve a vitalizarse y a experimentar otra revaluación real.

20 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Como signo de confianza en el país, ofrecería motivo para celebrar y regocijarse. Pero, dadas sus implicaciones, el Gobierno es el primero en inquietarse mientras los cafeteros se sienten amenazados de ruina y lesionados los demás exportadores.

De tiempo atrás se ha preguntado si es aconsejable erigir el tipo de cambio en el ancla del costo de la vida cuando la depreciación del poder adquisitivo interno es del veinte por ciento anual. Con resultados catastróficos se aplicó este criterio en México, manipulando las tasas de interés para preservar el flujo de capitales extranjeros. Con muchas dificultades y críticas se ha adoptado en el Brasil y todavía con mayor drasticidad en Argentina, donde la recesión de más de dieciocho meses y el disparo del desempleo han sido su costo social.

A nadie se le ocurriría revivir la teoría amañada del termómetro que veía en el tipo de cambio el reflejo automático e inevitable de la temperatura febril de la economía. Era una de las formas de perpetuar y alimentar los desbordamientos inflacionarios.

No obstante, tampoco parece lógico pretender que el dinamismo de las exportaciones y de consiguiente el de la nación se mantengan cuando la compensación que por ellas se obtiene se coloca sistemática y abultadamente por debajo del nivel de los precios internos, o sea de sus costos de producción.

Aquí se habló mucho de prevenir la llamada enfermedad holandesa , expresión con que se distinguía esta tendencia, a propósito de las perspectivas de bonanza petrolera. Por su culpa podrían extinguirse las demás exportaciones, sufrir grave deterioro las oportunidades de empleo y la economía colombiana acabar como lo estuvo la de Venezuela con yacimientos muy superiores. Petrolizada.

Curiosamente, antes de llegar dicha bonanza, prevista para 1997 y especialmente para 1998, han vuelto a soplar vientos de revaluación real. No ya con el concurso de los narcóticos, pero sí con el de capitales fugados en trance de repatriación. Claro es que si el peso se hubiera derrumbado, este hecho se habría atribuido a la crisis política y se le habría esgrimido con fines previsibles.

Habiendo ocurrido lo contrario en medio de la batalla frontal contra la economía de estupefacientes, se cree encontrar la causa en la mayor facilidad de endeudamiento externo, autorizada por la Junta Directiva del Banco de la República, a solicitud del Gobierno, para moderar las tasas de interés. A pesar de tanto cieno, fenómeno indicativo de la confianza de los banqueros extranjeros en el país.

Lo cierto es que el costo del dinero no podía seguir en las alturas astronómicas que había alcanzado, sin postrar a la economía colombiana en una recesión profunda y sumamente traumática. Los índices crecientes de desempleo y el mismo desmonte de las estructura agrícola del narcotráfico obligaban a salvar y prohijar las actividades productivas lícitas.

Observando las contradicciones y vaivenes económicos, cabe inquirir si en el fetichismo del mercado se ha ido la mano. A él se fió la suerte de los campesinos cuando se decidió privar al agro de protección y estímulo. El mercado, a través del principio de la máxima rentabilidad, trazó la ruta: a sembrar coca como locos. Las consecuencias, a todas luces deplorables, se hallan a la vista.

La utilización de la tasa de cambio como ancla del costo de la vida no ha desaparecido de la estrategia económica colombiana. De otra manera no se entendería que la junta directiva del Emisor hubiera vuelto a promoverla, absteniéndose de intervenir tras haber actuado con ánimo vigilante para prevenir una devaluación desordenada y peligrosa. Que, desde luego, se habría convertido en factor principal de desestabilización política e impulsado las corrientes del caos.

En ocasión recientísima se afirmó que el señalamiento del tipo de cambio no era en verdad fruto ciego del mercado sino de la comparación de las circunstancias internas del peso colombiano con las de una cesta de monedas de los países con los cuales comercia Colombia. Valdría la pena revelar qué se deduce de ese cotejo. En cuanto a los movimientos del mercado, siempre son manipulables variando elementos básicos como el de las tasas de interés, aunque también se les proclame producto de situaciones incorregibles.

Esta deformación mental ha afectado igualmente el empeño de contrarrestar los móviles inerciales de la inflación. Hasta el punto de que los voceros gremiales se quejan de los excesos de los precios administrados por el Estado y, específicamente, de los educativos. Por qué no se les ha puesto en cintura? En conclusión, las autoridades económicas deben ejercer su intervención moderadora tanto sobre el tipo de cambio como sobre las tasas de interés. No jugar a la revaluación como ancla del costo de la vida, ni a la devaluación masiva como instrumento principal y acaso único del fomento de las exportaciones y de la aceleración del desarrollo.

Colocarse en el justo medio y no descargarse de responsabilidades, imputando a fuerzas ocultas e incoercibles las oscilaciones de la moneda y la economía nacional. Ni, siendo indispensable, reducir la acción del Estado al solo reordenamiento fiscal.

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