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Nuevo intento por evacuar agua estancada

Nuevo intento por evacuar agua estancada

Doce de las 20 motobombas instaladas por la Gobernación en el sur del Atlántico comienzan a trabajar desde hoy, tras ser conectadas a las subestaciones Caño Arena y Caño Tabaco, informó Juan Pablo Deik, secretario de Infraestructura Departamental.

Las motobombas estarán funcionando después de las 5:30 p.m., cuando Electricaribe culmine los trabajos de energización de la zona.

La primera subestación quedará funcionando para reforzar la demanda energética del cono sur, mientras que la segunda sólo lo hará durante el período de evacuación de las aguas estancadas, lo que se estima debe cumplirse en dos meses.

Entre el 30 de noviembre de 2010 y la última semana de enero de 2011, cuando la Gobernación cerró el boquete de 240 metros en la vía entre La Oriental y Santa Lucía, entraron 2.200 millones de metros cúbicos de agua al sur del Atlántico. Cerrado el boquete, 750 millones de metros cúbicos quedaron estancados: 600 millones salieron por gravedad, luego de la apertura de dos boquetes en Caño Arena y Caño Tabaco; y sólo 15 millones por motombombas diesel. Los otros 135 millones siguen en el casco urbano de Manatí y las zonas rurales de este municipio, Campo de la Cruz, Suan y Santa Lucía.

El gobernador Eduardo Verano aseguró que energizar las 12 motobombas cuesta alrededor de 1.500 millones de pesos por trimestre. Los equipos no habían funcionado por fallas en el suministro eléctrico, debilitado tras la inundación.

Para María Olga Flórez, jefe del Distrito Atlántico de Electricaribe, "ha sido una labor muy compleja. El arreglo de equipos averiados por la inundación, la recuperación del transformador y todos los elementos nuevos que fueron adquiridos por la empresa".

Problemas de convivencia Eduardo Majul, presidente de la Asociación de Ganaderos de Manatí (Asogama), dijo que en la parte más baja de su municipio, el agua alcanza los dos metros de profundidad, y en el sector rural supera los tres metros. En Manatí los damnificados siguen repartidos entre cambuches, aulas públicas y carpas, mientras a los estudiantes les toca recibir sus clases en casas alquiladas.

La situación ya ha generado problemas de convivencia. "Hay enfrentamientos entre los estudiantes de 11 grado y los damnificados porque se niegan a salir de los salones. Ellos creen que no les van a seguir dando las ayudas humanitarias si vuelven a sus casas", expresó Majul

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