EL VACÍO DE EL ESPECTADOR

EL VACÍO DE EL ESPECTADOR

Quienes conocen la larga historia de la relación de EL TIEMPO con El Espectador -una de luchas comunes y emulación periodística, de debates de ideas y de limpia competencia- saben lo que significa para este periódico el hecho de que aquel reduzca su publicación a los domingos. Desde siempre, El Espectador ha sido un indispensable punto de referencia para este diario, con el cual se consolidó a través del tiempo -comenzando por la amistad de Eduardo Santos con Luis Cano, y pasando por la afectuosa cercanía de Hernando Santos y Guillermo Cano- una solidaridad que fue más allá de la simple competencia cotidiana. Ambos han combatido, en su trayectoria centenaria, por ideales democráticos y patrióticos semejantes. Y ambos sufrieron amenazas y persecuciones, como aquellas de las hegemonías conservadoras posteriores a 1946 o, más recientemente, las desatadas por las mafias del narcotráfico.

31 de agosto 2001 , 12:00 a.m.

Quienes conocen la larga historia de la relación de EL TIEMPO con El Espectador -una de luchas comunes y emulación periodística, de debates de ideas y de limpia competencia- saben lo que significa para este periódico el hecho de que aquel reduzca su publicación a los domingos. Desde siempre, El Espectador ha sido un indispensable punto de referencia para este diario, con el cual se consolidó a través del tiempo -comenzando por la amistad de Eduardo Santos con Luis Cano, y pasando por la afectuosa cercanía de Hernando Santos y Guillermo Cano- una solidaridad que fue más allá de la simple competencia cotidiana. Ambos han combatido, en su trayectoria centenaria, por ideales democráticos y patrióticos semejantes. Y ambos sufrieron amenazas y persecuciones, como aquellas de las hegemonías conservadoras posteriores a 1946 o, más recientemente, las desatadas por las mafias del narcotráfico.

El que la familia Cano perdiera el control de El Espectador nos dolió profundamente. Pero pese a haber perdido una parte importante de su identidad, al ser adquirido por un grupo económico, celebramos entonces su permanencia. Porque más allá de quién fuera su propietario estaban el nombre, la trayectoria, los valores y principios que el diario había encarnado durante más de 100 años de existencia, siempre preservando su independencia y su innovadora calidad periodística.

Ahora, cuando sabemos que nuestro tradicional competidor no estará cada mañana en nuestros hogares o mesas de trabajo, deploramos la pérdida de un colega de primer orden, que por tanto tiempo ha sido un referente fundamental en nuestra labor, nos mantenía en vilo y nos estimulaba para conservar nuestra propia excelencia periodística. Será un vacío enorme, que nos obligará a redoblar esfuerzos y a no bajar la guardia, para evitar que su desaparición del campo cotidiano nos haga sentir dueños de él y nos haga caer en peligrosas veleidades.

Este vacío nos preocupa profundamente, además, por lo que significa para el periodismo nacional y para la democracia la pérdida de una voz, una opinión, una fuente informativa como las que representaba diariamente El Espectador. Cada vez que muere un diario en un lugar del mundo, mueren con él una parte de la sociedad y de su vitalidad democrática. Y en un terreno diferente pero no menos delicado, por lo que significa para mucha gente, desaparece también una fuente de empleo, con el efecto consiguiente para una larga cadena de trabajadores, desde los voceadores y los distribuidores hasta los periodistas, técnicos y funcionarios administrativos que se requieren para producir un diario. Es una dramática evidencia de la crisis por que atraviesa la economía, a la cual no han sido ajenos los medios.

Por esto celebramos que el periódico no desaparezca del todo sino que se convierta en adelante en un hebdomadario, cuya edición dominical incluirá las revistas que hasta ahora venía publicando entre semana. También nos complace registrar la noticia de que la nueva publicación seguirá apareciendo bajo la conducción de Carlos Lleras de la Fuente, quien ha sido ratificado como director-presidente del nuevo semanario. Aunque su muy personal y aguda pluma hará falta en el día a día, estamos seguros de que todos los domingos nos hará sentir su sapiente prosa.

La interrupción que sufrirá El Espectador -que también es resultado de una serie de decisiones empresariales equivocadas- golpea el pluralismo informativo. Que ahora más que nunca, ante la polarización y la violencia que amenazan la contienda electoral, demanda a gritos el país. La única respuesta que podemos dar a esta lamentable circunstancia es la de acentuar nuestros esfuerzos, tratar de publicar cada día un mejor periódico, no caer en la complacencia. Solo así podremos llenar ese vacío, hasta ver de regreso a nuestro colega al lugar que por tantos años ocupó en el oficio de informar a los colombianos.

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