DETRÁS DE LAS NOTICIAS

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Como los valores se han trastocado, las funciones de las instituciones también.

18 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

Así, resulta que la prensa en Colombia decidió asumir una tarea visceralmente distinta a la que cumple en todas partes, y es la de que antes de informar está dedicada a fiscalizar. Esta labor, que tanto por lógica como por razones constitucionales le corresponde desempeñarla a la Fiscalía General de la Nación, resuelve a su turno dedicarse a otra misión, que es la de hacer oposición. Oposición que deberían estar enarbolando los partidos políticos, o al menos alguno de ellos, organizadamente. Mas estos están atomizados y renunciaron a ese ejercicio desde el punto de vista de colectividad. Algunos de sus miembros son críticos legítimos del régimen vigente, pero a título individual. Y otros más son, simple y sencillamente, conspiradores interesados en derrumbarlo.

Que la prensa entendiéndose por ésta el diverso conjunto de los medios de comunicación que existen en el país se dedicó a fiscalizar antes que a informar, es un hecho tan protuberante como insólito. No estoy en contra de las unidades investigativas ni de las denuncias periodísticas; empero nada hay tan peligroso como la verdad soltada a medias, pues constituye una verdad dirigida e interesada.

Y eso es lo que en términos generales ha ocurrido con los medios en nuestro país. Que publican o difunden solamente una versión de los hechos la que a sus editores les interesa y no las dos caras de la moneda, que sería apenas lo justo con la audiencia o con el lector. Pero hay algo todavía más grave: ese radioescucha o televidente, y ese lector, tienen ahora que informarse primero de dónde, de qué medio proviene la noticia, no solo para saber cómo interpretarla sino también para tomarla con el correspondiente beneficio de la duda. Así, y sin ánimo alguno de personalizar, si se trata de un dato suministrado por CM&, el enfoque del mismo puede ser radicalmente distinto del que divulga el noticiero TV Hoy. Lo propio podría decirse que sucede entre RCN y Caracol, y de igual manera de lo que en forma un tanto peyorativa se denominaba anteriormente como la gran prensa es decir EL TIEMPO y El Espectador frente a la forma como publican por ejemplo sus informaciones los periódicos de provincia en una nación en donde éstos no solo son numerosos sino influyentes en su respectiva plaza.

Sí, pobre lector y pobres oyentes! Lo digo porque el problema es que aquel principio básico de que la opinión es libre pero la información es sagrada se ha violado aquí de cabo a rabo, sistemáticamente y sin ningún reato. Por eso es por lo que ahora topamos con titulares cargados de intenciones e informaciones repletas de opiniones, no necesariamente relacionadas con la crisis aunque directa o indirectamente referidas al Gobierno.

Estoy de acuerdo con tres reflexiones. Primera, que, como dijo Daniel Samper, los medios forman parte de la crisis nacional . Segunda, que, como dijo Antonio Caballero precisamente a propósito de las declaraciones de Daniel Samper, el periodismo en Colombia ha sido siempre político y seguirá siéndolo por mucho tiempo. Tercera, que el proceso Ocho Mil sin duda ha servido para que la gente lea más, oiga más y vea más, a pesar de la posible saturación del tema. El problema sinembargo es que los medios resolvieron tomar partido y por eso aparece cuestionada al menos por algunos su credibilidad. Y aun, mea culpa, a nivel de comentario, las posiciones frente a los hechos políticos, que son generalmente subjetivas, también se han radicalizado en extremo por culpa de esa polarización de pensamientos y sentimientos que hoy se registra en el país, polarización de la que la mayoría de los columnistas no hemos logrado escaparnos ni mucho menos sobreponernos. Ello, lo reconozco, va en desmedro de nuestro propio prestigio profesional. Y es por eso mismo por lo que los comentaristas no encasillados con ninguna de las partes en conflicto se pueden contar con los dedos de la mano y, como dicen, sobran dedos.

Y mientras tanto, como mencioné al principio, la Fiscalía, que es la que debería estar haciendo aquello de lo que se ha encargado la prensa a modo de tribunal de inquisición y debería estar haciéndolo en medio de la más absoluta discreción, para convencernos de la respetabilidad emanada de sus decisiones se dedicó a ejercer la oposición. Eso no lo digo yo. Lo dijo, ni más ni menos, el propio Vicefiscal General de la Nación, en reportaje para Cromos, con toda la desfachatez y toda la sinceridad.

Sí, es cierto: miedo producen muchas de las decisiones de la Justicia provenientes de la Fiscalía porque están politizadas. Y están politizadas porque, según el Vicefiscal, a su despacho le correspondió asumir ese vacío de oposición que dejaron los partidos políticos, y en consecuencia es así como supone que la gente quiere ver actuar a esta institución, independientemente de si eso es lo que le corresponde hacer de acuerdo con nuestro zarandeado Estado de Derecho: la política espectáculo desde el poder jurisdiccional, antes que la majestad de la Justicia y los jueces sabios.

Hacia dónde nos llevará esta distorsión de valores? Ignoro si a buen puerto y mucho sospecho que no. Intuyo que, a la postre, la prensa va a salir mal parada de todo este rollo, por haberse involucrado en él, comprometiéndose hasta la empuñadura las más de las veces. Y auncuando es cierto que todos tenemos cuerpo y alma y que difícil sería encontrar la imparcialidad a toda prueba, se ha incurrido en grados tales de politización en el manejo calculado de la información, que no solo no se guardan distancias con las fuentes, sean éstas las que fueren, ni se comparan testimonios para evaluar pruebas y contrastarlas, ni se permiten los descargos en pie de igualdad con los cargos, sino aún más: ya incluso las cosas en el medio son tan exageradas que hemos llegado hasta el extremo de que la relacionista pública de los premios nacionales de periodismo más conocidos en el país resolvió dilatar la entrega de tales premios, correspondientes a los del año pasado, con tal de que el Presidente de la República causa y víctima de toda esta crisis no pudiera entregarlos. En fin, decidió darle unilateralmente tratamiento de paria, con la aquiescencia al parecer de la Compañía patrocinadora del concurso.

Con todos estos odios y pasiones; con semejantes amores y devociones, me pregunto y respetuosamente les pregunto a ustedes: Podrá la prensa colombiana salir indemne de cuanto ha significado su participación en este escándalo, libre de toda mancha y pecado, como protagonista y altavoz del mismo, antes que como confiable instrumento de comunicación? Ustedes dirán.

(Palabras leídas en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, seccional de Cartagena, el viernes pasado, en el foro titulado La prensa frente a la crisis , promovido por su rector, Augusto de Pombo Pareja).

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