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EL MÍNIMO, SUBIRLO POCO DA TRABAJO

EL MÍNIMO, SUBIRLO POCO DA TRABAJO

Dada la complementariedad que existe entre cambio tecnológico y capital humano, la adopción de nuevas tecnologías he estimulado en el mundo entero una mayor demanda de trabajo calificado en relación con el no calificado.

Colombia no ha sido exenta de esta tendencia mundial. En el país, además, la apertura económica ha reducido el precio de importar los bienes de capital y ha acelerado en los últimos años este fenómeno, favoreciendo la introducción de tecnologías más avanzadas que tienden a ser sesgadas en contra de la mano de obra no capacitada.

Estos cambios estructurales intervenidos en el mercado laboral se han visto reflejados en los indicadores de desempleo. El (cuadro 1) reporta las tasas de desempleo en Colombia, de acuerdo con el nivel educativo de la fuerza de trabajo, en diferentes años. Entre 1978 y 1993 la tasa de desempleo nacional subió de 5,5 a 7,1 por ciento.

Durante estos 15 años, los grupos con educación primaria completa y superior incompleta registraron una baja en su respectivo índice de desocupación. Por otro lado, los que tienen secundaria vieron crecer su desempleo mucho menos que el promedio. En cambio, las personas con poca o ninguna educación y las con título superior experimentaron un fuerte aumento en sus tasas de desempleo.

Trabajo para obreros Tradicionalmente, la menor tasa de desocupación la han registrado las personas sin educación. Sus condiciones económicas no les permiten quedar sin trabajo. Las otras más recientes, relativas a los siete principales centros urbanos del país, evidencian una situación radicalmente diferente y muy preocupante.

Actualmente las personas sin ninguna educación presentan tasas elevadas de desempleo (8,0 por ciento), superiores a las de los grupos con educación primaria (6,4 por ciento) y universitaria (6,1 por ciento), aunque inferiores de las de los grupos con nivel secundario (8,8 por ciento). En efecto, entre 1990 y 1994 las tasas de desempleo han bajado sensiblemente.

Sin embargo, para los niveles educativos más altos, la baja ha sido más consistente que para el nivel de primaria. Adicionalmente, la desocupación entre los individuos sin educación ha quedado prácticamente constante. Así que, la menor demanda relativa de trabajo no calificado se reflejó plenamente en los indicadores de desempleo según nivel educativo.

La evolución reciente de las tasas de desempleo debe ser tenida en cuenta para fijar el nuevo salario mínimo, por cuanto los trabajadores que van a recibirlo son los menos calificados, con menor educación y los que más necesitan un empleo.

Un incremento excesivo de la remuneración mínima aumentará el desempleo de la fuerza de trabajo no calificada: por un lado porque reducirá la demanda de mano de obra no calificada en relación con la calificada, sumándose a los efectos provocados por el cambio tecnológico, y por el otro porque tenderá a subir la oferta debido a la reducción de los incentivos para capacitarse.

En la actual coyuntura, entonces, la defensa de las posibilidades de trabajo de las personas de menor calificación, educación e ingreso sugiere prudencia al momento de fijar el incremento salarial para 1996.

Mejorar la demanda Hay quienes sostienen, por el contrario, la necesidad de un aumento consistente del salario mínimo, debido a que su poder de compra ha venido registrando una baja desde mediados de la década del 80.

Un examen del (Cuadro 2), que reporta la evolución reciente de las remuneraciones mínimas en otros países de América Latina, puede resultar ilustrativo a este respecto. Tomando como año de referencia 1985, solamente Chile y Paraguay muestran un comportamiento definitivamente mejor que el de Colombia en materia salarial; en Paraguay, sin embargo, el salario mínimo está perdiendo poder adquisitivo rápidamente desde 1989.

Costa Rica y Panamá logran mantener la remuneración mínima estable a lo largo de toda la última década. Empero, la mayoría de los países latinoamericanos presentan situaciones no muy envidiables.

En Argentina y Venezuela el salario real en 1994 era un 30 por ciento inferior a su valor de 1985. En Ecuador, El Salvador, México y Uruguay se había reducido a la mitad. Perú registra una evolución verdaderamente dramática: en 1994, el poder de compra de los salarios de los trabajadores menos calificados alcanzaban apenas un 26 por ciento del de 1985.

Estas cifras ciertamente destacan el manejo prudente, pero acertado, que se le ha dado en Colombia a la política de salario mínimo. Una experiencia que no debe desperdiciarse y que ha contribuido a que en septiembre de 1985 el índice del salario mínimo real superara el valor del mismo mes de 1991.

(*) Asesor del Ministerio de Trabajo. Las opiniones aquí expresadas son de carácter personal y no comprometen la entidad para la cual trabaja.

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