LA DE MIL, MONEDA MALDITA

LA DE MIL, MONEDA MALDITA

Para evitar las posibles estafas con las monedas de 1.000 pesos, a los tenderos, transportadores y vendedores ambulantes de varias ciudades colombianas les ha tocado ingeniarse la forma de sacarlas del mercado .

30 de agosto 2001 , 12:00 a.m.

Para evitar las posibles estafas con las monedas de 1.000 pesos, a los tenderos, transportadores y vendedores ambulantes de varias ciudades colombianas les ha tocado ingeniarse la forma de sacarlas del mercado .

Algunos se han encargado de regar el rumor de que el Banco de la República suspendió su circulación. Otros aseguran que escucharon sobre la llegada de cajas llenas de monedas falsas desde Bogotá. Bajo esos argumentos se niegan a recibirlas. Otros ni siquiera se toman la molestia de observarlas para ver si son legítimas o no y simplemente no las aceptan.

Esa es la situación que se registra por estos días en siete municipios de Córdoba, en cinco de Santander, en Popayán y en Pasto.

En efecto, en los municipios cordobeses de Puerto Libertador, Planeta Rica, Buenavista, Montelíbano, La Apartada, Ayapel y Pueblo Nuevo (pueblos de la subregión del San Jorge) no hay vendedor de patacón, de frutas, conductor de bus, de taxi, embolador, chancero o raspachín que acepte una moneda de estas.

La costumbre se hizo ley y la situación ha llegado a tales extremos que sucursales bancarias y los bancos agrarios de la región han tenido que devolver y cambiar remesas al Banco de la República en Montería, de hasta cinco millones, en monedas de mil, porque la gente no se las recibe ni siquiera a esas entidades.

Alfredo Benítez, un tendero del municipio de Buenavista, explicó que hacia el mes de diciembre se regó la versión de que un gran número de monedas falsas sería introducido al comercio.

El tendero dijo que desde entonces fue como si la de 1.000 fuera una "moneda maldita" porque "todo el mundo le cogió terror".

El gerente encargado del Banco de la República en Montería, Yesid Quintero, no se explica las razones por las que la gente del San Jorge no acepta las monedas. Según él, en abril pasado se detectó que estaban circulando monedas falsas no solo en esa región sino en todo el país, pero prácticamente fueron recogidas todas.

"Nosotros no hemos restringido la circulación de monedas. El rechazo ha sido una determinación que desconocíamos ,dijo.

Algo parecido se está padeciendo en Mogotes, Onzaga, San Joaquín, San Gil y Guadalupe, en Santander.

Pero a las sucursales del Banco de la República en otras ciudades les ha tocado ir más lejos. En Popayán sus funcionarios tuvieron que hacer una campaña tienda a tienda para convencer a la gente de recibir las monedas. Se estima que en la ciudad la circulación de estas se redujo en 40 por ciento, pues solo son aceptadas en almacenes de cadena como el Ley, Olímpica, y las entidades bancarias.

En la capital caucana, la Policía realiza fuertes operativos para decomisar las monedas falsas provenientes de otras ciudades.

En Nariño, los investigadores del Das se dedicaron a dar con la red de falsificadores. El organismo logró logró decomisar cargamentos de la moneda que llegaban a los terminales de Pasto e Ipiales, desde donde se distribuían a diferentes sitios. Las cajas repletas de unidades falsas eran enviadas desde Bogotá e Ibagué, principalmente.

Del pánico que provocó ese hecho todavía no se repone la gente de Nariño que desde hace más de un año sacó las monedas de circulación.

SEGUIRAN CIRCULANDO.

Aunque el Banco de la República reconoce los inconvenientes que se han registrado por las falsificaciones a las monedas de 1.000 pesos y anunció que en diciembre próximo circulará el billete de la misma nominación, la entidad no sacará los 90 millones de piezas de circulación.

Rocío Sánchez, subgerente Industrial del Banco de la República, dice que el fenómeno que se registra con estas monedas no es nuevo y, por el contrario, se presenta siempre que salen con nuevas nominaciones.

La moneda no la vamos a sacar porque existen muchas transacciones que tienen que seguir haciéndose, particularmente, en teléfonos públicos y en máquinas dispensadoras de alimentos y bebidas que las aceptan y reconocen las auténticas .

Según Sánchez, aunque las autoridades son ahora más activas parta detectar las redes, el problema es que los falsificadores han logrado imitarla con un grado de detalle bastante bueno , por lo que es fácil engañar a la gente.

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