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EL ADIÓS PARA LOUIS MALLE

EL ADIÓS PARA LOUIS MALLE

Con brío y elegancia, desde que codirigiese El mundo del silencio junto al comandante Cousteau en 1956, Louis Malle forjó una de las obras más sólidas del cine moderno francés y tuvo también el privilegio de plasmar su peculiar sensibilidad desde Hollywood. El sexto miembro más representativo de la Nueva Ola después de Godard, Truffaut, Chabrol, Rohmer y Resnais; un artista íntegro que no obstante haber desatado innumerables controversias jamás realizó una película mediocre.

Ascensor para el cadalso, su primera representación escénica, un auténtico misterio policíaco en donde Jeanne Moreau recorría a París de noche en una búsqueda frenética del amante maldito que se encontraba atrapado en un ascensor después de haber asesinado a su rival. Los amantes, sofisticada lección de erotismo, generó un escándalo a nivel mundial pero sin pasar por alto el malestar vivido dentro de los círculos de la alta sociedad. Fuego fatuo (1963), impecablemente personificado por Maurice Ronet, causó zozobra por doquier al justificar el suicidio de su desilusionado protagonista.

El tema descarnado del incesto maternal Soplo al corazón no logró apaciguar las audacias de Brigitte Bardot en Vida privada ni los testimonios juveniles sobre el amor libre en Plaza de la república. Con Lacombe, Lucien (1974), Malle hirió no pocas susceptibilidades patrióticas cuando expuso el drama personal atravesado por un joven campesino hundido en las contradicciones o ambigedades históricas que lo hicieron presa fácil del colaboracionismo durante los siniestros años de la ocupación nazi.

Atacado simultáneamente por sectores derechistas e intelectuales de izquierda quienes nunca le perdonaron haber filmado Calcutta en 1968, el buen Malle viajó a Los Angeles para descubrir los encantos fotogénicos de Brookes Shields en Niña bonita y trastornar a los académicos con una maestra gangsteril de corte nostálgico: Atlantic City. Cómo olvidar a Susan Sarandon lavando las ostras con limón o al turbulento Burt Lancaster en uso de buen retiro? Adiós a los niños significó su regreso temporal a Francia y una oda inolvidable a los recuerdos primerizos de quienes sufrieron persecución racial por sus orígenes judíos y fueron encubiertos por sacerdotes jesuitas. Locuras de una primavera (1990), o Milou en mayo, recurre al trasfondo cultural del agitado 1968 para escenificar los cambios en el interior de una tradicional familia de provincia. Cuándo veremos en Colombia el canto del cisne titulado Tío Vania en Nueva York?

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