LA VENDETTA DE E.U.

LA VENDETTA DE E.U.

En los once días que precedieron a su visita formal a París, el presidente de Colombia, Ernesto Samper Pizano, recibió 17 amenazas de muerte, cifra que hizo de él en julio de 1996 el jefe de Estado más amenazado del mundo.

18 de agosto 1996 , 12:00 a. m.

La razón de tales amenazas? El 20 de julio Samper inauguró oficialmente las nuevas sesiones del Congreso Nacional de Colombia, sometiéndole la propuesta de lo que sería, en Colombia, un conjunto legislativo radical. Es el borrador de una nueva legislación que les facilitaría muchísimo a las autoridades legítimas de Colombia desmantelar la red de compañías de fachada de Panamá y las Islas Cayman, con las que los más prominentes narcotraficantes de estos países pretenden ocultar sus propiedades, para poder embargar los activos de los delincuentes convictos y para evitar que éstos sigan utilizando la táctica a que por lo común apelan para evitar que se embarguen sus bienes, poniéndolos a nombre de sus hijos.

Al propio tiempo, Samper ha comprometido el grueso del Ejército de Colombia en una campaña de ocho meses bautizada Operación Conquista . Su objetivo es erradicar 25.000 hectáreas plantadas con coca, materia prima de la cocaína, en las sofocantes selvas de la cuenca amazónica colombiana. Ambas cosas, la nueva legislación y la erradicación de las plantaciones colombianas de coca, son acciones que la administración Clinton ha venido reclamando durante meses.

Y cómo le expresó su gratitud el gobierno de los Estados Unidos a Samper? Anunciando que cancelaría las visas a más de dos docenas de colombianos, sanción que el Departamento de Estado ya había impuesto a Samper mismo. Varios de esos colombianos que no visitarán a Disneylandia este año son miembros del Congreso colombiano cuyos votos necesita Samper desesperadamente para lograr que la legislación que tanto piden los Estados Unidos sea aprobada por esa corporación.

Malas relaciones El hecho infortunado es que las relaciones entre los Estados Unidos y Colombia, relaciones que son de vital importancia para suprimir el tráfico internacional de drogas, son más malas hoy que nunca antes desde la segunda guerra mundial. O, como me dijo irónicamente un colombiano la semana pasada, desde que Teddy Roosevelt resolvió fomentar una revolución en la provincia colombiana de Panamá, para poder construir su vía interoceánica. Para los partidarios de Samper, la tan solicitada guerra contra las drogas se ha convertido en una vendetta política contra su presidente.

Cómo llegaron las cosas a situación tan crítica? El Departamento de Estado, en persona de su comisionado Bob Gelbard, ha acusado oficialmente a Samper de conocer y aceptar deliberadamente contribuciones para su última campaña presidencial procedentes de los cabecillas del cartel de Cali. Como prueba, el Departamento de Estado cita conversaciones telefónicas interceptadas entre los jefes caleños y algunos de los subalternos de Samper, así como el testimonio de dos de los ex dirigentes de su campaña presidencial, Santiago Medina y Fernando Botero.

Samper niega iracundo las acusaciones formuladas contra él, aunque ahora reconoce que el dinero de los narcotraficantes en verdad infiltró las arcas presidenciales a nivel regional . Le insistió a VSD la semana pasada que esas contribuciones se hicieron sin su conocimiento ni aprobación.

El presidente colombiano refuta las acusaciones contra él con una sencilla pregunta. Dónde están dice él esos dirigentes del cartel de Cali que se supone contribuyeron tan generosamente a mi campaña? .

Están, con una excepción, en la cárcel, conducidos allí el verano último por la policía colombiana de Samper, con la colaboración de la administración de los Estados Unidos para la represión de la droga (DEA) y gracias a algunas técnicas sorprendentes de espionaje electrónico desarrolladas por la CIA. Tal señala sería una forma bastante ingrata de recompensar la pretendida benevolencia electoral de los barones.

Más aún, Samper reveló a VSD que su propia investigación ha precisado ahora que la cuenta bancaria en Nueva York de su principal acusador, Fernando Botero, ascendió vertiginosamente de 70.000 a 5 000.000 de dólares, durante la semana en que, presumiblemente, los amos caleños de la droga hicieron sus contribuciones a la campaña. Simultáneamente, su segundo acusador principal, Santiago Medina, verificó compras sustanciales en finca raíz.

Esa declaró Samper es una explicación que permite presumir a dónde fueron a parar los dineros de la droga. Ellos los estaban utilizando para su provecho personal .

Vísperas electorales Samper, sin embargo, vislumbra otra explicación detrás de las acusaciones de los Estados Unidos contra él: la inminente campaña electoral por la presidencia y la figura del senador Jesse Helms, de Carolina del Norte, el mismo caballero cuyo nombre va unido a la ley Helms-Burton, que tanto ha disgustado a los dirigentes de la Comunidad Europea. (Helms, a propósito, invitó a los dirigentes de la comunidad euroanglosajona a un espléndido almuerzo, a comienzos de este año, en el curso del cual los exhortó a que incrementaran sus compras de cigarrillos estadounidenses, que se fabrican con el tabaco de su natal Carolina del Norte. Los cigarrillos, observan de inmediato los colombianos, responden por un número mayor de muertes, cada año, que la cocaína que se saca de contrabando de su país.) En verdad, la tan pregonada guerra estadounidense contra las drogas permaneció latente durante los primeros dos años de la administración Clinton, proseguida con el mismo vigor con que el ejército francés se instaló cómodamente en la Línea Maginot, durante el invierno de 1939-40. Clinton, me dijo un antiguo funcionario de la Asociación Pro Estados Unidos Libres de Drogas, ni siquiera quería oír la palabra drogas. Le parecía que le podía recordar al electorado su grotesca declaración de que había fumado marihuana, pero sin aspirarla. El Congreso al mismo tiempo le recortaba fondos a la represión de la droga, así como a lo relacionado con educación y rehabilitación.

Ahora, con una elección en ciernes y con encuestas de opinión que señalan que las drogas son una de las dos principales preocupaciones de los estadounidenses, todo eso está cambiando. La agenda electoral es la única a la que la gente de Washington le presta atención , asevera Samper. El senador Helms sostiene que tenemos a generales involucrados en el narcotráfico. Que tenemos a congresistas en el narcotráfico. Entonces dice que somos una narcodemocracia, y la administración, por su parte, tiene que demostrar que nos está castigando .

Para respaldar su afirmación, Samper observa que la acusación por desviación de narcodineros hacia su campaña se la hizo por primera vez Gelbard, del Departamento de Estado, en noviembre de 1993, en el curso de la campaña. Le contesté, muy bien, déme pruebas y actúo , dice Samper. Con todo según él, Estados Unidos nunca le suministró pruebas, y no volvió a referirse públicamente al asunto durante año y medio.

Las relaciones de Samper con los Estados Unidos se agriaron al descubrirse que su oficina privada había sido infiltrada con un micrófono oculto en el espaldar del sillón de su escritorio. Una investigación determinó según Samper que el micrófono había sido colocado allí por altos funcionarios colombianos de Policía que trabajaban mancomunadamente con agencias del gobierno estadounidense .

Cuando, por fin, la Cámara del Congreso colombiano exoneró a Samper de cargos contra él en mayo, la colérica reacción del Departamento de Estado fue denunciar la decisión con base en que Samper tenía a los congresistas entre el bolsillo, y revelar que, en consecuencia, se le negaba la visa para viajar a los Estados Unidos.

Como Kurt Waldheim Para Samper y algunos de sus seguidores, las acciones de los Estados Unidos conforman un patrón de arrogante comportamiento por parte de la última superpotencia que queda en el mundo, acciones que también se reflejan en la campaña de los Estados Unidos contra la reelección del Secretario General de la ONU, Boutros Boutros Ghali, en el esfuerzo para imponer las elecciones de septiembre en Bosnia, a pesar de las reservas europeas, en el proyecto de la ley Helms-Burton, y en la inminente ley que ordena sanciones de Estados Unidos contra compañías que negocien con Irán, Libia y Siria. Tal legislación, atacada en la reciente conferencia del G-7 sobre terrorismo, por el canciller Hervé de Charette, podría resultar particularmente explosiva para Total, que proyecta explorar un nuevo yacimiento petrolífero para el gobierno iraní.

La visita parisina de Samper fue el primer gesto en un esfuerzo del mandatario colombiano para liberarse de la cuarentena diplomática en que Estados Unidos ha tratado de confinarlo. La proseguirá con visitas a otras capitales del mundo, señalando que, a la vez, el Programa de las Naciones Unidas para el Control de las Drogas, en Viena, así como la Comunidad Europea, criticaron severamente la decisión de la administración Clinton de descertificar a Colombia por no cooperar del todo en la lucha contra las drogas.

Combatir el tráfico internacional de drogas observa Samper no es exactamente oficio de naciones como Colombia, Perú, Birmania y Afganistán, donde se cultivan las plantas de las que se extraen las drogas. También es responsabilidad de las naciones que permiten que las drogas atraviesen sus fronteras, y que ávidamente se quedan con los dineros que obtienen y, sobre todo, lo es por parte de aquellas naciones que las consumen para crear así la demanda por adicción. La mitad de las drogas que se consumen en el globo señala él con presteza se adquieren en los Estados Unidos.

He hecho más por ayudar en la guerra contra las drogas que cualquier presidente en quince años , asegura. Metí a la cárcel a los dirigentes de Cali. Quieren que los extradite a los Estados Unidos, pero saben que no puedo hacerlo sin violar la constitución de mi país. Voy a erradicar miles de hectáreas de plantaciones de coca, con un gran costo económico y social para Colombia. Y cómo me recompensan? Me ponen en la misma categoría de Kurt Waldheim .

(Traducción de LUIS E. GUARIN G.)

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